"Me sentí vejada", denuncia una mujer con movilidad reducida tras incidente en un tren en el Pont d'Inca
"Me gritaban que me callase la boca y dejara de molestar"
Maria A. Mesquida | Mallorca, 14 de Octubre de 2025 | 07:55h

María Dolores Durà Moyano, vecina del Pont d'Inca con movilidad reducida, asegura haber sido insultada y humillada por pasajeros y agentes de seguridad al reclamar un asiento reservado por ley a personas con discapacidad. "Me sentí violada, vejada, ninguneada; todos los peores sentimientos los sentí yo", expresa.
El incidente ocurrió a las 8:34 horas del pasado martes, cuando la mujer, con dolor crónico en una pierna, subió al tren en la parada del Pont d'Inca hasta la estación Intermodal de Palma. Lo hacía, como cada mañana, para dirigirse a su lugar de trabajo.
Debido a su condición, que le dificulta la movilidad y la vida diaria, necesita usar los asientos reservados, que le permiten proteger su extremidad, ya que no puede doblarla, y un simple golpe puede agravarle su dolor crónico.
Ella acostumbra a ocupar un asiento reservado específicamente para personas con limitaciones físicas de movimiento. De hecho, está señalado con un dibujo que muestra a una persona en silla de ruedas, símbolo internacional de accesibilidad.
Al entrar a este medio de transporte público, se encuentra con un vagón repleto de gente, y con dos personas ocupando estos lugares preferentes con sus bicicletas.
Un espacio , que por ley debe existir, y no puede ser obstruido, reclama María Dolores. El Real Decreto 193/2023 establece la obligación de reservar un mínimo de dos asientos y un espacio para dos sillas de ruedas en vehículos de transporte público urbano e interurbano.
También decreta que estos espacios deben aparecer señalizados y ser de fácil acceso, para garantizar su uso por parte de personas con discapacidad.
Primero, les pidió a los turistas educadamente en castellano que movieran sus bicicletas, que están prohibidas en el tren, según indica la víctima de este incidente. Al ser extranjeros, los turistas le responden entre risas y en inglés que no la entienden. Entonces, María Dolores se dirige una vez más hacia ellos, en esta ocasión en inglés, para requerirles por segunda vez que liberen el asiento, según ha explicado ella misma a Crónica Balear.
Los dos turistas respondieron con indiferencia y se negaron a trasladar sus bicicletas.
"ME GRITABAN QUE ME CALLASE LA BOCA Y DEJARA DE MOLESTAR"
María Dolores recalca que el vagón estaba lleno de gente, pero nadie decidió intervenir ni apoyarla, sino más bien todo lo contrario. Ante la negativa de los dos extranjeros, los pasajeros estaban pendientes de la escena, aunque finalmente decidieron alzar la voz, pero para pedirle a la mujer que se callara.
"Me gritaban que me callase la boca y dejara de molestar" añade la afectada. Esta reacción negativa por parte de los pasajeros fue una de las cosas que más le sorprendieron, comenta.
Únicamente un grupo de chicas salieron más tarde en su defensa y reconocieron que ella tenía razón. Este sentimiento de abandono y discriminación lo sintió incluso por parte de los agentes de la seguridad, quienes, a su parecer, son los encargados de defenderla e intermediar en estas situaciones.
Según narra la víctima en una conversación con Crónica Balear, dos agentes de seguridad subieron al tren dos paradas después del Pont d'Inca, pero no intervinieron.
Además, esta situación de vejación y ninguneo no acabó al bajar del tren: allí ignoraron sus quejas y preguntas y tampoco le brindaron ayuda para localizar la comisaría de la estación e interponer una denuncia.
"Me sentí en un universo paralelo, no entendía nada", expresa. María Dolores defiende que ella no estaba pidiendo "nada fuera de lo normal", sino que estaba reclamando algo que está establecido por ley.
También denuncia la actuación de las fuerzas de seguridad de este medio de transporte público, quienes se posicionaron en su contra y llegaron a proferirle comentarios con tintes xenófobos, preguntando reiteradamente por sus orígenes "reales", por su acento argentino, aunque ella insistiera en que es del Pont d'Inca. "Una impunidad que me dejó asombrada", añade la víctima.
"NO EXISTIMOS"
Este incidente, que le provocó estrés y agravó su dolor crónico hasta el punto de necesitar atención médica, no es un hecho aislado, según asegura la afectada. Afirma que situaciones de discriminación similares se repiten cada mañana, aunque nunca con tanta magnitud.
Por este motivo, hace un llamamiento a las autoridades para sensibilizar a la población sobre la discapacidad y el respeto a este tipo de espacios reservados. "No existimos para la sociedad" concluye con rabia.







