La capa de ozono muestra signos de recuperación, pero los expertos piden mantener la vigilancia
Desde 1987, los países han eliminado progresivamente los CFC y otras sustancias que destruyen la capa de ozono
Alicia D. Romero | Mallorca, 17 de Septiembre de 2025 | 18:45h

La capa de ozono, ese delgado escudo de gas que rodea la Tierra y la protege de la peligrosa radiación ultravioleta (UV) del Sol, vive un proceso de recuperación que los científicos califican como uno de los mayores logros ambientales de las últimas décadas. Durante los años ochenta, la detección de un enorme agujero sobre la Antártida encendió las alarmas globales: se descubrió que el uso masivo de clorofluorocarbonos (CFC) en aerosoles, refrigerantes y productos industriales estaba destruyendo las moléculas de ozono, dejando pasar una radiación que incrementa el riesgo de cáncer de piel, cataratas, daños en los ecosistemas marinos y alteraciones en cultivos agrícolas.
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Ante el peligro, la comunidad internacional actuó con rapidez. En 1987, los países firmaron el Protocolo de Montreal, un acuerdo histórico que obligó a reducir progresivamente la producción y el consumo de CFC y otras sustancias destructoras de ozono. Décadas después, los resultados son tangibles: según los últimos informes del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), si se mantienen las regulaciones actuales, la capa de ozono podría recuperarse a niveles previos a 1980 hacia 2040 en gran parte del planeta, en torno a 2045 en el Ártico y hacia 2066 en la Antártida, la región más afectada por este fenómeno.
SIGNOS CLAROS DE MEJORÍA
Las mediciones satelitales de la NASA, la Agencia Espacial Europea y otras instituciones confirman una tendencia positiva: el agujero de ozono en la Antártida, que en los años ochenta y noventa alcanzó dimensiones récord, muestra en promedio una reducción de su profundidad y extensión, aunque con variaciones interanuales provocadas por factores meteorológicos o erupciones volcánicas.
Desde la entrada en vigor del Protocolo de Montreal, los niveles de CFC y otros compuestos dañinos han disminuido de forma significativa. Gracias a ello, la capa de ozono se regenera a un ritmo que, de mantenerse, permitiría su recuperación total en las próximas décadas. Para los expertos, este éxito demuestra cómo la cooperación internacional, basada en datos científicos y compromisos políticos vinculantes, puede revertir problemas ambientales de alcance global.
LOS DESAFÍOS QUE AÚN PERSISTEN
A pesar de los avances, los científicos advierten que la capa de ozono no está completamente a salvo. Factores como el cambio climático, el aumento de gases de efecto invernadero y las emisiones ilegales de sustancias prohibidas —como el caso detectado de CFC-11 en Asia oriental— ponen de manifiesto la necesidad de mantener una vigilancia estricta.
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Además, los sustitutos de los CFC, como los hidrofluorocarbonos (HFC), aunque no dañan la capa de ozono, contribuyen al calentamiento global y requieren regulaciones específicas, como las contempladas en la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal.
UN ESCUDO QUE NO PUEDE DESCUIDARSE
El caso de la capa de ozono se considera uno de los mayores éxitos de la cooperación internacional en materia ambiental. La prohibición de los CFC, el desarrollo de alternativas seguras y el cumplimiento de los acuerdos demuestran que las políticas globales coordinadas pueden ofrecer resultados concretos en pocas décadas.
Sin embargo, la recuperación no es un punto final, sino un proceso que requiere vigilancia permanente. Mantener las regulaciones, reforzar el monitoreo satelital y continuar con las investigaciones será clave para garantizar que la capa de ozono siga fortaleciéndose en las próximas décadas.
Cuidar este escudo invisible es esencial para proteger la salud humana, la biodiversidad y la estabilidad climática del planeta, evitando que aumenten los casos de cáncer de piel, cataratas y daños en los ecosistemas marinos. La experiencia demuestra que, cuando ciencia y política trabajan juntas, la recuperación ambiental es posible, pero también que una relajación de las medidas podría poner en riesgo años de progreso.









