Francia se prepara para una moción de confianza que deja a Macron contra las cuerdas
François Bayrou afronta este lunes una votación casi perdida de antemano en la Asamblea Nacional
cronicabalear.es | Mallorca, 08 de Septiembre de 2025 | 11:49h

La estabilidad política en Francia vuelve a tambalearse. El primer ministro François Bayrou, en el cargo desde diciembre, afronta este lunes una moción de confianza que él mismo ha solicitado y que, salvo sorpresa mayúscula, supondrá la caída de su Gobierno. La votación en la Asamblea Nacional contará con el rechazo unánime de la oposición, tanto de la extrema derecha como de la izquierda, lo que deja a Bayrou sin apoyos suficientes para resistir.
Bayrou asumió el cargo hace apenas unos meses, tras sustituir al conservador Michel Barnier, que fue censurado después de solo tres meses en Matignon. La falta de apoyos parlamentarios ha vuelto a repetirse, reflejando el bloqueo institucional que atraviesa la política francesa desde las elecciones legislativas anticipadas de 2024.
La derrota en la moción de confianza obligará a Bayrou a presentar su dimisión y la de su Ejecutivo al presidente de la República, Emmanuel Macron. A partir de ahí, el jefe del Estado deberá decidir entre nombrar a un nuevo primer ministro o convocar elecciones anticipadas, aunque ha reiterado que no contempla dimitir, como reclama la izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon y, en menor medida, la extrema derecha.
LAS OPCIONES DE MACRON TRAS LA DIMISIÓN
En los últimos días se ha especulado con que Macron podría designar a un primer ministro socialista para ampliar la base de apoyo del Gobierno, sumando a socialistas, centristas, macronistas y a parte de Los Republicanos, que han sostenido a Bayrou hasta ahora.
El nombre que más suena es el de Olivier Faure, primer secretario del Partido Socialista (PS), aunque ha puesto condiciones claras: solo aceptaría liderar un Ejecutivo de izquierdas que negocie cada ley con el resto de partidos.
El problema radica en que la Asamblea Nacional está muy fragmentada y polarizada, con tres bloques de tamaño similar e irreconciliables entre sí, además de divisiones internas que complican cualquier fórmula estable.
FRACTURA EN LA IZQUIERDA: EL CHOQUE ENTRE PS Y LFI
La izquierda francesa también atraviesa una crisis interna. El Partido Socialista se ha distanciado de La Francia Insumisa (LFI), el grupo con mayor representación del bloque progresista, que acusa a los socialistas de haber renunciado al programa del Nuevo Frente Popular (NFP), coalición que en 2024 integró también a ecologistas y comunistas.
El coordinador de LFI, Manuel Bompard, advirtió este lunes que censurarán cualquier Gobierno socialista que mantenga la línea de los gabinetes anteriores desde que Macron llegó al poder en 2018: "Censuraremos todo Gobierno que tenga intención de continuar la misma política, que no rompa con el macronismo", aseguró en France Info, añadiendo que no cree “ni un minuto” que Macron nombre a un primer ministro dispuesto a romper con esa línea.
Bompard subrayó que, si Macron convoca nuevas elecciones legislativas, LFI intentará presentar en cada circunscripción un candidato con el programa del NFP. No obstante, señaló que esa no es la solución ideal, ya que “la situación está bloqueada políticamente”. Para LFI, la única salida viable sería la dimisión de Macron, lo que permitiría recomponer el tablero político francés.
LA EXTREMA DERECHA TAMBIÉN PRESIONA
Por su parte, la Agrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen exige como mínimo elecciones legislativas anticipadas, aunque su preferencia es que Macron abandone el cargo. Le Pen ha reiterado que están preparados para gobernar, con Jordan Bardella como primer ministro. En la misma línea, el diputado lepenista Jean-Philippe Tanguy declaró en BFMTV: "Lo que queremos es llevar a cabo una política de ruptura para que el país se recupere".
Con Bayrou prácticamente sentenciado, Macron se enfrenta a una de las mayores pruebas de su presidencia. La falta de mayorías claras y la división de la Asamblea abren la puerta a semanas de incertidumbre, donde las opciones oscilan entre un Gobierno socialista condicionado, unas elecciones anticipadas o un prolongado bloqueo institucional.
Sea cual sea el desenlace, la crisis política francesa confirma que el sistema atraviesa su mayor fractura desde la llegada de Macron al Elíseo en 2018.







