Por qué tu cerebro te hace repetir siempre los mismos errores (y cómo romper el patrón)
La neurociencia lo explica: los responsables son el sistema dopaminérgico y los sesgos cognitivos
Marina J. Ramos | Mallorca, 08 de Diciembre de 2025 | 08:32h

A veces da igual cuántas veces prometamos que “esta será la última”. Que no volveremos a caer en el mismo tipo de relación, en la misma discusión absurda o en ese hábito que sabemos que nos sabotea. Y aun así, ahí estamos: repitiendo el patrón como si alguien hubiese dejado el piloto automático encendido. La ciencia lleva años estudiando por qué, incluso con toda la información delante, nuestro cerebro insiste en llevarnos por el mismo camino.
La respuesta es menos dramática de lo que parece, pero más profunda: el cerebro está diseñado para ahorrar energía, no para hacernos mejores personas. Y para lograr ese “modo ahorro”, tira de hábitos, incluso cuando esos hábitos nos perjudican. La neurociencia lo explica a través del concepto de circuitos de recompensa: cada vez que repetimos una conducta, aunque sea mala para nosotros, el cerebro registra ese acto como un camino conocido y, por tanto, seguro. Una estrategia primitiva de supervivencia que, en pleno siglo XXI, nos juega malas pasadas.
Según expertos, la clave está en cómo funciona el sistema dopaminérgico. La dopamina, la molécula que nos impulsa a buscar placer o alivio inmediato, se dispara cuando ejecutamos conductas que ya conocemos. Por eso cuesta tanto cortar con algo que nos da calma rápida, aunque después venga el arrepentimiento. El cerebro prefiere lo familiar a lo correcto.
A esto se suma otro enemigo silencioso: los sesgos cognitivos. Uno de los más frecuentes es el sesgo de confirmación, esa tendencia a buscar pruebas que respalden lo que ya creemos, aunque la evidencia diga lo contrario. Si pensamos que “yo siempre fallo en esto”, el cerebro se encargará, casi sin querer, de demostrar que teníamos razón.
La buena noticia es que romper estos patrones no solo es posible, sino que es un proceso entrenable. Los psicólogos insisten en que el primer paso es hacer consciente el automatismo: ponerle nombre, observar cuándo aparece y qué emoción lo dispara. A veces es estrés, otras miedo, y muchas veces pura inercia. La segunda clave es reemplazar el hábito por otro que genere una recompensa distinta. No basta con eliminar la conducta: hay que construir un camino nuevo.
Los especialistas también recomiendan introducir algo tan simple como una pausa de diez segundos antes de reaccionar. Ese microtiempo frena la respuesta automática del cerebro y permite que la corteza prefrontal -la zona encargada de las decisiones racionales- entre en juego. Un pequeño gesto que, repetido, puede reconfigurar un patrón completo.
Y luego está lo más humano de todo: la paciencia. Nada se reprograma de un día para otro. Pero entender que repetir errores no es un fracaso moral sino una tendencia biológica puede ser el primer alivio. A partir de ahí, la ciencia deja claro que los patrones están para romperse… y que el cerebro, cuando se le entrena, aprende rápido, ya sea a no utilizar tanto el móvil, no comer de forma compulsiva, dejar de fumar o proponerse hacer deporte. Puede que sea complicado, pero es tarea posible.
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