Por qué el arroz frío tiene menos calorías que el recién hecho
Un simple cambio de temperatura puede modificar la estructura del arroz y reducir su aporte calórico
Alicia D. Romero | Mallorca, 31 de Octubre de 2025 | 05:00h

El arroz es uno de los alimentos más populares del planeta y una de las principales fuentes de carbohidratos en la dieta diaria. Sin embargo, no todas sus versiones aportan la misma cantidad de energía. Diversos estudios nutricionales han demostrado que el arroz frío contiene menos calorías que el recién cocinado, y la explicación está en una reacción química natural que se produce cuando el alimento se enfría.
Durante la cocción, los almidones del arroz se gelatinizan, es decir, absorben agua y se vuelven más fáciles de digerir. Pero cuando el arroz se enfría —especialmente si se guarda en el frigorífico—, una parte de esos almidones se transforma en “almidón resistente”, un tipo de fibra que el organismo no puede descomponer completamente ni absorber como energía.
QUÉ ES EL ALMIDÓN RESISTENTE
El llamado almidón resistente se comporta de forma similar a la fibra dietética: reduce la absorción de calorías, mejora la digestión y ayuda a controlar los niveles de glucosa en sangre. En otras palabras, cuando se consume arroz frío, parte de sus hidratos de carbono pasan por el sistema digestivo sin convertirse en glucosa, lo que implica una menor cantidad de calorías efectivas para el cuerpo.
Este fenómeno no es exclusivo del arroz. También ocurre en otros alimentos ricos en carbohidratos como las patatas o la pasta, siempre que se sigan los mismos pasos: cocer, enfriar y, si se desea, recalentar suavemente antes de consumir. Lo más curioso es que incluso tras recalentar el arroz enfriado, el almidón resistente se mantiene, por lo que el beneficio calórico no se pierde.
UN EFECTO BENEFICIOSO MÁS ALLÁ DE LAS CALORÍAS
Más allá de reducir el aporte energético, el arroz enfriado favorece la salud intestinal, ya que el almidón resistente actúa como prebiótico, estimulando el crecimiento de bacterias beneficiosas en el intestino. Estas bacterias contribuyen a mantener una flora intestinal equilibrada y a mejorar la absorción de nutrientes.
Por este motivo, los expertos recomiendan cocinar el arroz con antelación, dejarlo enfriar y consumirlo al día siguiente, por ejemplo, en ensaladas o platos templados. Además de mejorar su valor nutricional, esta práctica ayuda a estabilizar los niveles de azúcar en sangre y a prolongar la sensación de saciedad, lo que puede resultar útil para controlar el peso.
En definitiva, el arroz frío no solo contiene menos calorías que el recién hecho, sino que también aporta beneficios digestivos y metabólicos. Un cambio tan sencillo como dejarlo enfriar antes de comerlo demuestra que la ciencia y la nutrición también se cocinan a fuego lento.
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