El curioso ritual que hacen algunos pilotos antes de despegar (y no es superstición)
Una costumbre tan sutil como importante que forma parte de su rutina antes del vuelo
Alicia D. Romero | Mallorca, 28 de Octubre de 2025 | 06:00h

Quien haya viajado con frecuencia quizá lo haya notado: justo antes de despegar, algunos pilotos tocan el avión al subir o acarician brevemente el fuselaje antes de cerrar la puerta. Desde fuera puede parecer una superstición o una especie de ritual de buena suerte, pero lo cierto es que detrás de ese gesto hay una explicación mucho más racional.
De acuerdo con la Asociación Internacional de Pilotos de Líneas Aéreas (IFALPA), ese pequeño contacto físico con la aeronave no tiene nada que ver con la suerte. Es una forma de conectar mental y físicamente con el avión justo antes de iniciar el vuelo. Para muchos pilotos, ese instante marca el cambio de rutina: es el momento en que se activa el llamado “modo vuelo”, un estado de concentración plena y conciencia situacional que les permite abordar el despegue con máxima precisión.
UN GESTO DE CONEXIÓN, NO DE SUERTE
En la formación aeronáutica, cada detalle cuenta. Antes de cada vuelo, los pilotos realizan la inspección exterior del avión, conocida como walk-around, durante la cual verifican que todos los sistemas estén en orden. En ese proceso, tocar la estructura o la puerta de la aeronave no es un gesto aleatorio: es una forma simbólica de asumir la responsabilidad sobre la máquina que están a punto de comandar.
“Tocar el avión es una manera de reafirmar el vínculo entre el piloto y la aeronave. Es un recordatorio físico de que estás al mando y de que todo está bajo control”, explica el comandante Luis Ortega, instructor de vuelo y ex piloto comercial.
UNA RUTINA QUE MEJORA LA CONCENTRACIÓN
Más allá del simbolismo, este hábito tiene también un efecto psicológico positivo. Expertos en comportamiento aeronáutico sostienen que repetir una misma rutina antes de despegar ayuda a reducir la ansiedad y a mejorar la concentración. Al realizar siempre los mismos movimientos, el cerebro del piloto entra en un estado de enfoque automático, similar al que experimentan los atletas de élite o los cirujanos antes de una intervención compleja.
Para los pasajeros, puede parecer un gesto supersticioso o incluso romántico, pero para quienes están al mando de una aeronave es un acto de disciplina, respeto y control mental. Tocar el avión antes del despegue no busca atraer la buena fortuna: simboliza el compromiso del piloto con la seguridad y con la máquina que va a pilotar.
En resumen, no se trata de creer en la suerte, sino en la rutina, la concentración y la confianza. Porque en la aviación —como en la vida—, los mejores resultados no dependen de los amuletos, sino de la preparación y la conexión con el avión.
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