El precio de estar bien en Baleares: “He tenido que pedir dinero prestado para pagar a mi psicólogo”
Joana Rosa, Dani, Mercedes, Lisbeth y Regina explican cómo es para ellos cuidar la salud mental cuando no pueden permitírselo
Penélope O. Álvarez | Mallorca, 10 de Octubre de 2025 | 18:41h

Cuidar de la salud mental en España sigue siendo un lujo para muchos. Hoy en día, entre terapias que llegan hasta los 80 euros por sesión, esperas que pueden alcanzar más de un año y un sistema público saturado, vivir en modo supervivencia con el piloto automático encendido las 24 horas del día es lo único que les queda a muchos para seguir con sus vidas.
Por desgracia, el bienestar emocional solo está al alcance de quien puede pagarlo. Sin embargo, detrás de los números hay vidas en pausa, diagnósticos que llegan tarde y medicaciones que pretenden sustituir a la voz y el conocimiento de un psicólogo o un psiquiatra.
UN SISTEMA PÚBLICO QUE POCO ABARCA Y MUCHO APRIETA
La atención es insuficiente, fragmentada y desigual: en España hay una media de 6 psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes, frente a los 18 de la media europea. En psiquiatría, la ratio es de 9 por cada 100.000.
El Consejo Económico y Social (CES) calcula que los problemas de salud mental suponen un coste del 4,2 % del PIB español y advierte que el país “gasta poco y mal”: la mayoría de fondos se destinan a fármacos y hospitalización, mientras que la prevención o la psicoterapia apenas reciben apoyo.
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El resultado no sorprende a nadie: la sanidad pública no puede acoger a quien lo necesita y los médicos de cabecera se ven obligados a medicar a los “supervivientes” a la espera de que llegue su turno con un psicólogo que les dedica 20 minutos de su tiempo. Quien puede, lo paga, pero ¿y quién no puede?, ¿qué hace?
CUANDO LA AYUDA SE PAGA
Ir al psicólogo es un privilegio que pocos se pueden permitir. Las sesiones de terapia privada cuestan entre 50 y 80 euros, y en los casos más especializados la primera visita puede alcanzar los 150 euros. Según el CES, uno de cada cinco hogares se ha visto obligado a renunciar a atención psicológica por motivos económicos o por culpa de las listas de espera.
Según estos datos, el coste de un acompañamiento terapéutico semanal está entre los 2.600 y los 4.160 euros al año (unos 200–320 euros al mes). Con un coste de vida medio de 1.135 euros al mes, que sube hasta los 1.201 euros en Baleares, y un salario mediano mensual de unos 1.540 euros —que apenas aumenta 10 euros en el archipiélago, según datos de la Encuesta de Estructura Salarial de 2022, ¿cómo va a permitirse alguien hacer terapia?
El informe del Ministerio de Sanidad revela que una de cada tres personas en España sufre algún problema de salud mental, una proporción que se dispara en mayores de 75 años. Aun así, solo el 20 % de las consultas psiquiátricas se realizan en la sanidad pública, lo que provoca que un 80 % recaiga en el sector privado, donde la rapidez se paga y la terapia se convierte en privilegio.
“Solo quienes pueden pagar, o quienes están realmente graves, acceden a apoyo psicológico de forma rápida. La salud mental no debería depender del nivel económico”, advierte el psicólogo José González.
BALEARES, UN ESPEJO DEL COLAPSO
En Baleares, la crisis de salud mental tiene cifras propias y alarmantes. Según el último Informe Anual del Sistema Nacional de Salud, el 41,6 % de la población balear sufre algún problema de salud mental, una proporción muy superior a la media nacional (33,1 %). La comunidad ocupa el cuarto lugar del país en prevalencia, solo por detrás de Canarias, Comunidad Valenciana y Murcia.
Las listas de espera para acceder a una primera cita en psiquiatría o psicología clínica superan los 14 meses en algunos hospitales, y el Col·legi Oficial de Psicòlegs de les Illes Balears (COPIB) denuncia que hay 24 plazas de psicólogo clínico sin cubrir en atención primaria.
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Mientras tanto, casi el 18 % de la población balear consume antidepresivos o ansiolíticos, un indicador del desbordamiento del sistema. En 2022 se registraron 103 suicidios, la cifra más alta de la serie histórica, lo que convierte al suicidio en la primera causa de muerte no natural en el archipiélago.
"HE TENIDO QUE PEDIR DINERO PRESTADO PARA PAGAR TERAPIA"
Joana Rosa, de 54 años, sabe bien lo que es vivir durante años con un diagnóstico sin recursos suficientes. "Un dia, después de que mi hermana llevara tiempo insistiéndome en ir al médico, se me cayó un boli al suelo y se me vino el mundo encima”. Pasó dos horas llorando sin entender por qué. Dos semanas después le diagnosticaron depresión: “Tuvieron que pasar 18 años más antes de que alguien me dijera que lo mío era crónico".
Los primeros síntomas fueron confusos: “Tenía ganas de llorar por nada, estaba siempre cansada y nada me apetecía. Ni siquiera las cosas que me encantaba hacer". Asegura que durante años no supo que necesitaba ayuda: “Yo me tomaba mis pastillas y me creía que se me quitaría".
Para ella, cuidar la salud mental siempre ha sido un lujo: “He tenido que pedir dinero prestado para pagar a mi psicólogo”. Y es tajante sobre lo que debería cambiar: “Habría que cambiar el sistema entero, no algo del sistema. Priorizar el bienestar sobre la productividad, a todos los niveles".
"EL TIEMPO DE ESPERA ES VERGONZOSO Y PELIGROSO"
Dani, de 27 años, cayó en una depresión muy fuerte y acompañada de ansiedad. Acudió a su médica de cabecera porque no podía permitirse terapia privada. “Le comenté que estaba teniendo más de un ataque de ansiedad al día. Me recetó un antidepresivo y me derivó a psicología. Esperé más de siete meses, y porque estuve reclamando. Cuando finalmente llegué al psicólogo, me derivó a la psiquiatra: dos meses más de espera. Entre citas pasan tres meses. No solo es vergonzoso el tiempo de espera, sino que es peligroso".
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Dani cree que cuidar la salud mental se ha convertido en un privilegio: “Llevo más de un año esperando un diagnóstico o que un profesional me escuche más de 20 minutos cada tres meses. Lo único que puedo hacer es esperar y aguantar. He estado mirando psicólogos privados, pero los precios rondan los 70-80 euros la sesión, y si ya quieres un especialista, la primera puede costar 150. Es un escándalo".
“CUANDO NO PUEDES PAGARLA, DEJAS DE ESTAR BIEN”
Regina, de 40 años, lleva toda una vida lidiando con su salud mental. Aunque ha acudido varias veces a terapia llevada por otras personas (la primera con seis años), su primera decisión consciente de buscar ayuda llegó hace poco: “La única vez que he buscado ayuda ha sido después de los 30 años, por ideaciones suicidas fuertes y no querer llevarlas a cabo. Gracias a las redes empecé a investigar mis síntomas, descubrí que era autista y busqué a un profesional específico. Desde que tengo diagnóstico parece que estoy mejorando mucho”.
En su caso, recurrió a terapia privada: “La terapia es cara, aunque el IMAS tiene ayudas para salud mental. Tengo discapacidad y el año próximo quiero pedir la ayuda por primera vez”. Aun así, su entorno ha sido clave. “Mi familia ve la salud mental como una prioridad necesaria. He tenido la suerte de que cuando no puedo pagarme las sesiones, mis padres me ayudan”, señala.
“LOS PROBLEMAS MÁS GRAVES SON LOS MÁS CAROS DE TRATAR”
Mercedes, de 27 años, sufrió abuso físico y psicológico en la infancia y un episodio de estrés postraumático que arrastró durante una década. “Encontré a una psicóloga maravillosa una web que ofrecía un servicio económico para empezar pero que no estaba especializada en trauma".
“El problema es que cuando pasas de una terapia generalista a una especializada, todo se complica”, añade. “La primera psicóloga me costaba 30 euros por una sesión de 40 minutos; la segunda, 70 euros la hora. Por lo delicado del proceso yo tenía que ir cada semana y eso aumenta mucho el gasto”.
Finalmente, tuvo que dejarlo por dinero: “Setenta euros a la semana son 280 al mes, y no podía espaciarlo porque entorpecía el proceso".
“Para familias o personas en riesgo de exclusión social, siempre ha sido un privilegio. Pero incluso fuera de esos casos, si el problema es más grave el precio se dispara porque se necesita más formación y especialización. En cambio, cuando se trata de algo más común, hay más oferta y los precios bajan”, lamenta Mercedes.
“LA SALUD MENTAL SIEMPRE HA SIDO UN LUJO”
Lisbeth, de 27 años, recibió ayuda por primera vez siendo menor de edad, cuando los servicios sociales la derivaron a un psicólogo por la situación disfuncional en su familia. “Sentía que me quería morir y no quería seguir en ese entorno”, recuerda.
Aquella primera vez fue una decisión de las instituciones, pero más adelante volvió por su cuenta: “A medida que iba creciendo y podía pagármelo, me lo pagué yo, porque sabía que necesitaba terapia". Pero el dinero fue un obstáculo constante: “Las sesiones cuestan entre 50 y 75 euros. Estuve tres años con una terapeuta, pero cuando subió a 75 tuve que dejarlo. En la que estoy ahora hay meses que no puedo ir por motivos económicos”, explica.
Para Lisbeth, cuidar la mente es un privilegio: “La salud mental siempre ha sido un lujo, porque no todos pueden apreciar lo que vale y lo que realmente importa. He hecho muchísimos sacrificios para poder estar bien, tanto económicos como personales, solo para poder subsistir”.
“Me encantaría que todo el mundo tuviera derecho y deber de ir al terapeuta al menos dos veces al mes. Ojalá se diera más visibilidad, pero de una manera correcta, no victimizada ni errónea. Para lograrlo habría que desmontar muchísimos prejuicios culturales y pensamientos muy arraigados”, reivindica.
LAS SOLUCIONES QUE LLEGAN TARDE
Justo un día antes de que se celebre el Día Mundial de la Salud Mental, 10 de octubre, la presidenta del Govern balear, Marga Prohens, ha presentado el Plan Estratégico para el Bienestar Emocional y la Salud Mental 2025–2030 con el objetivo de impulsar un nuevo modelo asistencial centrado en la atención primaria y la coordinación entre sanidad, educación y servicios sociales.
El plan incluye siete líneas estratégicas y 122 medidas. Entre ellas, la creación de una Comisión Interinstitucional de Salud Mental y un sistema de atención escalonado según la gravedad de los casos.
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Ha anunciado, además, que el 15 de octubre se pondrá en marcha un programa piloto con 16 nuevos psicólogos en centros de salud —9 en Mallorca, 3 en Menorca y 4 en Ibiza y Formentera— para reducir las listas de espera y atender los casos leves desde la atención primaria.
¿Será suficiente?
AYUDA
Si estás pasando por un mal momento o tienes ideas suicidas, puedes llamar al Teléfono de la Esperanza (971 46 11 12), una línea telefónica a la que se puede llamar de forma anónima donde voluntarios atienden 24 horas al día a cualquier cuestión de salud emocional. Proporcionan atención, comprensión y ayuda a personas que estén pasando algún momento muy difícil, con cualquier tipo de crisis.
El Ministerio de Sanidad cuenta con la línea de atención a la conducta suicida (024) en la que se ofrece ayuda a personas con pensamientos, ideaciones o riesgo de conducta suicida, y a sus familiares o personas cercanas. Es un servicio nacional, gratuito y confidencial disponible las 24 horas del día, los 365 días del año.
En caso de emergencia vital inminente puede llamar directamente al teléfono de emergencias 112.











