Viaja a 210.000 km/h y viene de otra galaxia: el cometa 3I/ATLAS ya intriga a la ciencia
Pasará a 240 millones de km de la Tierra y podría dar pistas sobre cómo nacen planetas y mundos habitables
Alicia D. Romero | Mallorca, 03 de Octubre de 2025 | 11:01h

El recién llegado 3I/ATLAS no es un cometa cualquiera. Su descubrimiento, confirmado este verano desde Chile, lo coloca en una categoría extremadamente rara: la de los objetos interestelares. Solo se han observado dos antes que él, Oumuamua en 2017 y Borisov en 2019. Su llegada, veloz y silenciosa, abre una ventana única para estudiar cómo se formaron sistemas planetarios más allá del nuestro.
El 1 de julio de 2025, el telescopio ATLAS, situado en Río Hurtado (Chile), detectó una trayectoria inusual. Pronto quedó claro que no se trataba de un cometa local. Los cálculos orbitales confirmaron su origen interestelar y la Unión Astronómica Internacional le asignó la designación oficial: 3I/ATLAS. El código resume su identidad: el “3” señala que es el tercero de su clase, la “I” indica su naturaleza interestelar y “ATLAS” recuerda al programa que lo descubrió.
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CARACTERÍSTICAS: VELOCIDAD RÉCORD Y UN VIAJE MILENARIO
Se estima que el cometa mide entre unos cientos de metros y varios kilómetros y viaja a unos 210.000 km/h, la velocidad más alta jamás registrada para un visitante del Sistema Solar. Su paso será lejano: se acercará como máximo a 240 millones de kilómetros de la Tierra y a unos 30 millones de kilómetros de Marte. Aunque su velocidad y trayectoria son impresionantes, no representa ninguna amenaza para nuestro planeta.
Los astrónomos calculan que lleva miles de millones de años viajando por el espacio interestelar, lo que explica tanto su velocidad como su composición primitiva.
Pese a la distancia, los telescopios espaciales ya han conseguido información valiosa. El Hubble ha registrado columnas de polvo expulsadas desde su superficie, mientras que el James Webb ha detectado agua, dióxido de carbono y monóxido de carbono en la nube que lo rodea. Este comportamiento recuerda al de los cometas nacidos en nuestro propio Sistema Solar.
EL PAPEL DE LA ESA Y SUS SONDA INTERPLANETARIAS
La Agencia Espacial Europea (ESA) se sumará al seguimiento con varias de sus misiones. En octubre, las sondas Mars Express y ExoMars TGO apuntarán sus instrumentos hacia el cometa durante su máxima aproximación a Marte. En noviembre será el turno de la misión JUICE, actualmente en ruta hacia Júpiter, que podría ofrecer algunas de las observaciones más detalladas.
Los datos, sin embargo, tardarán meses en llegar a la Tierra. Debido a la posición de la nave y a las limitaciones de transmisión, no se espera recibir resultados completos hasta principios de 2026.
La Oficina de Defensa Planetaria de la ESA participa en el rastreo del cometa, aunque subraya que no es un objeto cercano a la Tierra. En su punto de mayor proximidad, 3I/ATLAS estará incluso al otro lado del Sol. Aun así, su estudio es fundamental. Como recordó la NASA, los cometas interestelares son mensajeros de otros sistemas estelares y pueden contener pistas sobre cómo se forman los planetas y, en última instancia, la vida.
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LO QUE VIENE DESPUÉS
El cometa alcanzará su perihelio, es decir, su punto más cercano al Sol, a finales de octubre de 2025. Tras ese momento, se alejará rápidamente hacia el espacio profundo. No habrá tiempo para enviar una misión que lo visite de cerca, pero las observaciones actuales ya están aportando información clave.
La ESA, por su parte, trabaja en el proyecto Comet Interceptor, sucesor de la misión Rosetta que en 2014 logró posar una sonda sobre el cometa 67P/Churyumov–Gerasimenko. El objetivo es estar preparados para futuros descubrimientos, quizás incluso de otro visitante interestelar.
Todos los planetas, lunas y asteroides del Sistema Solar comparten un mismo origen. Los cometas interestelares, en cambio, son auténticos viajeros cósmicos, llegados de lugares lejanos. 3I/ATLAS se suma ahora a esa breve lista de forasteros que, aunque efímeros en nuestro cielo, pueden contarnos historias sobre el nacimiento de mundos situados a años luz de distancia.









