Detectan por primera vez actividad eléctrica en la atmósfera de Marte

Esta actividad podría dificultar la búsqueda de vida pasada en el planeta e influir en las misiones de exploración

EFE | Mallorca, 26 de Noviembre de 2025 | 20:52h

NASA

En la atmósfera de Marte se producen descargas eléctricas, aunque son muy diferentes de los relámpagos en la Tierra. Una actividad eléctrica que podría dificultar la búsqueda de vida pasada en el planeta e influir en las misiones de exploración.

Un equipo de investigadores con participación española publica en Nature un estudio basado en sonidos de la atmósfera recogidos por el rover Perseverance de la NASA durante dos años marcianos.

La actividad eléctrica no solo se produce en la Tierra, sino también en planetas como Saturno y Júpiter, pero hasta ahora no se había demostrado de forma directa en Marte, aunque se había teorizado sobre ella.

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Esa actividad eléctrica se ha detectado en forma de descargas triboeléctricas, una especie de “chispazos microscópicos”, similares a las pequeñas descargas que sentimos cuando nos tocamos el pelo y una puerta metálica, explica el investigador Germán Martínez, del Centro de Astrobiología (CAB).

Martínez, uno de los firmantes de la investigación, señala que no se pueden comparar con los rayos que se producen en la Tierra, que son “unos 200 millones de veces más energéticos que las chispas que hemos detectado en Marte”, y dice que la más grande sería como la que sirve para encender un coche.

Marte es un planeta muy polvoriento y se caracteriza por sus tormentas de viento y remolinos de polvo, que están en la base de esas descargas eléctricas.

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Cuando el viento levanta las partículas de polvo, estas friccionan entre sí, lo que crea un campo eléctrico lo suficientemente potente para llegar al llamado umbral de ruptura, que es lo que crea el efecto triboeléctrico, indica Martínez.

Marte, con su tenue atmósfera de dióxido de carbono es un mundo frío, seco y polvoriento, en donde el viento es a veces muy intenso, sopla en ráfagas, y organiza torbellinos y burbujas ascendentes de polvo, y puede formar frentes de centenares de kilómetros de tormentas gigantescas, recuerda el investigador de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) Agustín Sánchez Lavega.

“Así que esperamos que las hasta ahora elusivas descargas eléctricas sean muy abundantes cuando se dan estas condiciones ambientales”, añade Sánchez, también firmante de la investigación, en un comunicado de su universidad.

El equipo identificó 55 chispazos de este tipo, casi todos asociados a remolinos de viento o a condiciones atmosféricas donde había frentes de polvo moviéndose.

En la atmósfera de Marte se producen descargas eléctricas, aunque son muy diferentes de los relámpagos en la Tierra. Una actividad eléctrica que podría dificultar la búsqueda de vida pasada en el planeta e influir en las misiones de exploración.

Un equipo de investigadores con participación española publica en Nature un estudio basado en sonidos de la atmósfera recogidos por el rover Perseverance de la NASA durante dos años marcianos.

La actividad eléctrica no solo se produce en la Tierra, sino también en planetas como Saturno y Júpiter, pero hasta ahora no se había demostrado de forma directa en Marte, aunque se había teorizado sobre ella.

Esa actividad eléctrica se ha detectado en forma de descargas triboeléctricas, una especie de “chispazos microscópicos”, similares a las pequeñas descargas que sentimos cuando nos tocamos el pelo y una puerta metálica, explica el investigador Germán Martínez, del Centro de Astrobiología (CAB).

Martínez, uno de los firmantes de la investigación, señala que no se pueden comparar con los rayos que se producen en la Tierra, que son “unos 200 millones de veces más energéticos que las chispas que hemos detectado en Marte”, y dice que la más grande sería como la que sirve para encender un coche.

Marte es un planeta muy polvoriento y se caracteriza por sus tormentas de viento y remolinos de polvo, que están en la base de esas descargas eléctricas.

Cuando el viento levanta las partículas de polvo, estas friccionan entre sí, lo que crea un campo eléctrico lo suficientemente potente para llegar al llamado umbral de ruptura, que es lo que crea el efecto triboeléctrico, indica Martínez.

Marte, con su tenue atmósfera de dióxido de carbono es un mundo frío, seco y polvoriento, en donde el viento es a veces muy intenso, sopla en ráfagas, y organiza torbellinos y burbujas ascendentes de polvo, y puede formar frentes de centenares de kilómetros de tormentas gigantescas, recuerda el investigador de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) Agustín Sánchez Lavega.

“Así que esperamos que las hasta ahora elusivas descargas eléctricas sean muy abundantes cuando se dan estas condiciones ambientales”, añade Sánchez, también firmante de la investigación, en un comunicado de su universidad.

El equipo identificó 55 chispazos de este tipo, casi todos asociados a remolinos de viento o a condiciones atmosféricas donde había frentes de polvo moviéndose.

El descubrimiento de este fenómeno tiene diversas implicaciones, entre las que Martínez destaca que los campos eléctricos crean percloratos, los cuales degradan la moléculas orgánicas, lo que dificulta la actual búsqueda de evidencias de vida pasada en el planeta.

“Si estamos buscando biofirmas, tenemos que tener en mente que es posible que hayan desaparecido o se hayan degradado. Este fenómeno es importante para entender la falta, quizás, de esas señales de vida” en Marte.

Además, la existencia de esas descargas eléctricas debe tenerse en cuenta al llevar equipamiento o en futuras misiones humanas, “porque no queremos que un sensor deje de funcionar por un chispazo eléctrico”, dice, aunque son eventualidades que ya se tienen en cuenta y hasta ahora no se ha producido ningún percance de ese tipo.

Otro aspecto que puede verse afectado son los modelos de predicción meteorológica en el planeta, en especial cuando haya misiones humanas, pues la presencia de campos eléctricos puede hacer que sea necesario menos viento del que se pensaba para que se inyecte polvo en la atmósfera.

El equipo, encabezado por la Universidad de Toulouse (Francia), usó las grabaciones de los sonidos de la atmósfera del planeta realizadas por un micrófono del instrumento Supercam, uno de los que lleva Perserverance.

Cuando se producen descargas triboeloéctricas -describe Martínez- se crea un campo magnético asociado, el cual produce una interferencia, una señal, que tiene un patrón muy definido y que se recoge en la señal acústica que graba el micrófono.

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