El huracán Melissa deja una advertencia: el mar que amenaza al Caribe también se calienta en Baleares

El nivel del mar ha subido nueve centímetros en Baleares y la posidonia se debilita, lo que podría duplicar el impacto de los temporales

Penélope O. Álvarez | Mallorca, 29 de Octubre de 2025 | 10:37h

El huracán Melissa ha tocado tierra a las 7:10 (UTC) de este miércoles en el oriente de Cuba, cerca de Chivirico, con vientos sostenidos de unos 195 kilómetros por hora y marejadas de hasta ocho metros. El Centro Nacional de Huracanes (CNH) ha advertido sobre lluvias que podrían alcanzar 450 litros por metro cuadrado y un riesgo alto de inundaciones, derrumbes y penetraciones del mar.

Seis provincias —Granma, Santiago de Cuba, Guantánamo, Holguín, Las Tunas y Camagüey— permanecen en alarma ciclónica, con 735.000 personas evacuadas o protegidas, una cifra equivalente al 7,5 % de la población cubana. El transporte público y las clases se han suspendido, y dos centrales termoeléctricas se han detenido por precaución. 

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Antes de llegar a Cuba, Melissa había cruzado Jamaica como huracán de categoría 5, dejando a más de 530.000 hogares sin electricidad y provocando daños graves en carreteras y viviendas. El primer ministro, Andrew Holness, declaró al país “zona catastrófica”. En total, el ciclón ha causado siete muertes en el Caribe —tres en Jamaica, tres en Haití y una en República Dominicana—.

Aunque un huracán de esta magnitud nunca alcanzaría España, su fuerza sirve de recordatorio de lo que un mar más cálido puede desencadenar.

BALEARES, UN LABORATORIO DEL CALENTAMIENTO MEDITERRÁNEO

En el archipiélago balear, el aumento de la temperatura del mar ya es una evidencia. Según datos del Instituto Español de Oceanografía (IEO) y la Universitat de les Illes Balears (UIB), el nivel del mar ha subido nueve centímetros desde 1993, mientras que la temperatura media ha aumentado 1,6 °C entre 1982 y 2022.

Cada verano, el agua alcanza los 28 °C, un límite crítico para la posidonia oceánica, la planta submarina que actúa como escudo natural contra la erosión y el oleaje.

El 30 de octubre de 2024, el investigador del IEO-UIB Gabriel Jordà advertía que temporales como el de Gloria (2020) podrían repetirse “cada año” en la próxima década, o incluso varias veces por temporada, si continúa la degradación de la posidonia.

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Jordà explicó que la pérdida de estas praderas podría duplicar el impacto de las tormentas sobre el litoral, al elevar el nivel extremo del mar hasta 80 centímetros durante los episodios más intensos. “Preservarla es la forma más económica de proteger la costa”, defendió el oceanógrafo, que recordó que los intentos de replantación a gran escala no han tenido éxito.

Las praderas de posidonia muestran ya un declive notable, sobre todo a más de diez metros de profundidad, afectadas por el calor, el fondeo de embarcaciones y la pérdida de calidad del agua. En 2009, el 91,7 % de las masas de agua de Baleares se consideraban “muy buenas”; en 2021, ese porcentaje se redujo al 60 %, y un 10 % pasó a clasificarse como “moderado”.

UN LITORAL QUE SE RETIRA

Si la tendencia continúa, advertía Jordà, el Mediterráneo podría subir entre 10 y 15 centímetros antes de 2040, lo que supondría perder entre cinco y diez metros de playa de media. A finales de siglo, la mitad del litoral balear podría desaparecer de forma permanente, y durante los temporales extremos la pérdida podría llegar al 80 %.

“Cualquier decisión será dolorosa y costará dinero”, reconoció el investigador. “Quitar paseos marítimos o limitar usos de playa afectará a alguien, pero si no se hace nada, todos saldremos perdiendo.”

Mientras el Mediterráneo continúa batiendo récords de temperatura, los científicos coinciden en el diagnóstico: huracanes como Melissa no llegarán a Baleares, pero su mensaje sí. El mar se calienta, las costas retroceden y las islas ya están viviendo el cambio.

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