Por qué preferimos dormir tapados aunque haga calor

Los especialistas en sueño apuntan a una explicación que va más allá de la temperatura

Pablo S. Molina | Mallorca, 07 de Noviembre de 2025 | 18:07h

Es una escena familiar para muchos. Llega el verano, las noches se vuelven pesadas y sofocantes, y aun así seguimos acostándonos con una sábana o una manta ligera. A veces solo cubre una pierna, otras el torso o los pies. Dormir completamente destapados, en cambio, nos resulta incómodo, casi extraño. Pero ¿por qué ocurre esto, si lo lógico sería evitar cualquier capa que aumente el calor?

UN GESTO QUE NOS HACE SENTIR SEGUROS

Los especialistas en sueño apuntan a una explicación que va más allá de la temperatura. Desde los primeros meses de vida, estar cubiertos se asocia con protección y consuelo. La manta funciona como un refugio íntimo, un espacio en el que cuerpo y mente se sienten a salvo. Incluso cuando el calor aprieta, esa fina capa ayuda al cerebro a relajarse y preparar el terreno para el descanso. 

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No es solo cuestión de costumbre. Nuestro organismo ajusta su temperatura durante la noche para favorecer las fases más profundas del sueño. Cubrirnos, aunque sea ligeramente, evita cambios bruscos que podrían interrumpir ese proceso. Por eso, una simple sábana puede ser la diferencia entre dormir de un tirón o despertarse varias veces.

EL EFECTO DEL PESO

Hay otro detalle que suele pasar desapercibido: la ligera presión de la manta. Ese peso mínimo activa el sistema nervioso parasimpático, responsable de inducir calma. Es el mismo principio en el que se basan las mantas terapéuticas utilizadas para reducir la ansiedad y mejorar la calidad del descanso.

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Taparnos, en cierto modo, ayuda al cuerpo a “bajar revoluciones”. Un hábito que nace temprano. Casi todos adquirimos esta costumbre en la infancia y la mantenemos sin pensar. Con el tiempo, quedó ligada a nuestra forma de entender el descanso. Por eso, incluso en noches tropicales, el cuerpo busca recrear esa sensación familiar antes de dormirse.

No es una contradicción. Más que una cuestión térmica, se trata de seguridad y bienestar. Una sábana, por fina que sea, actúa como un pequeño ancla emocional. Y cuando se trata de dormir, la comodidad pesa mucho más que la lógica.

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