Bajón emocional de diciembre: por qué pasa y cómo romper el ciclo

La explicación científica de por qué acabas el año siempre triste y desmotivado

Marina J. Ramos | Mallorca, 11 de Diciembre de 2025 | 08:43h

Se repite cada diciembre. Llega el frío, los calendarios se acaban y, de repente, esa sensación que llevabas semanas intentando esquivar aparece sin pedir permiso: tristeza, cansancio, desmotivación. El final de año te pesa demasiado. Y lo más curioso es que no te pasa solo a ti. Psicólogos y especialistas en bienestar llevan tiempo advirtiendo de que el bajón de diciembre es un fenómeno común, casi estacional, y tiene más explicación científica de la que parece.

Para empezar, el cuerpo arrastra meses de carga emocional y estrés acumulado. La psicóloga clínica Marisa Navarro lo resume así en varios medios especializados: el cerebro pasa todo el año “en modo supervivencia” y, cuando llega la pausa de Navidad, afloja. Ese cambio brusco, lejos de relajarnos, puede dejarnos sin gasolina. De repente notamos lo que llevábamos meses empujando.

A eso se suma que diciembre es un mes de balances. Y los balances, por muy bien que te hayan ido las cosas, siempre son peligrosos. Revisar expectativas no cumplidas activa la misma zona cerebral que gestiona las pérdidas. Es decir: aunque no haya pasado nada malo, tu cerebro interpreta el cierre del año como un pequeño duelo. Un duelo por lo que no ha sido, por lo que dejaste a medias o por lo que imaginaste y no terminó de cuajar.

El contexto tampoco ayuda. Hay menos horas de luz y, con ello, menos serotonina. La propia OMS recuerda que la reducción de exposición solar está directamente relacionada con el aumento de la apatía y variaciones del estado de ánimo. Y eso, en plena temporada de celebraciones obligatorias, puede ser una mezcla explosiva: te sientes triste justo cuando el mundo entero parece exigir alegría.

Pero hay un factor del que se habla poco: las expectativas sociales. Diciembre es el mes del “¿y tú qué tal?” y del “¿cómo ha ido el año?”. Esa mirada externa, incluso cuando viene de buena intención, nos empuja a evaluarnos con una lupa irreal. Y si vienes cansado, la lupa engrandece el desgaste.

LA PERSPECTIVA SE PUEDE CAMBIAR

La buena noticia es que se puede cambiar la narrativa de final de año. Los especialistas recomiendan algo que parece simple pero funciona: suavizar el cierre. No convertir diciembre en un examen final. Evitar listas interminables de logros pendientes y enfocarse en lo que sí se ha sostenido. En lo que no se ha caído. En lo que, pese a todo, ha seguido en pie.

Otra herramienta eficaz es planificar descanso real. No el descanso de “estar de fiesta y compromisos”, sino parar, bajar revoluciones y permitir que el sistema nervioso recupere su ritmo. Pequeños gestos como salir a caminar al sol, retomar rutinas suaves (no machacarse con rutinas "perfectas" para acabar el año que nos acaban estresando más), reducir ruido externo y priorizar sueño pueden amortiguar el impacto del bajón.

Y, sobre todo, cambiar la pregunta. En lugar de “¿qué no he conseguido este año?”, plantear “¿qué quiero cuidar en el próximo?”. Esta mirada más amable reorienta el cerebro hacia futuro y no hacia pérdida. No se trata de negar la tristeza -que es normal-, sino de entenderla como un cierre natural, no como una sentencia.

Quizá no puedas evitar que diciembre sea un mes intenso. Pero sí puedes decidir cómo transitarlo. Con menos exigencia, más verdad y un poco más de luz propia. A veces, eso es suficiente para que el final de un año deje de doler y empiece, al menos, a respirar distinto. Puede que no haya sido el año que imaginabas. La cosa es aceptarlo y aprender de él. La buena noticia: tenemos otra oportunidad, empieza un año con todas las páginas en blanco que aún podemos escribir como queramos.

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Comentarios

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  • Carlos - Mallorca, 12 de Diciembre de 2025 | 03:36h
    Explicármelo a mi de como salir del bajón si hace 10 días perdí de forma muy trágica a mi hija?
    Responder
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