El corazón pediátrico de Baleares

Así funciona la única ambulancia de las Islas especializada en el traslado de los bebés y niños más graves, un referente nacional

Marina J. Ramos | Mallorca, 09 de Noviembre de 2025 | 08:14h

Laia Samper y Kai Boris Brandstrup, junto a la ambulancia pediátrica de Baleares. Foto: Marina J. Ramos.

En el aparcamiento del hospital Son Espases, entre ambulancias convencionales, hay una que destaca. No por su tamaño ni por su sirena, sino por lo que representa. En sus paredes hay dibujos de colores, y en el interior, entre aparatos médicos, peluches y hasta una tablet lista para distraer a quien viaja dentro. Es la ambulancia pediátrica de Baleares, la única en todo el archipiélago capaz de trasladar con las máximas garantías a los pacientes más pequeños y frágiles del sistema sanitario balear.

Este vehículo, gestionado por el SAMU 061, es mucho más que un medio de transporte: es una extensión móvil de la UCI Pediátrica y Neonatal de Son Espases, el centro de referencia de las islas para la asistencia de los bebés y niños en estado más grave. Desde su puesta en marcha en 2019, la ambulancia ha supuesto un antes y un después en la atención urgente infantil. Si antes, los menores más críticos se trasladaban en ambulancias convencionales, adaptadas sobre la marcha, con material improvisado y sin un equipo médico especializado. Hoy, la atención que reciben es completamente distinta. Y se alza como referente a nivel estatal.

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“La ambulancia es nuestro recurso, la que nos permite hacer esa pequeña mudanza desde la UCI pediátrica de Son Espases hacia cualquier hospital donde un niño necesita cuidados críticos”, explica el pediatra Kai Boris Brandstrup, coordinador de la Unidad de Transporte Pediátrico Balear (UTPB). “Llevamos con nosotros el conocimiento, la experiencia y el equipamiento necesarios para que el niño, durante el traslado, no note que ha salido del hospital”.

Y no es una metáfora. Dentro de la ambulancia se pueden encontrar monitores adaptados a los parámetros infantiles, ventiladores específicos, incubadoras —que pueden pesar más de 200 kilos— y hasta sistemas de administración de óxido nítrico, un gas que ayuda a oxigenar la sangre en los casos más delicados. Todo está pensado para reproducir, sobre ruedas, las condiciones de una unidad de cuidados intensivos pediátrica.



Pero si algo distingue a esta ambulancia es su forma de trabajar. La llaman “filosofía UTPB”. La clave está en la anticipación. “Cuando nos activan para un traslado grave, el pediatra del hospital emisor se pone en contacto con nosotros a través del 061. En ese momento hacemos una llamada a tres y empezamos a actuar antes de llegar físicamente. Analizamos qué le pasa al niño, qué complicaciones puede tener y qué tratamiento necesita. Así, cuando llegamos, la asistencia especializada ya ha comenzado”, explica Brandstrup. Esa capacidad de respuesta inmediata puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. “Se sabe que con este sistema se consigue bajar la morbimorbilidad: es decir, los niños enferman y fallecen menos”, incide. También apuestan como pilares de la doctrina de la unidad la optimización (hacer las cosas lo más fácil posible tanto en el tratamiento al niño como en los recursos logísticos) y el trabajo en equipo.

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Cada día, las 24 horas del día y los 365 días del año, un equipo de guardia —formado por un pediatra de la UCI pediárica de Son Espases, una enfermera pediátrica del SAMU 061 y un pediatra residente, en formación— está preparado para actuar en cuestión de minutos. A ellos se suma, de lunes a viernes, otro pediatra encargado de la actividad intrahospitalaria de sedoanalgesia, que permite realizar procedimientos de forma segura y sin dolor para los pequeños. Los familiares, según la condición clínica del menor, viajan o bien en la cabina o en la parte delantera, junto a los técnicos de emergencias, para facilitar la labor del equipo médico. Una combinación que, según su coordinador, “ha sabido aprovechar lo mejor de cada lugar para ofrecer un servicio único”.

Son operativos que pueden durar desde una hora hasta más de 20, dependiendo del hospital de destino y del estado del paciente. Por eso, además de la tecnología, la humanización juega un papel esencial.

“El componente emocional es tan importante como el clínico. Hay que saber tratar con niños, pero también con los padres. Reducir el miedo, generar confianza, hacer que el entorno no sea hostil”, subraya Brandstrup. En consecuencia, además del equipamiento médico, la ambulancia lleva lo que llaman el “kit de distracciones”: un estuche lleno de juguetes, peluches y colores que transforman el miedo en curiosidad, expone la enfermera pediátrica del SAMU 061 Laia Samper. En medio del ruido de las máquinas, la larga espera y el entorno y gente desconocida, estos pequeños artilugios se tornan en el refugio del bienestar del niño en momentos tan difíciles.

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En España, solo siete comunidades autónomas disponen de unidades específicas de transporte pediátrico. Baleares fue una de las pioneras. “Prácticamente desde la formación de la unidad somos referentes. Vienen pediatras de todo el país, y también de nuestra comunidad, a formarse con nosotros. Tenemos una lista de espera de tres años”, cuenta Brandstrup, con una mezcla de orgullo y responsabilidad. E incide en el reconocimiento al “gran grupo de profesionales” que forman la UTPB.

Más allá de las cifras y los protocolos, lo que late en el interior de esta ambulancia es la humanidad. Cada trayecto mezcla la tensión propia de las emergencias graves con la ternura y esperanza que destilan la infancia. Y cada llegada a Son Espases supone una victoria compartida entre médicos, enfermeras, padres y niños.

Porque en esas cuatro paredes rodantes, cubiertas de dibujos y sonidos que intentan distraer del miedo, también viaja algo invisible: la certeza de que en Baleares, si un niño enferma, hay un equipo que sabrá llevarle -literalmente- la vida entre las manos.

LOS DATOS

En estas dos décadas, la unidad ha superado los 6.000 traslados interhospitalarios (entre hospitales que requieren de tratamiento especializado para los pequeños y centros -ya sea Son Espases u otros hospitales de la Península, que cuentan con esos recursos). Un 70% de ellos han sido por vía terrestre, y otro 30% haciendo uso también de la avioneta o el helicóptero medicalizados, para trasladar a los menores entre las distintas islas o hacia la Península. 

La mayoría de los pequeños atendidos presentan insuficiencia respiratoria, patologías neurológicas o cardiopatías congénitas que requieren cirugía cardíaca o tratamientos altamente especializados. 

Pero la labor de la unidad no se limita solo al exterior. Dentro del propio hospital, la UTPB ha atendido ya a casi 9.000 pacientes en tareas de sedoanalgesia (administración de fármacos especializados, que permiten realizar procedimientos de forma segura y sin dolor para los pequeños) y en traslados internos a pruebas de imagen como TAC o resonancias. El 41% de los pequeños ha ingresado en la UCI Pediátrica, el 31% en Neonatología y el 28% en Urgencias de Pediatría. 

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Comentarios

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  • Franc - Mallorca, 09 de Noviembre de 2025 | 10:45h
    Solo una ambulancia??? Que triste
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