Qué hay detrás del misil Burevéstnik, el proyecto ruso que inquieta a Occidente

Su desarrollo plantea dudas sobre la seguridad internacional y reaviva el fantasma de la Guerra Fría

Alicia D. Romero | Mallorca, 27 de Octubre de 2025 | 16:31h

Rusia ha vuelto a colocar al mundo en alerta tras anunciar el avance de su programa de armamento estratégico con el misil 9M730 Burevéstnik, una de las armas más misteriosas y polémicas de su arsenal. El Kremlin asegura que este misil de crucero con propulsión nuclear puede recorrer miles de kilómetros y evadir los sistemas de defensa más sofisticados del planeta, redefiniendo así las reglas del poder nuclear.

Según el presidente Vladímir Putin, el Burevéstnik —presentado por primera vez en 2018— representa “una garantía de equilibrio frente a las amenazas externas”. Sin embargo, en los círculos militares occidentales predomina la cautela: las capacidades reales del sistema siguen siendo un enigma, y su supuesta eficacia tecnológica está bajo un intenso escrutinio internacional.

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UNA ARMA DISEÑADA PARA EVADIR TODO SISTEMA DE DEFENSA

El Burevéstnik, conocido por la OTAN como SSC-X-9 “Skyfall”, es un misil de crucero sub­sónico capaz de volar a baja altitud y alterar su trayectoria para eludir radares y escudos antimisiles. Su principal diferencia con otros sistemas estratégicos es su motor nuclear miniaturizado, diseñado para mantenerlo en el aire durante días o incluso semanas, lo que le daría un alcance prácticamente ilimitado.

“No se trata solo de potencia, sino de imprevisibilidad”, explica el analista militar Serguéi Smirnov, del Centro de Estudios Estratégicos de Moscú. “Un misil que puede volar durante días sin ser detectado cambia por completo la lógica de la disuasión nuclear”.

A pesar de la narrativa oficial rusa, expertos occidentales cuestionan su viabilidad. Desde 2016, se habrían realizado al menos una docena de pruebas, muchas de ellas con resultados fallidos. Además, varios incidentes reportados en zonas de prueba, como en Nyonoksa en 2019, despertaron temores por fugas radiactivas. Por ello, el Burevéstnik ha recibido el apodo de “Chernóbil volador”.

ENTRE LA PROPAGANDA Y LA DISUASIÓN REAL

Analistas del Pentágono y del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) sostienen que, más que un arma operativa, el Burevéstnik podría ser una herramienta de propaganda estratégica, diseñada para proyectar poder y reforzar la imagen de Rusia como potencia militar tecnológica.

Aun así, la amenaza simbólica es real. Si Rusia logra hacer operativo este sistema, tendría la capacidad de lanzar ataques desde su propio territorio contra cualquier objetivo global, sin depender de trayectorias predecibles ni infraestructuras externas. Esto reconfiguraría el equilibrio nuclear mundial.

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Mientras tanto, la comunidad internacional observa con atención. Ningún organismo independiente ha verificado de forma concluyente los supuestos éxitos de las pruebas rusas. Sin embargo, el solo hecho de que un misil con reactor nuclear activo sobrevuele el planeta ya plantea un dilema ético, ambiental y geopolítico sin precedentes.

El Burevéstnik simboliza, en última instancia, el retorno de la lógica de la Guerra Fría: una competencia por la supremacía tecnológica en la que el poder no solo se mide por la fuerza, sino por la capacidad de infundir temor.

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