Qué causa la destrucción de la capa de ozono y por qué sigue siendo un desafío ambiental
El adelgazamiento de la capa de ozono permite el paso de mayores niveles de radiación ultravioleta
Alicia D. Romero | Mallorca, 17 de Septiembre de 2025 | 11:14h

La capa de ozono, situada en la estratósfera entre 15 y 30 kilómetros de altura, actúa como un escudo natural que filtra la radiación ultravioleta (UV) del Sol. Esta franja de gas protege a los seres vivos de daños en la piel, enfermedades oculares y alteraciones en los ecosistemas. Sin embargo, desde mediados del siglo XX, la actividad humana ha puesto en peligro esta barrera vital, provocando su adelgazamiento y la aparición del conocido agujero de ozono, especialmente sobre la Antártida.
El descubrimiento de este fenómeno, en la década de 1980, generó una alarma mundial. Los científicos advirtieron que, sin una acción inmediata, el incremento de radiación ultravioleta tendría efectos devastadores para la salud y el medio ambiente. Desde entonces, la capa de ozono se ha convertido en uno de los principales indicadores del impacto de las actividades humanas sobre la atmósfera y un ejemplo de cómo la cooperación internacional puede frenar una crisis global.
Qué es la capa de ozono y por qué es vital para la vida en la Tierra
La capa de ozono es una franja de gas situada en la estratósfera, entre 15 y 30 kilómetros de altura, cuya función...
LOS PRINCIPALES RESPONSABLES: LOS CFC Y OTROS COMPUESTOS
La principal causa de la destrucción de la capa de ozono son los clorofluorocarbonos (CFC), sustancias químicas que durante décadas se usaron en aerosoles, refrigeradores, aires acondicionados y espumas aislantes. Cuando estos compuestos alcanzan la estratósfera, la radiación solar los descompone, liberando átomos de cloro. Cada átomo de cloro puede destruir miles de moléculas de ozono, iniciando una reacción en cadena que debilita la capa protectora.
Además de los CFC, otros productos como los halones (empleados en extintores), el tetracloruro de carbono y el metilcloroformo también contribuyen a este proceso. Incluso algunos gases de origen natural, como el óxido nitroso, pueden agravar el problema cuando se emiten en grandes cantidades por actividades agrícolas o industriales. La combinación de estas sustancias amplifica el deterioro del ozono, generando un ciclo de destrucción que, de no haberse frenado, habría tenido consecuencias irreversibles para la vida en la Tierra.
La facilidad con la que estos compuestos se dispersan en la atmósfera hizo que, durante décadas, su presencia se multiplicara a nivel global. La acción de la radiación solar en la estratósfera convierte a estos gases en verdaderos catalizadores de destrucción, capaces de mantener su efecto durante años incluso después de que se detenga su producción. Por ello, los científicos insisten en que el control de estas sustancias es fundamental para asegurar la recuperación completa del ozono.
CONSECUENCIAS PARA LA VIDA EN LA TIERRA
El adelgazamiento de la capa de ozono permite el paso de mayores niveles de radiación ultravioleta, aumentando el riesgo de cáncer de piel, cataratas y debilitamiento del sistema inmunológico en humanos. La exposición prolongada a los rayos UV también afecta a la fauna, especialmente a los ecosistemas marinos. El fitoplancton, base de la cadena alimentaria oceánica, es especialmente sensible a esta radiación, y su disminución altera el equilibrio de la vida marina.
En los ecosistemas terrestres, la radiación extra puede frenar el crecimiento de plantas, reducir las cosechas y modificar los ciclos naturales de numerosas especies. Estas alteraciones no solo amenazan la biodiversidad, sino que también afectan a la seguridad alimentaria de millones de personas. El impacto económico, desde la agricultura hasta la pesca, refuerza la urgencia de mantener las medidas de protección y evitar cualquier retroceso en los avances conseguidos.
MEDIDAS GLOBALES Y SIGNOS DE RECUPERACIÓN
La gravedad de esta situación llevó a la firma del Protocolo de Montreal en 1987, un acuerdo internacional que prohibió progresivamente el uso de CFC y otros compuestos destructores del ozono. Este tratado, considerado uno de los mayores éxitos de la diplomacia ambiental, logró una reducción drástica de las emisiones de sustancias dañinas.
Gracias a estas medidas, los científicos han observado una recuperación paulatina de la capa de ozono, con previsiones que apuntan a una restauración casi completa a mediados del siglo XXI si se mantienen las políticas actuales. Informes recientes de la ONU y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) estiman que, de continuar las regulaciones, la capa podría recuperarse hacia 2040 en la mayor parte del planeta y entre 2050 y 2060 en las regiones polares. Este avance demuestra que la cooperación global, basada en la ciencia, puede revertir una crisis ambiental de escala planetaria.
Los sistemas de monitoreo satelital y las mediciones atmosféricas en distintas regiones confirman la tendencia positiva. Aun así, los expertos insisten en que la recuperación es lenta y depende del estricto cumplimiento de las restricciones, ya que los CFC pueden permanecer en la atmósfera durante décadas antes de degradarse por completo.
UN ESCUDO QUE NECESITA VIGILANCIA CONSTANTE
Pese a los avances, los especialistas advierten que es necesario mantener la vigilancia internacional. Nuevos contaminantes, el cambio climático y las emisiones de gases de efecto invernadero podrían alterar los patrones atmosféricos y frenar el progreso alcanzado. Incidentes como la detección de emisiones ilegales de CFC-11 en Asia oriental demuestran que una sola brecha en el control puede retrasar años de recuperación.
Mantener la capa de ozono intacta es esencial no solo para la salud humana, sino también para la estabilidad de los ecosistemas que dependen de este escudo invisible. Los científicos coinciden en que la experiencia del Protocolo de Montreal debe servir de ejemplo para otros retos ambientales, como el cambio climático, que requieren el mismo nivel de compromiso y cooperación global para garantizar un futuro seguro para el planeta.








