La ciencia del chicle: qué le pasa a tu cuerpo si lo masticas todos los días

Masticar chicle es un hábito extendido en todo el mundo, pero la ciencia revela que hacerlo de manera diaria tiene efectos sorprendentes en el cuerpo, tanto positivos como negativos

Alicia D. Romero | Mallorca, 28 de Agosto de 2025 | 13:05h

El chicle ha pasado de ser una simple golosina infantil a un producto de consumo habitual para personas de todas las edades. Ya sea para refrescar el aliento, calmar los nervios en un momento de estrés o simplemente por costumbre, millones de personas lo mastican cada día. Detrás de este gesto aparentemente inocente, sin embargo, se esconde un conjunto de efectos que impactan en el cerebro, el metabolismo y la salud bucodental.

Los investigadores llevan años estudiando qué ocurre en el cuerpo humano cuando el consumo de chicle se convierte en algo cotidiano. Y aunque algunos resultados apuntan a beneficios claros, otros revelan que el exceso puede tener consecuencias inesperadas.

Uno de los efectos más estudiados es la relación entre el chicle y la actividad cerebral. Diversos estudios han demostrado que masticar chicle aumenta el flujo sanguíneo en el cerebro, lo que favorece la concentración y la atención. Este estímulo adicional puede traducirse en mejoras temporales de la memoria a corto plazo, lo que explica por qué algunas personas recurren a él en situaciones que requieren estar más alerta, como exámenes o largas jornadas laborales.

Algunos investigadores sostienen incluso que el simple acto de masticar ayuda al cerebro a mantenerse activo en momentos de fatiga, proporcionando un impulso extra en tareas que requieren concentración prolongada. Aunque no se trata de un sustituto del descanso ni de la alimentación adecuada, sí se ha observado que puede aportar una ayuda puntual para mantener el rendimiento.

UN ALIADO CONTRA EL ESTRÉS Y LA ANSIEDAD


El chicle también parece tener un papel en la regulación del estrés. El movimiento rítmico y repetitivo de la mandíbula produce una sensación de liberación de tensión que se refleja en los niveles de cortisol, la hormona vinculada al estrés. De hecho, investigaciones recientes apuntan a que quienes mastican chicle con frecuencia en situaciones de presión se sienten más relajados y muestran menor nerviosismo.

Este efecto calmante explica por qué muchas personas recurren al chicle en momentos de ansiedad, durante viajes o incluso al dejar hábitos como el tabaco. Aunque no es una solución definitiva, sí puede funcionar como una herramienta complementaria para reducir la tensión emocional y mejorar el estado de ánimo en determinadas circunstancias.

DIGESTIÓN, APETITO Y EFECTOS SECUNDARIOS


Más allá del cerebro, el chicle también influye en el aparato digestivo. Al masticar se estimula la producción de saliva, que ayuda a neutralizar ácidos en la boca y facilita los procesos digestivos. Esto no solo contribuye a proteger el esmalte dental, sino que también favorece una mejor sensación de frescor y limpieza en la cavidad oral.

En paralelo, algunos estudios han detectado que el chicle puede engañar al cerebro generando una sensación momentánea de saciedad. Este efecto podría reducir el apetito en ciertos momentos, aunque los expertos advierten que no es una estrategia válida para adelgazar, ya que no sustituye una comida ni aporta los nutrientes necesarios.

No obstante, conviene tener en cuenta que no todo son beneficios. Masticar chicle en exceso puede generar molestias en la articulación temporomandibular, sobre todo en personas con problemas previos en la mandíbula. Además, los chicles con edulcorantes como el sorbitol tienen un efecto laxante si se consumen en grandes cantidades, provocando molestias intestinales y diarreas ocasionales.


CHICLE Y SALUD BUCAL: EL FACTOR DECISIVO


La relación entre el chicle y la salud dental depende del tipo que se consuma. Los chicles sin azúcar son considerados beneficiosos porque estimulan la producción de saliva y ayudan a prevenir la caries, mientras que los azucarados, al contrario, favorecen la proliferación de bacterias y aumentan el riesgo de problemas en dientes y encías.

Los dentistas recomiendan optar siempre por las versiones sin azúcar y, en la medida de lo posible, limitar el consumo a situaciones puntuales

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