"Nos han enseñado a ser productivos, no a estar bien": el agotamiento mental de un país precario
Voces mallorquinas relatan cómo la precariedad y la inestabilidad están minando el bienestar emocional
Penélope O. Álvarez | Mallorca, 11 de Octubre de 2025 | 07:31h

“La salud mental se deteriora cuando la vida se convierte en supervivencia”. Esta frase, incluida en el informe Precarios, inestables y estresados (PRESME, 2025) del Ministerio de Trabajo, resume la realidad de miles de personas en España que sufren la subida imparable del coste de la vida, los salarios estancados y una calidad de vida cada vez más precaria.
El estudio calcula que hasta 170.000 casos de depresión al año podrían estar directamente relacionados con la inestabilidad, los bajos salarios y la falta de control sobre el trabajo, una forma de “violencia estructural” que dinamita la autoestima y la seguridad emocional de quienes no pueden ni afrontar, en muchas ocasiones, un alquiler.
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A su vez, el artículo Los determinantes sociales y los problemas de salud mental (revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 2024) confirma que la desigualdad social es “la causa de las causas” del malestar. Las tasas más altas de trastornos mentales son más comunes en hogares donde los ingresos, la educación o el entorno residencial determinan el difícil acceso al bienestar.
Y no se puede hablar de precariedad sin mencionar el género. En España, las mujeres concentran la mayoría de los empleos precarios, asumen la mayor carga de cuidados y son las que más acuden a terapia o consumen ansiolíticos. Lo que ellas cargan en silencio es, en muchos casos, lo que los hombres ocultan por miedo al estigma. Nadie se salva.
EL COSTE DE VIVIR, EL PRECIO DE ENFERMAR
Ir al psicólogo se ha convertido en un lujo. Las sesiones de terapia privada cuestan entre 50 y 80 euros, y las más especializadas llegan a los 150. La realidad es que uno de cada cinco hogares se ve obligado a renunciar a recibir atención psicológica por motivos económicos o por las listas de espera, afirma el Consejo Económico y Social.
Con un coste medio de vida de 1.135 euros al mes —1.201 en Baleares— y un salario mediano de 1.540 euros, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la pregunta se impone: ¿cómo va a permitirse alguien hacer terapia?
“Habría que cambiar el sistema entero, no algo del sistema. Priorizar el bienestar sobre la productividad, a todos los niveles”, afirma Joana Rosa, de 54 años, diagnosticada de depresión. Para ella, cuidar la salud mental “ha sido siempre un lujo”. Explica que sin ayuda familiar o laboral es casi imposible salir adelante: “Aunque el trabajo duro lo haga una misma, sin la ayuda de familiares y amigos o sin una baja laboral, difícilmente saldrás adelante. Es un esfuerzo colectivo”.
El estigma agrava la situación: “En el trabajo creen que haces cuento. Si supieran lo que nos esforzamos por llevar una vida mínimamente normal, nos respetarían más”, añade.
Dani, de 27 años, lucha a diario con una depresión y fuertes episodios de ansiedad y lanza una metáfora clara: “¿A una persona que se ha roto la pierna y va escayolada le harías correr una maratón? Con la salud mental pasa lo mismo: no puedes pedirle a una persona con depresión que simplemente sonría y se vaya a trabajar. La salud mental es tan importante o más que la física".
“La depresión y la ansiedad pueden paralizarte la vida. Nos han enseñado a ser productivos, no a estar bien. Y cuando no lo eres, te tachan de vago o perdido, cuando en realidad solo hace falta empatía y escucha", lamenta.
Lisbeth, de 27 años y con varias terapias a las espaldas, reflexiona sobre la sociedad: “Ojalá que el mundo en general dé importancia a este tipo de salud, porque significaría que se está progresando como humanidad, pero eso está a años luz. Es algo que no creo que se tenga en cuenta como debe ser nunca".
Regina, de 40 años y diagnosticada de autismo, cree que la salud mental es un espejo de la sociedad actual: “A la gente se le olvida que todos somos personas. Cada década que pasa habrá más problemas de salud mental, porque nuestras sociedades están creadas para enfermar al individuo".
Para Regina, aceptar la diversidad es una parte esencial del bienestar colectivo: “La diversidad es necesaria y natural, y todos tenemos un papel en la naturaleza simplemente por existir".
BALEARES, UN ESPEJO DE LA CRISIS
En Baleares, el sindicato CSIF Illes Balears advirtió del deterioro creciente de la salud mental entre trabajadores públicos y privados debido a la precariedad, la sobrecarga y la falta de personal: “La salud mental también se trabaja, y su defensa empieza en los centros de trabajo, con políticas preventivas y recursos reales".
A ello se suma la denuncia de Consubal, que alertó de la “insostenible” situación de las listas de espera, con citas que llegan a fijarse hasta dos años después de la derivación: “En algunos casos, pacientes derivados en 2024 han sido citados para mayo de 2026".
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Los informes lo advierten y las historias personales lo confirman: la precariedad, los salarios bajos y la subida del coste de la vida están deteriorando la salud mental en España. Mientras la atención pública no alcanza y la privada se encarece, miles de personas viven atrapadas entre el agotamiento, la culpa y la necesidad de seguir funcionando.
Como dice Joana: “Los esfuerzos nunca son individuales". Pero en un país donde vivir ya agota, cuidar la mente sigue siendo, para muchos, una tarea agotadora e inalcanzable. Mientras el coste de vivir sigue subiendo, el bienestar mental sigue bajando. Y entre ambos extremos, cada vez más personas aprenden a sobrevivir.
AYUDA
Si estás pasando por un mal momento o tienes ideas suicidas, puedes llamar al Teléfono de la Esperanza (971 46 11 12), una línea telefónica a la que se puede llamar de forma anónima donde voluntarios atienden 24 horas al día a cualquier cuestión de salud emocional. Proporcionan atención, comprensión y ayuda a personas que estén pasando algún momento muy difícil, con cualquier tipo de crisis.
El Ministerio de Sanidad cuenta con la línea de atención a la conducta suicida (024) en la que se ofrece ayuda a personas con pensamientos, ideaciones o riesgo de conducta suicida, y a sus familiares o personas cercanas. Es un servicio nacional, gratuito y confidencial disponible las 24 horas del día, los 365 días del año.
En caso de emergencia vital inminente puede llamar directamente al teléfono de emergencias 112.









