Si no se nombra, no existe: cómo detectar, prevenir y actuar ante el abuso sexual infantil
Patricia Moliné, formadora y portavoz de Fundación RANA, arroja luz sobre un problema que afecta a cientos de millones de niños y niñas en todo el mundo
Penélope O. Álvarez | Mallorca, 19 de Noviembre de 2025 | 09:52h

Saber qué es el abuso sexual infantil (ASI), saber reconocerlo y entenderlo es la clave para prevenirlo y ponerle fin. Así lo asegura de forma rotunda Patricia Moliné, formadora y portavoz de Fundación RANA, que cumple 20 años trabajando en la prevención del maltrato y abuso sexual infantil y adolescente: "No se puede prevenir lo que no conoces".
Durante décadas, hablar de ASI ha sido un tabú tan grande que se ha escondido, se ha silenciado y se ha culpabilizado a las víctimas de forma sistemática, sobre todo porque el abusador se esconde en un entorno de confianza, algo que, cuando ocurre, remueve todos los cimientos de las familias y el miedo a señalar a un hermano, un primo, un abuelo, una madre o una amiga es enorme. Por eso, entender qué es, cómo se manifiesta y qué podemos hacer se convierte en una herramienta esencial de protección.
"El abuso sexual infantil es el maltrato infantil más difícil de detectar, asumir y trabajar, porque continúa siendo un tema muy tabú. Cuando juntas 'sexual' con “infancia”, la gente se bloquea enseguida", explica Moliné.
Cuando el agresor está en la familia: por qué estamos ciegos ante el abuso sexual infantil
El abuso sexual infantil (ASI) es una realidad que afecta a cientos de millones de niños y niñas en todo el...
El abuso sexual infantil se define como el uso de un niño, niña o adolescente para la gratificación o la estimulación sexual de un adulto, de alguien en posición de poder o, incluso, de un menor significativamente mayor en actividades que el menor no comprende, no puede consentir y no puede evitar, según varios estudios como El abuso sexual infantil: prevención, detección y actuación de la 'Revista Iberoamericana de Educación'. Siempre existe una desigualdad de poder en cuanto a edad, dependencia, desarrollo, tamaño, entre otros, y el consentimiento del menor jamás es válido.
CÓMO SE PREVIENE: EDUCACIÓN, LENGUAJE Y VÍNCULO
Entre las recomendaciones que dan desde la fundación, es que, desde pequeños, se llame a las partes íntimas con su nombre (“pene”, “vulva”) para que los pequeños sepan que nadie les puede tocar (salvo en cuidados específicos y con adultos presentes) y que tengan un lenguaje con el que denunciar lo que ocurre. También es importante identificar qué es un buen trato por parte de los adultos y dónde está el límite con el abuso y el maltrato. La clave es que sepan que su cuerpo es suyo, que tienen derecho a decir que no y que ningún adulto puede pedirles que guarden secretos que les incomodan.
Uno de los aprendizajes más importantes es identificar la incomodidad. Moliné insiste en que muchos niños no sabrán explicar lo que les pasa, pero sí sienten miedo, rechazo o nerviosismo cuando están con ciertas personas o en determinados contextos: “La incomodidad es una señal clave: aunque el niño no entienda por qué, debe saber que tiene derecho a decir ‘no’”.
Para trabajar estos temas con los más pequeños, RANA utiliza recursos como Explorando con Nil y Estela grita muy fuerte, con los que llegan a niños y niñas de entre 4 y 11 años. Con adolescentes se trabajan casos reales porque muchos imaginan el abuso como algo "de película", cuando la realidad es cotidiana.
La prevención no se limita a la infancia. Fundación RANA también forma a profesionales que trabajan con menores: profesorado, entrenadores deportivos, monitores de tiempo libre, grupos scouts o personal de hoteles que atiende a niños. “Todos deben saber qué es un abuso, hasta dónde pueden actuar, qué protocolos existen y qué no pueden hacer, también en redes sociales”, explica Moliné. No se trata solo de detectar posibles abusos, sino de evitar que los propios adultos crucen límites sin darse cuenta.
EL PAPEL DE LAS FAMILIAS: ESCUCHAR, ACOMPAÑAR, ESTAR
Patricia insiste en el trabajo que debe hacerse en casa. Es imprescindible crear un entorno donde el niño pueda hablar sin miedo a que le griten o le minimicen. Por ello, no debemos ridiculizar emociones: hay que responder a todas las preguntas para que no encuentren información errónea, aunque sean incómodas; y atender y escuchar activamente lo que nos cuentan, aunque sea pequeño, para que el día de mañana sean capaces de contarnos lo grande. "Si un niño siente que en casa no se le escucha, dejará de hablar", señala Moliné.
Otro aspecto a tener en cuenta es el acceso a internet y el uso de los teléfonos móviles. "A muchos niños se les da el móvil como si fuera un cuento, y nos encontramos casos donde, tras ver dibujos, saltan vídeos sexuales. El niño lo sigue viendo y luego lo reproduce en el colegio", alerta Patricia.
Por eso, Moliné recomienda dar el móvil lo más tarde posible y que, cuando tengan acceso a él, esté supervisado por los padres a diario: “Un adulto debe poder acceder al contenido cuando sea necesario”. "Los adolescentes se sienten protegidos tras la pantalla y no son conscientes de los peligros que hay", apunta. Por eso, insiste en que hay que educar a los niños en el uso responsable de los dispositivos y enseñar criterios simples como “si no lo harías delante de tu madre o tu padre, no lo envíes”.
POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL DETECTARLO
El principal obstáculo de la prevención del abuso sexual infantil, según Patricia, es el silencio: "Cuando un niño está mal, pensamos en bullying, divorcios o cambios en las rutinas, pero casi nadie se plantea que pueda haber abuso sexual porque da pánico". Pensarlo implica enfrentar la posibilidad de que alguien muy querido esté haciendo daño, y eso muchas veces paraliza.
A esto se suma que no hay un perfil de agresor (no tiene "cara de malo" y puede ser cualquiera), ni un perfil de víctima, porque cualquier niño puede estar expuesto. La mayoría de agresores son personas de confianza, no desconocidos. Y no siempre hay contacto físico: mostrar pornografía, pedir fotos o vídeos íntimos, hacer comentarios sexuales o recurrir a “bromas” inapropiadas también es abuso.
“El trabajo de Fundación RANA es dar herramientas de prevención, poner nombre a las cosas y abrir los ojos sin miedo”, explica Moliné. “Hablar del tema no hace que pase más; hablar del tema es prevenir”. Y precisa: no se trata de criar niños que teman a todos los adultos, sino de enseñarles a distinguir situaciones que no están bien.
En este contexto, entender las señales es clave. El abuso sexual rara vez deja síntomas evidentes, pero los cambios bruscos deben alertar. Puede manifestarse a través de indicadores físicos —como lesiones en la zona genital, dolor, infecciones de transmisión sexual, regresiones o problemas de sueño—; conductas sexualizadas inapropiadas para la edad, aislamiento, agresividad, retrocesos o bajadas repentinas del rendimiento escolar; o señales emocionales como miedo intenso hacia ciertas personas, ansiedad o tristeza sin explicación. Incluso pueden aparecer secuelas neurológicas en contextos de maltrato grave. “Si no contemplas el abuso como posibilidad, no lo vas a ver”, alerta Moliné.
QUÉ HACER SI SOSPECHAS O SI EL NIÑO LO CUENTA
En el abuso sexual infantil puede haber dos posibilidades: o que los padres sospechen o que el niño, niña o adolescente lo cuente. Por lo general, los niños casi nunca lo cuentan de golpe, antes tantean el terreno: "Te explican algo pequeño para ver cómo reaccionas". Si el adulto reacciona de forma brusca, se enfada o no le hace caso, el menor interpreta que no puede hablar con esa persona y calla. Pero "si lo verbaliza, hay que tener claro que no está mintiendo", insiste Patricia, que señala la importancia de agradecer que lo haya contado y dejarle claro que no tiene ninguna culpa.
Cuando no hay una revelación clara, pero “algo no encaja”, lo primero es observar. Importa tanto lo que ocurre como cuándo ocurre: si los cambios de conducta aparecen después de pasar tiempo con alguien concreto, en un lugar determinado o tras una actividad específica. Hablar discretamente con la escuela o con otras figuras cuidadoras ayuda a saber si estos cambios también se ven fuera de casa. Abrir la conversación con el menor, sin presionarle, puede ser útil: "Te noto diferente últimamente...", "He visto que ya no quieres ir a casa de…, ¿hay algo allí que no te gusta?"...
No se trata de arrancar una confesión, sino de mostrar que ese adulto es un lugar seguro. Por eso, minimizar o evitar el tema solo empeora la situación, y como recuerda Patricia, “es mejor equivocarse actuando que no llegar a tiempo”.
A partir de aquí, el siguiente paso es protegerle. "Cuando hay verbalización, siempre animamos a denunciar y pasar por Menores para activar el protocolo", explica Patricia. En el caso de Baleares, detalla, el circuito de atención está bien definido. Hay que acudir a la Consejería de Familia y Servicios Sociales, concretamente a la Unidad de Valoración de Abuso Sexual Infantil, que activa el protocolo y realiza la valoración del relato en un entorno seguro; y, en el caso de que se confirme que el menor ha sufrido un abuso sexual, la Unidad Terapéutica de Abuso Sexual Infantil se encarga del tratamiento psicológico del menor y de su familia.
ROMPER EL SILENCIO PARA PROTEGER A LA INFANCIA
Tras veinte años de trabajo, Fundación RANA insiste en que la prevención sigue siendo la herramienta más poderosa para proteger a la infancia. Moliné lo resume en un mensaje que atraviesa todo su trabajo: "Ojalá no tuviéramos que cumplir otros 20 años de fundación, pero por desgracia no será así. Hay que intentar que los niños identifiquen situaciones que no están bien, que puedan ponerles nombre y que los adultos entiendan que hablar del tema no hace que ocurra más. Hablar del tema es prevenir. Hemos de aprovechar noticias, preguntas y momentos cotidianos para explicar. La prevención tiene un poder enorme".








