“A veces lo justo, a veces menos”: cómo funciona realmente la contratación clandestina en Palma
"Vivimos del día a día, de madrugar para ver quién nos llama"
EFE | Mallorca, 14 de Noviembre de 2025 | 07:45h

En las inmediaciones de almacenes de construcción en polígonos de Palma, inmigrantes sin papeles se reúnen cada mañana a la espera de que un patrón les dé trabajo en condiciones precarias: "Vivimos del día a día, de madrugar para ver quién nos llama", expresa uno de ellos.
Este fenómeno, que se reproduce en otras zonas urbanas de España, refleja una realidad patente: los problemas para poder acceder al mercado laboral que sufren los extranjeros en situación irregular, abocados a la economía sumergida ante la imposibilidad de regularizarse.
Algunos de ellos, emigrados desde países de América Latina o el norte de África, relatan que muchas veces perciben por largas jornadas sueldos muy por debajo de los que cobrarían si pudieran acceder a un contrato de trabajo.
"Para un peón raso, lo justo serían 10 euros la hora, pero les pagan menos", cuenta una de las personas que asiste de forma recurrente a zonas donde trabajadores de la construcción sin papeles esperan para ser empleados, en las que, según varios testigos, hay gente desde cerca de las 6:00 horas hasta las 14:00 o 15:00.
En busca de una mejor vida
"Vinimos a buscar una mejor calidad de vida, porque todo el mundo merece una oportunidad", afirma un trabajador irregular mientras aguarda junto al resto de sus compañeros, todos ellos hombres, a que lleguen "empresarios que buscan mano de obra", sin la seguridad de que finalmente consiga un jornal.
Sobre cómo funciona el sistema, algunos relatan que el contratista se detiene junto a ellos y les dice: "¿Qué sabes hacer?", para luego llevarse "a dos o tres", en función de sus necesidades. "Nos pagan a veces lo justo, a veces menos", puntualiza otra.
A su imposibilidad de regularizarse se suman muestras de racismo, con algunas situaciones de "humillación": "Vete a tu país; por qué no te vas, lárgate", relatan que les han llegado a decir en alguna ocasión.
La precariedad del trabajo en negro tiene otra derivada: la carestía de la vivienda en Baleares les aboca al alquiler de infraviviendas y habitaciones de forma irregular.
Uno de los trabajadores que relata su situación explica que paga una renta por dormir en el sofá del comedor de la casa que comparte.
Como los capataces del siglo XIX
El responsable de Políticas Públicas de CCOO en Baleares, Daniel Cámara, pone de relieve que este tipo de situaciones remiten a épocas pasadas donde "el capataz pasaba con un camión y decía en la plaza: 'tú, arriba'".
"Todos sabemos que existen puntos en Mallorca y en Palma donde se va a recoger a trabajadores como ocurría en el siglo XIX", señala el sindicalista, que considera "intolerable" que esto siga sucediendo en el XXI.
Además, explica que los inmigrantes sin papeles explotados "tienen que entender que solos no van a poder hacer nada", y les emplaza a acudir a organismos, entidades, e incluso a las organizaciones sindicales, que "pueden ayudarles a regularizar su situación" o, al menos, orientarles.
"Hay una cosa que funciona muy bien en las relaciones de poder, también en las laborales, que es el miedo, y el empresariado que hace ese tipo de cosas lo utiliza", añade Cámara, quien recuerda que CCOO está a favor de "una regulación excepcional pero masiva de los trabajadores en situación irregular" que hay en España.
La Ley de Extranjería como problema
Una opinión en la línea de la de Ana Mascaró, mediadora cultural en el centro de salud del barrio de Son Gotleu de Palma, para quien "el gran problema de las personas en movimiento es la Ley de Extranjería", que condiciona a los migrantes y a quienes trabajan para ayudarles.
"Tenemos una Ley de Extranjería donde migrar no es un derecho, es un delito", denuncia Mascaró, para quien el ejemplo de esta afirmación es el hecho de que los migrantes que llegan a Baleares en patera "inmediatamente son presos".
La mediadora cultural enfatiza que una persona sin papeles "no puede hacer nada de su vida, porque no puede trabajar y no puede estudiar" de forma oficial, una situación que además tiene "muchas consecuencias a nivel de salud mental".







