Por qué algunas personas pueden mover las orejas y otras no: la curiosa explicación científica
La capacidad de mover las orejas depende de la activación de los músculos auriculares
Alicia D. Romero | Mallorca, 25 de Septiembre de 2025 | 06:00h

Mover las orejas es una habilidad que pocas personas poseen y que siempre llama la atención por su rareza. Aunque parece un simple gesto divertido, este movimiento tiene una explicación evolutiva y genética que determina quién puede hacerlo y quién no, conectando a los seres humanos con comportamientos propios de otros mamíferos.
UN RASTRO DE NUESTROS ANCESTROS
La capacidad de mover las orejas depende de la activación de los músculos auriculares, pequeños tejidos situados alrededor del pabellón auditivo. En los seres humanos, estos músculos son vestigiales, es decir, restos de estructuras que tuvieron una función más útil en etapas anteriores de la evolución. Nuestros antepasados mamíferos los utilizaban para orientar las orejas hacia los sonidos, una habilidad que aún conservan animales como gatos, perros o caballos.
No todas las personas cuentan con el mismo control sobre estos músculos. Los estudios indican que la capacidad de mover las orejas está influida por la genética: algunas personas nacen con una mayor conexión entre los músculos auriculares y las fibras nerviosas que los activan. Sin embargo, incluso quienes tienen esta predisposición necesitan entrenamiento para perfeccionar el movimiento, ya que el control no es automático.
El proceso depende además de la activación de un grupo de nervios faciales, responsables de enviar las señales a los músculos auriculares. En quienes no logran mover las orejas, estas conexiones suelen ser más débiles o el cerebro no consigue estimularlas de manera voluntaria. Curiosamente, investigaciones en neurociencia han demostrado que, con práctica y concentración, algunas personas pueden desarrollar cierto control parcial, aunque no siempre se traduce en un movimiento visible.
UNA HABILIDAD DIVERTIDA SIN FUNCIÓN ACTUAL
Aunque mover las orejas no aporta un beneficio real en la vida moderna, sigue siendo una curiosidad evolutiva que nos recuerda el vínculo con nuestros antepasados. Para quienes logran hacerlo, se convierte en una anécdota sorprendente que despierta sonrisas en reuniones y demuestra que el cuerpo humano conserva pequeñas capacidades heredadas de otros tiempos.
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