La pesadilla de Cristina: una operación de 15.000 euros en Palma termina con la pérdida de un pezón
Una intervención que iba a mejorarle la vida ha terminado en complicaciones respiratorias y una recuperación marcada por el dolor
Penélope O. Álvarez | Mallorca, 09 de Diciembre de 2025 | 13:24h

Una operación que se suponía que iba a ser la solución a sus dolores de cabeza se ha convertido para Cristina en una pesadilla que aún no ha terminado y que le ha dejado sin un pezón e igual o peor de como entró a quirófano.
Después de ganar 30 kilos durante su embarazo y de muchos intentos fallidos para bajar de peso, decidió contratar los servicios de una clínica estética muy conocida en Palma para corregir una diástasis abdominal, una hernia umbilical y la caída del pecho, con el objetivo de verse y sentirse mejor. La clínica le ofreció una cirugía financiada con un coste de 15.000 euros que incluía abdominoplastia, liposucción y mastopexia con prótesis. "Me dijeron que se me quedaría el vientre plano", lamenta la mallorquina.
UN PROCESO QUIRÚRGICO QUE PROMETÍA DEVOLVERLE SU CUERPO
El 29 de julio de 2025, Cristina entró en quirófano con una mezcla de ilusión y temor. Durante la intervención surgió la primera complicación: el pezón izquierdo había perdido riego sanguíneo y se le había aplicado un injerto. En los informes de la clínica, a los que ha tenido acceso Crónica Balear, no se recoge ninguna otra incidencia durante la operación.
Al llegar a casa, Cristina empezó a encontrarse mal y sentía cómo un dolor se extendía por el brazo y la pierna izquierda. Ante esta situación, asegura que llamó a la clínica y que le dijeron que “era ansiedad”, además de que no acudiera al hospital donde la habían operado porque el traslado en ambulancia “no estaba cubierto”. Su hermana decidió llamar al 061, que la trasladó de urgencia a Son Espases. “Cuando vino la ambulancia estaba lila”, asegura Cristina.
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Una vez en el hospital, los informes médicos confirmaron que había sufrido una broncoaspiración —la entrada de contenido gástrico en los pulmones, que derivó en una neumonía—; atelectasias, zonas del pulmón que se colapsan y dejan de funcionar temporalmente; e insuficiencia respiratoria, un estado en el que la paciente no podía oxigenarse adecuadamente. “Me hicieron pruebas de todo mientras yo estaba en coma. Cuando despierto, es día 1 de agosto y me empiezan a explicar todo lo que había pasado”, explica. Durante ese periodo recibió oxigenoterapia de alto flujo, antibióticos y seguimiento estrecho, y desarrolló una colestasis, una alteración hepática relacionada con el estrés fisiológico y la medicación.
Tras su salida del hospital, regresó a la clínica para continuar las revisiones. Los informes señalaban que el pezón izquierdo no evolucionaba y presentaba signos de necrosis, y que la herida abdominal tenía zonas abiertas. “Se me empiezan a abrir las heridas y a necrosar. Al principio el doctor no lo vio grave y me puso Betadine”, explica Cristina. A finales de septiembre, un médico de urgencias constató una herida quirúrgica no cicatrizante y signos de infección.
"PAGUÉ POR UNA CIRUGÍA QUE NO SE VE"
En octubre, un informe dejó constancia de la pérdida total del pezón izquierdo por necrosis y de una cavitación abdominal profunda, un hueco bajo la piel que impedía la cicatrización. "Estuve yendo durante dos meses a que me quitaran la carne necrosada", recuerda Cristina, que no ha podido trabajar durante este tiempo y finalmente ha perdido su empleo.
“Para reconstruirlo tengo que volver a pasar por cirugía, además de las cicatrices que me han quedado”, expresa decepcionada. Lo que debía ser una mejora estética se ha convertido en una batalla diaria: "Yo les digo que no veo resultados. El antes y el después no se ve".
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Tras meses de una recuperación dolorosa y, según afirma, tras recibir largas por parte de la clínica, asegura que le han comunicado que solo contemplarán una reintervención si pierde 20 kilos antes de febrero, fecha en la que expira el año de cobertura. También afirma que le atribuyeron algunas complicaciones al hecho de haber fumado antes de la operación: “Llevo fumando veinte años, me he hecho otras operaciones y nunca me había pasado algo así".
En paralelo, Cristina ha decidido exponer su caso públicamente a través de reseñas en Google de la clínica y sus redes sociales: "Hice un directo de TikTok contando mi experiencia y he conocido a varias chicas que han pasado por sus manos y les ha pasado cosas similares". También ha presentado una reclamación formal ante Consumo, en la que solicita la devolución del dinero y la cancelación del préstamo. A la espera de que su reclamación avance, Cristina lamenta todo lo ocurrido y asegura que cuenta su historia porque “no quiere que le pase a ninguna otra mujer”.









