Belinda, la mallorquina que conquista TikTok: "Mientras tenga techo y comida, no quiero más nada"
Trabajadora incansable y madre de seis hijos, ha convertido su día a día en un ejemplo de superación
Penélope O. Álvarez | Mallorca, 16 de Octubre de 2025 | 07:00h

Natural, resiliente y con un corazón que no le cabe en el pecho. Belinda, la tiktoker mallorquina (@belindacuentaoficial), se ha convertido en una de las creadoras más queridas de TikTok. Entre recetas, trabajo y superación, su historia representa la de muchas familias que luchan por salir adelante cada día.
En su cuenta acumula más de 600.000 seguidores y 33 millones de ‘me gusta’, en una mezcla de recetas caseras, vídeos del día a día y reflexiones cotidianas. “Yo sinceramente, me grabo y lo subo”, dice entre risas. Una mujer que no estudia el algoritmo, no persigue música viral ni se pierde en tutoriales de edición. A diferencia de grandes influencers con cámaras profesionales, planes de marketing y lujos detrás, Belinda muestra su día a día tal y como es. Su naturalidad la ha convertido en una voz con la que cualquiera puede sentirse identificado, un ejemplo de superación, humildad y generosidad.
Durante la pandemia, entre bizcochos y empanadas, empezó a grabar “de tontería” con sus hijos. “Yo estaba todo el día en la cocina y me decían ‘Venga, vamos a grabar’. Era jugar". Tras su último embarazo, comenzó a subir vídeos de recetas, “que eso le gusta mucho a la gente”. Cocina “de toda la vida, con lo que hay”: “Cosas sencillas y cosas que todo el mundo tiene en casa. Con cuatro cosas hago algo". Con los años, lo que empezó como un juego en TikTok se ha convertido en una comunidad inmensa de personas que la quieren como a una amiga.
UNA VIDA DE TRABAJO Y ORGULLO
Belinda trabaja desde los quince años. “Soy una persona muy activa. No aguanto estar en casa”, se ríe. Muchos de sus vídeos superan el millón de visitas, pero ella mantiene los pies en la tierra: “Yo no vivo de TikTok, trabajo de camarera de piso desde hace 13 años. Es durísimo. Pero bueno, es que a mí me gusta mucho".
Después de que la despidieran tras más de una década en el mismo hotel, no pasa ni una: “Si no me tratan bien, doy los quince días y me voy. No dejo que se rían de mí. ¿Echar una hora más por tres euros? ¿Qué hago con tres euros?". Hoy en día trabaja por temporada y cobra el paro cuando toca: “El paro no lo cobra todo el mundo; no es una ayuda del Estado. Es algo que te has ganado por trabajar, por cotizar, que no me vengan con tonterías".
Su ética del trabajo y su filosofía doméstica van de la mano: “Si hoy te comes una chuleta, muy bien. Si mañana un cacho de pan, también. Nunca nos ha faltado comida porque siempre nos hemos buscado la vida: mercados, chatarra. Y si no hay, pues se comparte lo que haya".
"OLE, OLE, OLE, OLE EL TITOCHO"
Belinda rechaza vivir del contenido digital, aunque trabaja con TikTok Shop, una tienda integrada en TikTok que permite comprar productos directamente desde la app. Es un trabajo, insiste. “Muchas veces me pego toda la mañana grabando. Luego voy subiendo poco a poco. Para que luego me digan que me lo regalan… Sí, me lo regalan, pero mi tiempo lo pierdo".
Su “titocho” —así lo pronuncia— funciona como un bazar. “A nosotros nos mandan productos, pero también pagamos”. Las comisiones son bajas: “A lo mejor un producto que vale cinco euros, tú te llevas 20 céntimos”. Y aunque asegura que “va muy bien”, lo asume como un complemento, no un sustento. “Yo la siesta no la perdono y a veces ni puedo hacerla porque estoy con el titocho todo el día", dice entre risas.
“Cada día tengo 3–4 millones de visitas en mi escaparate. Y estoy todo el día con repartos. Vienen por la mañana, por la tarde… hasta las nueve y media de la noche. Hay días que el repartidor se sienta con nosotros. En verano venían asfixiados y yo les ofrecía una Coca-Cola o una cervecita".
Con los cupones que acumula, recompone su hogar: “Me gasté cien euros en sábanas porque me hacían falta de verdad. También ollas, sartenes, mantas, zapatos para los niños…". No se lo queda todo para ella, Belinda es generosa y no duda en dar lo que recibe: "Como tengo mucha familia, reparto. Yo doy lo que recibo. Si el TikTok me da una olla y tú la necesitas, yo no te voy a decir ‘cómprala’ o ‘dame los veinte euros’. Yo la pido y te la doy”.
EL INCENDIO QUE LO CAMBIÓ TODO
El 15 de julio de 2024, un incendio en su piso le cambió la vida. La vivienda quedó completamente calcinada y su familia fue una de las afectadas: “Nos quedamos sin nada”, recuerda Belinda, emocionada.Desde la administración pública le ofrecieron un albergue, pero solo podía llevarse a sus hijos pequeños. En aquel momento, dos de sus hijos mayores aún vivían en casa: “¿Y los de 18 y 20? Mis hijos van donde voy yo y donde voy yo, van mis hijos. Lo denegué, dando las gracias, pero no”. Después de varios meses viviendo en cada de su hermana, cuya ayuda agradece profundamente, su marido y ella se animaron a reinventarse.
"El 9 de julio me despidieron del trabajo de forma improcedente y el 15 se me quemó la casa"
Eran poco más de las 9.00 horas del pasado 15 de julio cuando Belinda recibió una llamada que le cambiaría...
“Los seguidores lo ven y dicen ‘¿vives en un contenedor?’ No. Es una nevera de fruta y verdura. Mi marido la convirtió en cocina y comedor. Y no me da vergüenza decirlo”. En menos de seis meses levantaron tres habitaciones y dos baños, aparte la cocina-comedor: “¿Que no me gusta? No me gusta. Es una mierda, pero es lo que hay". Eso sí, hay días que se enfada con su nuevo hogar: “El polvo me tiene frita. Los niños van con los pies negros del campo, la manguera… ¡Odio el campo con todas mis fuerzas! Pero es lo que hay".
VIVIENDA DIGNA Y DIGNIDAD PERSONAL
Antes del incendio, Belinda vivía en un piso del banco con un alquiler social. “En el 2011/2012 tenían muchos pisos embargados y cerrados. Me lo explicó la trabajadora social. Presentamos los papeles y me llamaron: ‘Belinda, te ha tocado’”. Insiste en que lo único que quiere es poder pagar un alquiler digno, sin que se lleve todo un suelo: “No quiero que me regalen nada. Quiero un alquiler que pueda pagar, no uno de 1.200 euros. Si firmo eso, sé que a los tres meses no podré pagar y me tendré que quedar hasta que me echen, fastidiando al casero, pero tampoco es plan”.
Busca cada día un alquiler económico donde vivir con su familia: “Solo pido que la administración ponga el dinero donde toca. En viviendas de protección oficial que todos podamos pagar. Yo no somos delincuentes, somos trabajadores y nos lo merecemos".
Cuando ocurrió esta desgracia y se quedó “con lo que tenía en la cartera”, fueron los seguidores quienes empujaron: “Me ayudaron mucho cuando me pasó lo del piso... me mandaron bizums, comida, de todo. Es muchísimo, me llegó al corazón”. A veces la paran en la calle; otras, le piden vídeos felicitando cumpleaños e incluso ha llegado a hacer videollamadas: “Si estoy disponible, yo se la hago. No me cuesta. Tengo Instagram a reventar, pero cuando puedo digo 'venga, vamos'”.
FAMILIA, HIJOS Y PAN COMPARTIDO
Belinda, con 41 años; ya tiene seis hijos y cinco nietos, vive con su marido y sus dos pequeños —Belinda y Gabriel— y uno de sus mayores. “Con mis niños, muy buena relación. Unos son más rebeldillos, otros menos. A veces me dicen: ‘He visto por TikTok que estás haciendo guiso de pasta con albóndigas, ¿me mandas un táper?’. Y yo les digo: ‘Hombre, avísame antes y echo un poco más’”. Vive por y para su familia y no deja que nadie se vaya de casa con el estómago vacío: "Vienen los chavales con los amigos y les hago unos bocadillos o unas caracolas con nata, lo que haya en la nevera. Hay que compartir lo poco que se tiene".
No viven en el campo porque les guste, sino porque no había otra opción: “Me está costando la vida, pero refiero levantarme algo antes que meterme de okupa. A mí me gustan las cosas legales. Me gusta dormir tranquila". A pesar de todo, Belinda sonríe y agradece lo que tiene: “Yo doy gracias. Tengo mis hijos, tengo mi marido, tengo techo".
Habla abiertamente de salud mental: “Como tú no luches por la cabeza, te puede jugar malas pasadas”, dice, dejando la frase en el aire. Sabe lo que es sentirse al límite: “Tienes que intentar ser lo más positiva... sobre todo por los niños. Aunque me veas de puta madre, yo también tengo mis días".
No sueña con lujos: “Mientras tenga un techo y tenga para comer… no quiero más nada”, pero dice: "Si algún día fuera millonaria, haría una casa para cada uno de mis hijos y para mí y mi marido. Y con eso, feliz”. Lo único pendiente: “Me gustaría hacer un crucero”, aunque su marido se marea: "Si no viene, me tendré que buscar un acompañante", dice entre risas.
Su vida, hecha de cicatrices y recetas, demuestra que incluso del humo puede salir un hogar, y que el amor —cuando es real— nunca se quema.








