Por qué el ajo deja olor en las manos y cómo eliminarlo de verdad

Alicia D. Romero | Mallorca, 24 de Septiembre de 2025 | 05:00h

El ajo es un ingrediente imprescindible en la cocina mediterránea y en infinidad de platos alrededor del mundo, pero su uso tiene una consecuencia poco agradable: un olor persistente en las manos que parece resistirse al agua y al jabón. Este fenómeno, tan común como molesto, tiene una explicación científica y varias soluciones eficaces que pueden aplicarse en casa para disfrutar de este alimento sin incomodidades posteriores.

A lo largo de la historia, el ajo ha sido valorado no solo por su sabor y aroma, sino también por sus propiedades medicinales. Culturas antiguas como la egipcia, la griega y la china lo empleaban como remedio natural para fortalecer el sistema inmunitario y combatir infecciones. Sin embargo, su potente composición química es precisamente la que genera ese olor tan característico que se adhiere a la piel. Entender por qué ocurre este efecto es el primer paso para eliminarlo de manera efectiva.

LA QUÍMICA DETRÁS DEL OLOR


Cuando se corta, machaca o pela un diente de ajo, sus células liberan alicina, un compuesto azufrado que se forma al combinarse la enzima alinasa con otros precursores naturales. Estos compuestos de azufre son extremadamente volátiles, lo que les permite adherirse con facilidad a la piel y, sobre todo, a las proteínas de la superficie de las manos. Esta unión química es la razón por la que el olor persiste incluso después de lavarse con agua caliente o jabón común, ya que las moléculas se fijan a las queratinas presentes en la epidermis.

El ajo comparte esta característica con otros alimentos ricos en azufre, como la cebolla o los puerros, aunque su concentración de compuestos es mayor. Este detalle explica por qué el olor del ajo resulta más intenso y duradero. Curiosamente, la misma alicina que impregna la piel es la responsable de muchas de las propiedades antioxidantes y antibacterianas que convierten al ajo en un superalimento.

Además, la temperatura y el tiempo de exposición influyen en la liberación de estos compuestos. Cuanto más se tritura o se calienta el ajo, mayor es la cantidad de azufre que se libera, intensificando el olor. Por ello, las preparaciones en las que el ajo se usa crudo o machacado suelen dejar un aroma más persistente que aquellas en las que se cocina entero.

TRUCOS EFICACES PARA ELIMINARLO


Aunque parezca imposible, existen varios métodos respaldados por la experiencia y la ciencia para eliminar el olor del ajo de las manos de forma rápida y segura. Entre los más populares se encuentran:

  • Acero inoxidable: frotar las manos contra una cuchara, el grifo o una barra de acero inoxidable bajo el chorro de agua ayuda a neutralizar los compuestos de azufre, gracias a una reacción química que los descompone.
  • Zumo de limón o vinagre: la acidez de estos líquidos rompe las moléculas responsables del mal olor. Basta con frotar las manos durante unos segundos y enjuagar después para notar la diferencia.
  • Bicarbonato de sodio: mezclado con un poco de agua, actúa como exfoliante y neutralizador, eliminando las partículas adheridas a la piel.
  • Café molido o sal gruesa: además de eliminar el olor, dejan las manos más suaves al actuar como un exfoliante natural que retira las capas superficiales impregnadas de compuestos de azufre.

Estos trucos, además de ser económicos, resultan respetuosos con la piel, ya que no requieren productos químicos agresivos. Pueden aplicarse de inmediato tras cocinar para evitar que el olor penetre en las capas más profundas de la epidermis.

PREVENIR ES MEJOR


Para quienes manipulan ajo con frecuencia, la prevención es una estrategia igual de eficaz que la limpieza. Usar guantes de cocina al pelar o picar los dientes de ajo crea una barrera protectora que impide el contacto directo con los compuestos azufrados. Otra opción es frotar las manos con una ligera capa de aceite vegetal antes de comenzar a cocinar, lo que forma una película que dificulta la adhesión del olor y facilita el lavado posterior.

El olor del ajo, lejos de ser un simple inconveniente, es una muestra de su riqueza química, la misma que le otorga propiedades antioxidantes, antibacterianas y beneficios para la salud cardiovascular. Con estos trucos y medidas preventivas, es posible disfrutar de su inconfundible sabor en salsas, guisos o aderezos sin tener que soportar su persistente aroma en la piel durante horas. De este modo, tradición culinaria y comodidad pueden convivir perfectamente en la cocina.

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