El Día de les Verges: la tradición mallorquina que mezcla serenatas, claveles y bunyols

Cada 21 de octubre, la isla revive una de sus fiestas más antiguas

Penélope O. Álvarez | Mallorca, 21 de Octubre de 2025 | 10:54h

Cada 21 de octubre, Mallorca se impregna de un aroma muy particular: el del aceite caliente y el azúcar tostado. Es la señal inequívoca de que llega el Día de les Verges, una de las celebraciones más queridas y antiguas de la isla. Durante generaciones, esta fecha ha sido sinónimo de serenatas, flores y bunyols, una mezcla única de romanticismo, fe y sabor que sigue conquistando a mayores y pequeños.

Antiguamente, al caer la noche, los jóvenes salían por las calles con guitarras y laúdes para cantar bajo las ventanas de las muchachas solteras. A cambio, ellas les obsequiaban con claveles y buñuelos, acompañados de una copa de vino dulce o de moscatel. Era una forma de cortejar y, al mismo tiempo, de compartir un pedazo de la vida del pueblo.

Hoy, aunque las serenatas casi han desaparecido, la isla mantiene viva la esencia de esta tradición: cada octubre, los hornos, plazas y mercados se llenan del olor de los bunyols recién fritos, un dulce que marca el arranque del otoño mallorquín.

UN ORIGEN ENTRE LA DEVOCIÓN Y EL AMOR


El Día de les Verges tiene su raíz en la antigua leyenda de Santa Úrsula y las once mil vírgenes, martirizadas en el siglo IV. Con el tiempo, la historia religiosa se mezcló con costumbres populares y dio lugar a una celebración profundamente mallorquina.

La fiesta se remonta a varios siglos atrás. Ya en la Edad Media, los jóvenes recorrían los pueblos cantando coplas de amor y llevando un clavel en la solapa. Si la muchacha correspondía al sentimiento, le regalaba un clavel rojo; si no, uno blanco o rosado, símbolo de amistad o afecto.

En algunos pueblos todavía se organizan pequeños actos, recitales y talleres escolares que explican a los niños el sentido de esta tradición. Lo que nació como una celebración religiosa terminó convirtiéndose en una noche de música, coqueteo y dulces compartidos.

LOS BUNYOLS, EL SABOR DEL OTOÑO

Mallorca sería igual sin sus bunyols. Estos buñuelos esponjosos y dorados son el corazón gastronómico del Día de les Verges. La receta tradicional mezcla patata hervida (a veces boniato), harina, levadura, huevos, agua y un toque de anís. La masa se moldea en forma de aro, se fríe en aceite caliente y se cubre con azúcar. El resultado es un dulce ligero, con ese sabor casero que solo aparece en esta época del año.

En las pastelerías también abundan los bunyols de vent, una versión más ligera elaborada con masa tipo choux, a menudo rellenos de crema, nata o trufa. Ambos conviven en los hornos de la isla, demostrando que la tradición puede reinventarse sin perder su esencia.

Dónde comer los mejores bunyols por el Día de les Verges en Mallorca

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