El motivo científico por el cual deberíamos dar más abrazos
Detrás de este gesto simple se esconde una compleja reacción biológica
Alicia D. Romero | Mallorca, 17 de Septiembre de 2025 | 04:00h

Un abrazo puede parecer un gesto simple, casi automático, pero detrás de ese contacto físico se esconde una compleja reacción biológica que beneficia tanto a la mente como al cuerpo.
Diversas investigaciones en neurociencia y psicología han demostrado que abrazar no solo fortalece los vínculos emocionales, sino que también refuerza el sistema inmunológico, ayudando a prevenir enfermedades comunes como resfriados o gripes.
En una sociedad cada vez más digital, donde el contacto humano se reduce a mensajes y videollamadas, recuperar este gesto puede marcar una diferencia en la salud física y mental.
En culturas de todo el mundo, desde los saludos mediterráneos hasta los rituales asiáticos, el abrazo se ha mantenido como una forma universal de expresar afecto, apoyo y consuelo. Y aunque cada cultura tenga su propio modo de mostrar cariño, la respuesta del cuerpo ante un abrazo es sorprendentemente similar: una cascada de reacciones químicas y hormonales que, según los científicos, tiene efectos inmediatos en el bienestar general.
LA QUÍMICA DEL ABRAZO: OXITOCINA Y BIENESTAR
Cuando una persona abraza a otra, el cerebro libera oxitocina, una hormona conocida popularmente como la “hormona del amor” o de la vinculación social. Esta sustancia, producida en el hipotálamo, no solo genera una sensación de calma y felicidad, sino que también reduce los niveles de cortisol, la hormona responsable del estrés.La disminución del cortisol es clave para mantener un sistema inmunológico fuerte. Un exceso de esta hormona puede debilitar las defensas, provocar inflamación y aumentar la vulnerabilidad a infecciones. Por eso, los investigadores destacan que un abrazo prolongado provoca un efecto de relajación que fortalece las células inmunitarias, mejorando la capacidad del organismo para combatir virus y bacterias.
Además, este contacto activa el sistema nervioso parasimpático, encargado de equilibrar la presión arterial y promover la recuperación tras situaciones de tensión emocional.
Incluso en momentos de duelo o ansiedad, un abrazo tiene el poder de estabilizar el ritmo cardíaco, disminuir la tensión muscular y generar una sensación de alivio inmediato.
No es casualidad que las personas busquen instintivamente este gesto en situaciones de miedo, pérdida o estrés: el cuerpo sabe que el contacto físico es una herramienta natural para recuperar el equilibrio.
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IMPACTO DIRECTO EN LAS DEFENSAS DEL CUERPO
Los efectos de los abrazos en el sistema inmunológico han sido documentados en varios estudios científicos. Investigadores de la Universidad Carnegie Mellon, en Estados Unidos, analizaron a cientos de voluntarios y descubrieron que quienes recibían abrazos frecuentes presentaban una menor incidencia de resfriados y se recuperaban más rápido de infecciones comunes.
Según los expertos, el contacto físico favorece una mejor regulación del sistema nervioso autónomo, lo que ayuda a mantener en equilibrio la presión arterial, el ritmo cardíaco y la respuesta inflamatoria, factores esenciales para una inmunidad eficiente.
El abrazo también activa receptores de presión en la piel, los cuales envían señales al cerebro para liberar endorfinas, sustancias químicas que reducen la percepción del dolor y generan sensaciones de placer y bienestar. Esta combinación de oxitocina, cortisol reducido y endorfinas crea una especie de “escudo natural” que protege al organismo frente a agentes externos.
Además, las investigaciones sugieren que los beneficios no dependen solo de abrazar a otras personas: acariciar a una mascota o recibir contacto físico de seres queridos también produce respuestas similares en el cuerpo.
Por eso, cada vez más terapias de salud mental incluyen actividades que fomentan el contacto físico seguro como parte de los tratamientos para reducir el estrés y fortalecer el sistema inmunitario.
CUÁNTOS ABRAZOS NECESITAMOS SEGÚN LA CIENCIA
La psicoterapeuta Virginia Satir, una de las pioneras en estudiar los efectos del contacto humano, popularizó la idea de que “necesitamos cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho para mantenernos y doce para crecer”.Si bien no existe una cifra exacta respaldada por la ciencia, la mayoría de los especialistas coincide en que la regularidad es más importante que la cantidad exacta.
Los expertos recomiendan que los abrazos sean consentidos, prolongados y de calidad, de al menos 20 segundos, para que el cerebro libere la mayor cantidad de oxitocina posible. Incluso un breve contacto, como un apretón de manos o una palmada en el hombro, puede generar un efecto positivo, aunque los abrazos largos son los que producen los cambios más profundos en la química corporal.
En entornos familiares, abrazar a diario a hijos, pareja o amigos fortalece la confianza y reduce la ansiedad.
En personas mayores, que a menudo experimentan soledad, este gesto puede marcar una diferencia notable en su salud física y emocional.
Los investigadores señalan que, incluso en culturas menos afectuosas, el cuerpo responde de forma universal, demostrando que la necesidad de contacto es un componente básico de nuestra naturaleza.
CUIDAR EL SISTEMA INMUNE CON GESTOS SIMPLES
Los abrazos, combinados con hábitos saludables como una alimentación equilibrada, ejercicio regular, descanso adecuado y una vida social activa, se convierten en un aliado poderoso para reforzar las defensas naturales.
En tiempos de estrés, incertidumbre o aislamiento —como se vivió durante la pandemia— este gesto recupera su valor esencial como herramienta de bienestar accesible para todos.
La ciencia confirma que los abrazos no solo fortalecen el sistema inmunológico, sino que también mejoran la calidad de las relaciones personales, aumentan la autoestima y ayudan a mantener la estabilidad emocional.
En un mundo cada vez más acelerado, regalar y recibir abrazos de manera consciente puede ser una de las formas más simples y efectivas de cuidar la salud, proteger el cuerpo y equilibrar la mente.








