La ciencia revela por qué nos gusta tanto ver películas de miedo
Puede ayudar a canalizar el estrés
Alicia D. Romero | Mallorca, 09 de Septiembre de 2025 | 18:01h

Aunque las películas de terror parecen diseñadas para incomodarnos y hacernos sufrir, millones de personas en todo el mundo disfrutan viéndolas una y otra vez. Lejos de ser una contradicción, diferentes estudios científicos han encontrado varias razones que explican por qué el miedo en la pantalla puede convertirse en una fuente de placer e, incluso, de bienestar.
El género del terror, que desde hace décadas despierta tanto fascinación como rechazo, ha sido objeto de investigaciones en psicología, neurociencia y sociología.
Los expertos coinciden en que el impacto emocional de este tipo de cine va más allá del simple entretenimiento, ya que toca mecanismos biológicos profundos relacionados con la supervivencia, la recompensa y la interacción social. Comprender por qué nos atrae el miedo controlado ayuda a explicar por qué este género sigue vivo y en constante renovación, a pesar de las modas pasajeras de la industria del cine.
EL PODER DE LA AMÍGDALA
Cuando vemos una escena de miedo, el cerebro activa la amígdala, el área responsable de procesar las emociones relacionadas con el peligro. Esto provoca una descarga de adrenalina, la misma hormona que se libera en situaciones de riesgo real.
El cuerpo reacciona con un aumento del ritmo cardíaco, una respiración más agitada y sentidos más alerta. Para muchos espectadores, esta sensación controlada de tensión se traduce en emociones intensas y hasta adictivas.
Esa activación biológica no se da únicamente en escenas particularmente violentas o sangrientas. También ocurre en momentos de tensión psicológica, como cuando un personaje camina por un pasillo oscuro o se acerca a una puerta que sabemos que esconde una amenaza.
La anticipación del peligro genera un estado de alerta en el que el espectador está emocionalmente implicado y que, a su vez, mantiene la atención al máximo.
La respuesta fisiológica del miedo en un entorno seguro puede incluso tener beneficios para la salud mental. Algunos investigadores apuntan a que liberar adrenalina en un contexto de control —sabiendo que en realidad no hay un peligro real— ayuda a canalizar el estrés acumulado y a experimentar un estado de liberación emocional.
LA RECOMPENSA DE LA DOPAMINA
Tras la tensión inicial llega el alivio. Superar una escena aterradora activa la liberación de dopamina, el neurotransmisor vinculado al placer y la recompensa.
Se trata del mismo mecanismo cerebral que se enciende en deportes extremos o al subir a una montaña rusa: el cerebro interpreta que hemos “sobrevivido” al peligro y responde con una dosis de bienestar y satisfacción.
Esa sensación se intensifica porque el espectador se enfrenta a un reto psicológico: aguantar la tensión, resistir el miedo y llegar al desenlace de la escena. Cuando esto ocurre, la experiencia no solo genera alivio, sino también orgullo y refuerzo personal, como si se hubiera vencido una pequeña batalla contra uno mismo.
Además, la dopamina puede explicar por qué muchas personas buscan repetir la experiencia de ver películas de terror. El recuerdo de la liberación placentera posterior al miedo actúa como motivador, reforzando la idea de que merece la pena volver a sentir esas emociones.
Así, el miedo se transforma en algo que, paradójicamente, se disfruta y se busca con entusiasmo.
UN ENTRENAMIENTO SEGURO PARA EL MIEDO
Algunos expertos señalan que el cine de terror funciona como una simulación segura de peligro. Nuestro cerebro interpreta las escenas como reales, pero al estar protegidos en el sofá o en la butaca del cine, podemos experimentar el miedo sin riesgo. Esta práctica incluso puede ayudar a algunas personas a gestionar mejor la ansiedad en la vida real.
Ver este tipo de películas puede considerarse un entrenamiento emocional, donde el espectador aprende a enfrentarse a situaciones estresantes dentro de un marco controlado.
La exposición repetida al miedo ficticio desarrolla una especie de tolerancia que, según algunos psicólogos, se traduce en una mayor capacidad para afrontar los desafíos y problemas cotidianos.
Incluso hay estudios que sugieren que los aficionados al género de terror manejan mejor los pensamientos intrusivos o las preocupaciones inesperadas.
El hábito de vivir experiencias intensas en la ficción permite que, en el mundo real, las emociones negativas se procesen con más facilidad.
EL FACTOR SOCIAL DEL TERROR
Ver películas de miedo acompañado también amplifica la experiencia. La empatía emocional hace que los sustos se compartan, y la risa nerviosa tras una escena impactante refuerza la sensación de unión. Este aspecto social contribuye a que muchas personas busquen el género como un plan divertido en pareja o con amigos.La dimensión colectiva del miedo ha sido estudiada desde la sociología. El cine de terror fomenta la complicidad entre espectadores, ya que compartir un susto genera un vínculo inmediato. Esa conexión se expresa en gestos tan simples como abrazarse, taparse los ojos juntos o comentar en voz baja lo que podría pasar a continuación.
En el caso de las parejas, el cine de terror puede reforzar la intimidad: la sensación de protección mutua durante las escenas más tensas activa respuestas emocionales positivas y fortalece la confianza.
Entre grupos de amigos, en cambio, el terror se convierte en una especie de ritual de diversión, donde el miedo provoca tanto gritos como carcajadas, en una mezcla que convierte la experiencia en memorable.
UN GÉNERO QUE NO PASA DE MODA
El atractivo del cine de terror trasciende culturas y generaciones. Desde los clásicos en blanco y negro hasta las producciones más modernas, las películas de miedo siguen demostrando que sentir miedo en un entorno seguro es una de las formas más universales de entretenimiento humano.
El género se ha adaptado constantemente a los cambios sociales y tecnológicos, desde los monstruos de antaño hasta el terror psicológico o las producciones basadas en sucesos reales. Su capacidad para reinventarse lo mantiene vivo y con un público fiel en todo el mundo.
En definitiva, el miedo que genera el cine de terror no solo entretiene: también activa mecanismos biológicos, libera placer, entrena nuestras emociones y refuerza vínculos sociales.
Por eso, lejos de perder vigencia, las películas de miedo continúan siendo un fenómeno cultural que combina lo ancestral con lo moderno, demostrando que el placer de asustarse seguirá vigente por mucho tiempo.
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