Llorar alivia inmediatamente: te explicamos el por qué

Después de llorar experimentamos un alivio casi inmediato

Alicia D. Romero | Mallorca, 09 de Septiembre de 2025 | 15:52h

Llorar no es solo una reacción emocional visible: es también un mecanismo biológico de defensa y regulación. Aunque muchas veces lo asociamos con la tristeza, la frustración o incluso la alegría extrema, lo cierto es que las lágrimas cumplen un papel fundamental en el equilibrio de nuestro organismo y explican por qué sentimos un alivio casi inmediato después de llorar.

Lejos de ser un signo de debilidad, el llanto es una herramienta de adaptación que ha acompañado al ser humano a lo largo de toda su evolución.

Desde la infancia, cuando se convierte en el principal recurso para pedir atención y cuidado, hasta la edad adulta, en la que actúa como un desahogo físico y emocional, llorar refleja la compleja relación entre el cuerpo y las emociones.

Los expertos en psicología y neurociencia destacan que el llanto forma parte de un sistema integrado de regulación emocional que no solo nos ayuda a procesar experiencias intensas, sino que además influye en la manera en que interactuamos con los demás.

Llorar en soledad tiene un efecto íntimo de liberación, mientras que hacerlo en compañía refuerza la empatía y los lazos sociales.

 DESCARGA TENSIÓN EMOCIONAL


Cuando atravesamos una situación de estrés o tristeza, el cerebro activa la amígdala, el centro de las emociones. Al llorar, se liberan neurotransmisores como la oxitocina y las endorfinas, que reducen la tensión y generan una sensación de calma. Este proceso químico explica el alivio que muchas personas describen tras dejar fluir las lágrimas.

Los estudios señalan que este efecto no es casual: el organismo interpreta el llanto como una señal de que la tensión acumulada ha llegado a un punto máximo y activa mecanismos de compensación para recuperar el equilibrio.

Por eso, después de llorar, el cuerpo experimenta una relajación muscular y una disminución de la frecuencia cardíaca.

Incluso en contextos de alegría extrema, como bodas, nacimientos o reencuentros, las lágrimas cumplen un papel regulador. Sirven para liberar el exceso de activación emocional y devolver al cuerpo a un estado de calma.

En ese sentido, el llanto no distingue entre emociones “positivas” o “negativas”, sino que actúa siempre como un recurso de ajuste.

EL PAPEL DE LAS HORMONAS DEL ESTRÉS


Diversos estudios señalan que las lágrimas emocionales contienen cortisol, la hormona del estrés. Al expulsarlas, el cuerpo regula de forma natural sus niveles, lo que contribuye a recuperar un estado de equilibrio.

De este modo, llorar funciona como una especie de “válvula de escape” que ayuda a desahogarse física y mentalmente. Este hallazgo científico ha reforzado la idea de que llorar no es un acto inútil ni puramente simbólico, sino una estrategia real de defensa biológica.

Al eliminar exceso de cortisol, se evita que el organismo permanezca en estado de alerta durante demasiado tiempo, lo que protege frente a problemas derivados del estrés crónico, como hipertensión, ansiedad o insomnio.

Además, la liberación de lágrimas emocionales se asocia con una mayor sensación de claridad mental. Tras llorar, muchas personas aseguran pensar con más lucidez, como si hubieran descargado un peso interno.

Este efecto puede deberse al reajuste neuroquímico que sigue al llanto, y que favorece una visión más calmada de los problemas.

UNA RESPUESTA SOCIAL Y HUMANA


El llanto también tiene una función comunicativa. A lo largo de la evolución, ha servido como señal de vulnerabilidad y petición de ayuda. Al llorar delante de otros, se estimula la empatía y se refuerzan los vínculos sociales.

Según los psicólogos, esta conexión social también aporta sensación de consuelo y contribuye al bienestar posterior.

Desde un punto de vista antropológico, el llanto ha sido clave para la cohesión de los grupos humanos. Llorar permite expresar dolor sin necesidad de palabras y facilita que los demás reconozcan la necesidad de apoyo. En este sentido, el llanto es tan universal como la risa, y ambas respuestas emocionales comparten un fuerte componente de comunicación no verbal.

Incluso en el ámbito clínico, se reconoce que el llanto compartido tiene efectos terapéuticos. La validación emocional que ofrece otra persona al presenciar y acompañar el llanto actúa como un refuerzo positivo que multiplica el efecto liberador.

Por eso, muchas terapias psicológicas consideran natural y beneficioso que el paciente llore durante una sesión.

NO TODAS LAS LÁGRIMAS SON IGUALES


Existen tres tipos de lágrimas: basales (para lubricar los ojos), reflejas (ante irritantes como la cebolla o el humo) y emocionales, que son las únicas ligadas al alivio psicológico. Estas últimas contienen más proteínas y hormonas relacionadas con el estado de ánimo, lo que las convierte en un verdadero mecanismo de liberación emocional.

Las lágrimas basales cumplen la función de mantener los ojos hidratados y proteger la córnea. Las reflejas, en cambio, son un mecanismo defensivo frente a agentes externos que podrían dañar la visión. Pero son las lágrimas emocionales las que despiertan mayor interés científico, ya que son un fenómeno exclusivo del ser humano y están directamente vinculadas con la salud mental.

Al analizar su composición, los investigadores han encontrado que estas lágrimas poseen mayores concentraciones de prolactina, adrenocorticotropa y leucina-encefalina, sustancias relacionadas con el control del estrés y el dolor.

Esto confirma que no se trata de un simple desahogo simbólico, sino de un proceso con una clara función biológica.

EL LLANTO COMO RECURSO SALUDABLE


Aunque en muchas culturas llorar se percibe como un signo de debilidad, los expertos coinciden en que es un acto beneficioso para la salud mental.

Sin embargo, también advierten que un llanto persistente o descontrolado puede ser un indicador de trastornos emocionales que requieren atención profesional.

Psicólogos y psiquiatras recuerdan que el llanto, en condiciones normales, es una señal de buena capacidad de gestión emocional. Permite reconocer el dolor, liberarlo y seguir adelante.

Pero cuando se convierte en un hábito constante y sin causa aparente, puede reflejar la presencia de depresión, ansiedad u otros problemas que necesitan tratamiento especializado.

En definitiva, llorar no es un síntoma de debilidad, sino un reflejo de la compleja relación entre cuerpo, mente y emociones. Las lágrimas nos ayudan a regular el estrés, a reforzar lazos sociales y a encontrar alivio en momentos de intensidad emocional.

Entender el valor del llanto como recurso saludable nos invita a verlo no como un problema, sino como una de las herramientas más humanas de cuidado emocional.


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