Por qué algunas personas pueden detectar tormentas antes de que lleguen

El comportamiento animal también ofrece pistas valiosas

Alicia D. Romero | Mallorca, 18 de Septiembre de 2025 | 00:00h

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Hay quienes aseguran poder prever una tormenta incluso cuando el cielo todavía parece tranquilo y despejado. Aunque a primera vista pueda parecer un don casi sobrenatural, la ciencia explica este fenómeno como el resultado de una combinación de cambios atmosféricos, sensibilidad corporal y una percepción sensorial más aguda. Lejos de ser magia, esta capacidad es una interacción entre el cuerpo humano y el entorno, donde los sentidos actúan como una herramienta de alerta temprana frente a los fenómenos meteorológicos. 

Los especialistas en meteorología señalan que antes de que se formen las nubes cargadas de lluvia, el ambiente comienza a modificar de manera imperceptible su composición. Estas variaciones, que pueden pasar desapercibidas para la mayoría, son detectadas por personas con mayor sensibilidad, capaces de identificar pequeños cambios en el aire, la temperatura o incluso en su propio cuerpo. Quienes desarrollan esta habilidad suelen tener un contacto frecuente con la naturaleza, lo que les permite asociar señales físicas con la llegada del mal tiempo.

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LA PRESIÓN ATMOSFÉRICA, EL PRIMER AVISO


Uno de los factores más determinantes es la presión barométrica. Antes de una tormenta, la presión atmosférica suele descender de forma notable, alterando el equilibrio que normalmente percibe el cuerpo. Este cambio puede provocar dolores de cabeza, sensación de pesadez o molestias articulares, especialmente en personas con migrañas o artritis. En estos casos, el organismo actúa de manera involuntaria como un barómetro natural, enviando señales que, interpretadas correctamente, sirven de advertencia.

El descenso de la presión no solo afecta a quienes padecen dolencias crónicas, también puede provocar una ligera sensación de fatiga, somnolencia o inquietud general. Este tipo de síntomas, aunque leves, pueden aparecer horas antes de que la tormenta sea visible, ofreciendo una pista temprana sobre el cambio de tiempo. Para los meteorólogos, estas reacciones confirman la estrecha relación entre el cuerpo humano y los fenómenos atmosféricos.

OLORES Y SENSACIONES EN EL AIRE


El aire es otro mensajero silencioso. Antes de que comiencen las precipitaciones, aumenta la concentración de ozono, un gas que desprende un característico olor metálico o fresco que muchas personas logran identificar. Ese aroma, similar al que se percibe tras una descarga eléctrica, es una señal clara de que la tormenta está próxima. A la vez, la humedad creciente y las variaciones de temperatura pueden provocar sensaciones en la piel, como escalofríos, un ligero hormigueo o una percepción de “aire pesado” que alerta a los más sensibles.

Quienes pasan largos periodos al aire libre, como agricultores, pescadores o senderistas, suelen afinar este sentido de manera natural. Al asociar los cambios en el olor, la humedad y la temperatura con la llegada de lluvias, desarrollan una especie de memoria sensorial que les permite anticiparse al clima. De esta forma, lo que parece intuición es en realidad una lectura precisa de señales ambientales.

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LOS ANIMALES COMO INDICADORES NATURALES


El comportamiento animal también ofrece pistas valiosas. Aves, insectos y mamíferos perciben con antelación las variaciones en la presión y la electricidad del aire. Es habitual que los pájaros vuelen más bajo, que los insectos busquen refugio o que los mamíferos se muestren inquietos horas antes de las primeras gotas. Estas reacciones, observadas con atención, pueden servir como un sistema de alerta complementario para quienes saben interpretarlas.

Este tipo de señales son especialmente evidentes en entornos rurales, donde el contacto con la fauna permite identificar patrones de conducta previos a la tormenta. En áreas urbanas, aunque la presencia de animales es menor, todavía pueden percibirse cambios en el vuelo de las aves o en la actividad de los insectos.

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UNA COMBINACIÓN DE CIENCIA Y PERCEPCIÓN


Aunque no se trata de un sexto sentido, la capacidad de anticipar tormentas depende de la atención a los detalles y de una mayor sensibilidad a los cambios ambientales. Quienes desarrollan esta habilidad no poseen poderes extraordinarios; simplemente han aprendido a relacionar los indicios físicos y sensoriales con los fenómenos meteorológicos. Detectar una tormenta antes de que se forme no es magia, sino el resultado de la interacción entre el cuerpo humano y los sutiles cambios que preceden al mal tiempo.

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