Prisión para 17 ocupantes de un cayuco en el que se arrojó a personas vivas por la borda
La tragedia en la Ruta Canaria podría haber causado hasta 70 muertes
cronicabalear.es | Mallorca, 05 de Septiembre de 2025 | 18:58h

El Juzgado de guardia de San Bartolomé de Tirajana (Gran Canaria) ha decretado prisión para 17 de los 251 ocupantes del cayuco rescatado el 24 de agosto, tras la muerte de decenas de personas a bordo en un episodio marcado por extrema violencia. Los detenidos —16 senegaleses y un gambiano— son investigados por su presunta implicación en la tragedia.
El magistrado tomó la decisión después de escuchar no solo a los arrestados por la Policía, sino también a cuatro supervivientes que declararon como testigos protegidos. Su relato, descrito como “durísimo”, incluye episodios de palizas, amenazas y personas arrojadas vivas al mar, según fuentes judiciales.
DELITOS IMPUTADOS Y POSIBLE RECLASIFICACIÓN JURÍDICA
Los detenidos se enfrentan a la acusación habitual de delito contra los derechos de los ciudadanos extranjeros —por favorecer la inmigración irregular como patrones de la embarcación—, a lo que se suman delitos de lesiones y delitos contra la vida.
Las fuentes precisan que la calificación es genérica y podría transformarse en cargos de homicidio doloso o asesinato con alevosía conforme avance la investigación y se tomen más testimonios.
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El número de víctimas aún no está cerrado, pero podría superar el medio centenar e incluso acercarse a 70. Los testigos sostienen que el cayuco zarpó hacia Canarias con “más de 300” ocupantes, y algunos elevan la cifra hasta 320 personas. Si se confirma este dato, igualaría al cayuco que llegó a La Restinga (El Hierro) el 21 de octubre de 2023, considerado hasta ahora el mayor en la Ruta Canaria.
UN CAYUCO MASIVO PROCEDENTE DE GAMBIA Y SENEGAL
Se trataba de una embarcación de grandes dimensiones con ocupantes procedentes en su mayoría de Gambia y Senegal, que partió once días antes de ser localizada a la deriva por un mercante al oeste de Dajla (Sahara Occidental), a más de 400 kilómetros al sur de Canarias. Salvamento Marítimo difundió el 24 de agosto en X una fotografía que muestra lo saturado que viajaba, aunque no refleja a los inmigrantes que se encontraban en niveles inferiores.
El cayuco permaneció fondeado varios días lejos de la costa antes de zarpar, mientras se sumaban más personas llegadas en embarcaciones menores. Ya desde el inicio surgieron tensiones por el hacinamiento. Durante la travesía, el motor se rompió, lo que desencadenó la tragedia. Al paso de los días comenzaron las muertes por sed y deshidratación. Pero la violencia estalló cuando algunos pasajeros fueron acusados de ser “brujos” responsables de la mala suerte: fueron maniatados, golpeados y arrojados vivos al mar.
SUPERSTICIÓN Y VIOLENCIA CRECIENTE A BORDO
Este tipo de episodios no son inéditos en la Ruta Canaria. El Juzgado de El Hierro ya instruye dos casos similares detectados en 2024, en los que presuntamente fueron asesinadas cuatro y ocho personas bajo acusaciones de brujería. En el caso del cayuco rescatado en Gran Canaria, la violencia fue aumentando a medida que se agotaban el agua y los víveres. Los patrones, armados con palos y cuchillos, imponían su autoridad con brutalidad. Ya no solo eran arrojados quienes eran señalados como brujos, sino también quienes los defendían o quienes se quejaban de la falta de comida o agua.
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El relato de los testigos protegidos ha conmocionado incluso a los intérpretes que colaboraron con el Juzgado, a pesar de su experiencia en este tipo de casos. Las declaraciones describen no solo muertes, sino también lesiones y amenazas: a un superviviente le partieron los dientes, a otro lo rociaron con gasolina y a un tercero le amenazaron con represalias contra su hijo menor si no obedecía.
La instrucción judicial aún no ha determinado la cifra exacta de muertes, pero los testimonios confirman dos tipos de víctimas: quienes fallecieron por deshidratación, que suelen considerarse homicidios por imprudencia, y quienes fueron arrojados vivos al mar, lo que podría calificarse de homicidio doloso o asesinato, según las circunstancias.









