Los hábitos que tienes que empezar ya si quieres sacar tu mejor yo en 2026
Si esperamos al 1 de enero para cambiarlo todo, casi siempre terminamos abandonando a los pocos días
Marina J. Ramos | Mallorca, 12 de Diciembre de 2025 | 08:57h

Hay una idea que se repite cada diciembre: el deseo de empezar el año que viene desde cero, aprovechar el calendario de hojas en blanco para sacar -esta vez sí- tu mejor yo, una versión de ti más organizada, más sana, más equilibrada. Pero la realidad es que, si esperamos al 1 de enero para cambiarlo todo, casi siempre terminamos abandonando a los pocos días. No es falta de voluntad, es más cuestión de estrategia: si de repente tratamos cambiar todos los cimientos de nuestra vida de golpe, tendemos a abrumarnos y agobiarnos, y esa ansiedad y malestar nos lleva, precisamente, a tirarlo todo por la borda. Los expertos en psicología y bienestar llevan tiempo avisando: los hábitos que funcionan no se improvisan, se entrenan. Así que si quieres arrancar 2026 con fuerza, la preparación empieza ahora, no cuando acaben de sonar las campanadas.
La evidencia es contundente. Según psicólogos, el error más común es plantear objetivos gigantescos sin haber construido antes pequeñas rutinas que sostengan el cambio. Por eso, la clave no está en redactar un listado eterno de propósitos, sino en anclar microhábitos realistas que te acerquen poco a poco a esa vida que quieres crear, más estable, más sana, con equilibrio y toques de alegría.
1. UNA BUENA HIGIENE DEL SUEÑO
El primero -y el que más recomiendan los expertos- es asegurar una buena higiene del sueño. No es un capricho: dormir bien regula el estado de ánimo, mejora la toma de decisiones y reduce los impulsos, desde el picoteo emocional hasta la procrastinación. No podemos cundir ni tener la energía necesaria (y estabilidad mental) para cambiar y emprender lo que queremos hacer si estamos cansados. Los especialistas hablan de algo tan simple como marcar una hora fija para irte a la cama, alejarnos de las pantallas una hora antes y dormir en un entorno mínimamente cuidado: fresco, silencioso y sin luces. No es glamuroso, pero funciona.
2. EJERCICIO FÍSICO ADAPTADO
Otro hábito que los estudios respaldan sin discusión es mover el cuerpo de forma regular. No hace falta convertirse en deportista de élite, ni mucho menos. Basta con 20-30 minutos diarios de actividad suave o moderada. Y si no estás en tu mejor estado de forma no es excusa. Se trata de empezar y ser consistente. El ejercicio, al prioncipio, se puede adaptar a tus gustos y tu estado físico, por lo que puedes incluir en la rutina diaria al principio pequeños gestos como salir a caminar y subir escaleras, hasta llevar a cabo una rutina de ejercicios en el gimnasio. Los informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) colocan este gesto como uno de los mayores factores protectores contra la ansiedad, el estrés y la tristeza estacional, esa que a muchos nos invade en diciembre. ¿Quién no ha sentido ese chute de energía y poderío al acabar de hacer deporte?
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3. BUENA ALIMENTACIÓN, LA GASOLINA NECESARIA
La alimentación también juega un papel más importante del que solemos admitir. No hablamos de dietas milagro ni de restricciones, sino de volver a lo básico: comidas regulares (establecer las horas del desayuno, las meriendas -de mañana y de tarde-, de la comida y la cena), incluir verduras en cada plato y organizarse un menú semanal con lo que vamos a comer, basado en recetas saludables que incluyan todo lo necesario (si te notas falto de conocimiento en este sentido es tan fácil como preguntar a ChatGPT o consultar en internet). Los nutricionistas insisten en que, cuando regularizamos horarios y añadimos alimentos saciantes y nutritivos, la ansiedad baja. Y, con ella, los impulsos que nos desorganizan por completo (ese comer ansioso entre horas).
4. JOURNALING
A esto se suma un hábito que, cada vez más, recomiendan los psicólogos: el journaling. Escribir cinco minutos al día -sí, literalmente cinco- puede convertirse en una herramienta potentísima para ordenar la mente. El hábito es simple: coger un cuaderno en blanco y utilizarlo para escribir cosas por las que estás agradecido y reflexionar sobre tu situación y cómo has actuado en el día a día. Además, también puedes usarlo de agenda y organizar así tus tareas del día a día para recuperar el control y alejarte de ese sentimiento de tener la vida patas arriba. Este simple hábito de la libreta te permitirá observarte desde la distancia y poner orden al caos mental. Si quieres más información de este tema puedes consultar lo que propone Ryder Carrol, autor del método "BuJo".
5. AMIGOS Y TOQUES DE ALEGRÍA
Por último, los expertos en bienestar emocional insisten en algo que solemos pasar por alto: la vida social. En una época del año donde abundan las presiones, los compromisos y las comparaciones silenciosas, rodearse de personas que suman -aunque sean dos, no cincuenta- es una manera de protegernos de la sensación de aislamiento que tantos arrastran en diciembre. No hablamos de ser sociable todo el día, sino de cultivar dos o tres relaciones que te hagan bien. Mandar un mensaje, quedar para un café o llamar a alguien que te importa. Centrarse en uno mismo y olvidarse del resto es un error que nos condena a la soledad y el aburrimiento. La evidencia es clara: las personas con vínculos sólidos afrontan mejor el estrés, recuperan antes su motivación y llegan al nuevo año con más sensación de apoyo y menos carga mental. Además, es importante disfrutar del proceso, por lo que es igual de importante asegurarse ese chute de dopamina que te motive a seguir a base de cafés con amigo o planes contigo mismo que te hagan ilusión cada día, aunque sean tan pequeños como leer en una cafetería, organizar una cena en casa o dedicarle tiempo a algo que te relaje y te evada.
NO OLVIDAR: PACIENCIA Y EMPATÍA
En medio de este proceso de cambio no olvides tampoco revisar cómo te hablas a ti mismo. No se trata de ser Mister Wonderful. Esto también es cuestión de estrategia. Si percibes a ti mismo de la forma más negativa posible ("soy un desastre", "no sirvo para nada", "voy a fracasar") lo único que conseguirás será desmotivarte y darte inconscientemente argumentos para abandonar el cambio de hábitos. Lo mejor, tanto para tu salud mental como para el propio proceso, es hablarse a partir de ahora con empatía. Puede que hayas cometido errores en el pasado, y que los cometas en un futuro, pero hay que aceptarlos con calma. Lo mejor es aprender del pasado y que casi todo tiene solución si pasamos a la acción.
Y recuerda: paciencia. La clave no está en reinventarse en enero, sino en llegar a ese momento algo más centrado, más conectado contigo y con una mínima estructura. Hábitos pequeños, sí. Pero cuando se encadenan, hacen que el año no empiece con cuesta arriba, sino con el terreno un poco más llano. Y eso ya es un avance enorme.








