El color de los platos influye en cuánto y cómo comemos
La ciencia demuestra que el color del plato puede alterar la percepción del apetito y la sensación de saciedad
Alicia D. Romero | Mallorca, 09 de Octubre de 2025 | 04:00h

Comer no siempre responde al hambre, sino también a cómo percibimos lo que tenemos delante. Diversas investigaciones han demostrado que el color de los platos, vasos y cubiertos puede modificar tanto la cantidad de comida que servimos como la forma en que interpretamos las porciones.
Este fenómeno, conocido como “efecto Delboeuf”, revela cómo los estímulos visuales pueden confundir al cerebro y alterar nuestra conducta alimentaria.
Uno de los elementos más influyentes es el contraste entre el color del plato y el de los alimentos. Un estudio de la Universidad de Cornell comprobó que las personas tienden a servirse raciones más abundantes cuando el plato y la comida tienen tonalidades similares. Por ejemplo, solemos poner más pasta con salsa blanca en platos claros y más pasta con salsa de tomate en platos rojizos o anaranjados.
La explicación es sencilla: cuando los colores se asemejan, el cerebro tiene más dificultades para distinguir los límites entre el plato y la comida, lo que lleva a sobrestimar la cantidad servida. En cambio, un mayor contraste ayuda a calcular mejor el tamaño de la porción y favorece una alimentación más consciente.
LOS TONOS CÁLIDOS AUMENTAN LA SENSACIÓN DE HAMBRE
No todos los colores provocan las mismas reacciones. Los tonos cálidos, como el rojo, el naranja o el amarillo, estimulan el apetito y la actividad sensorial, motivo por el que son habituales en restaurantes y cadenas de comida rápida. Estos colores despiertan los sentidos y aumentan la sensación de hambre.
Por el contrario, los tonos fríos como el azul o el verde suelen reducir el apetito. El azul, poco frecuente en los alimentos naturales, se asocia de manera inconsciente con lo “no comestible”. Comer en platos azules o turquesa puede ayudar a controlar la cantidad de comida, lo que resulta útil en dietas de adelgazamiento.
El color también altera la percepción del sabor. Investigadores de la Universidad de Oxford descubrieron que los alimentos servidos en platos blancos se perciben como más dulces, mientras que los que se presentan en platos oscuros o negros resultan más intensos o amargos.
Incluso el color de los cubiertos y vasos puede modificar la experiencia sensorial: un postre servido en un plato claro o con una cuchara neutra puede parecer más equilibrado que si se presenta con utensilios oscuros o de tonos fuertes.
EL PODER VISUAL DE LA ALIMENTACIÓN
Elegir el color adecuado de la vajilla puede ser una herramienta sencilla para influir en la conducta alimentaria. Si el objetivo es reducir las porciones, conviene usar platos de colores fríos o que contrasten con la comida. En cambio, si se busca estimular el apetito, como en el caso de niños o personas con poco interés por comer, los tonos cálidos resultan más eficaces.
Pequeñas variaciones visuales pueden tener un impacto real en nuestros hábitos alimentarios, recordándonos que comer también es un acto de psicología y percepción.
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