La costa sur de Mallorca se convierte en un cementerio de pateras en plena reserva marina
Los denunciantes apuntan a la inacción de administraciones y a la negativa del puerto de la Colònia de Sant Jordi a recepcionar las embarcaciones
Sergio Jiménez | Mallorca, 22 de Agosto de 2025 | 09:10h

La costa sur de Mallorca, entre la playa des Caragol y el cabo de Ses Salines, se ha convertido desde 2023 en un cementerio de pateras dentro de una zona de reserva marina. A la grave crisis humanitaria derivada de la ruta migratoria entre Argelia y la isla, se suma ahora una crisis medioambiental silenciosa y alarmante, según denuncian trabajadores del sector náutico que prefieren mantener el anonimato por temor a represalias.
En los últimos dos años, una docena de embarcaciones han quedado varadas o hundidas en esta franja de litoral protegido. Una vez rescatados los inmigrantes, las pateras son marcadas por la Guardia Civil y posteriormente, según critican los empleados, abandonadas en el mar. Esta práctica supone un riesgo para la navegación -sobre todo nocturna- y un grave impacto ecológico, ya que la fibra de vidrio de las embarcaciones se fragmenta y se dispersa en los ecosistemas marinos.
Añaden que la situación se agrava por la reiterada negativa del Cap de Port de la Colònia de Sant Jordi a recepcionar estas embarcaciones. Incluso cuando son remolcadas por navegantes particulares o por barcos oficiales de limpieza del litoral, se rechaza su entrada. Según denuncian los afectados, en varias ocasiones el responsable del puerto ha llegado a decir: "Dadles una patada y que se vaya para el medio", en referencia a expulsar las pateras mar adentro.
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El puerto, sin embargo, sí acepta las embarcaciones llegadas al Parque Nacional Marítimo-Terrestre de Cabrera, que posteriormente son trasladadas al depósito de Son Tous. En cambio, rechaza sistemáticamente las que aparecen en el litoral más próximo a sus instalaciones.
CRÍTICAS A LA INACCIÓN DE LAS ADMINISTRACIONES
Los denunciantes señalan la inacción de diversas administraciones públicas -entre ellas los ayuntamientos de Ses Salines y Santanyí, Ports IB, Salvamento Marítimo, Costas y la Guardia Civil-, que han permitido que la costa sur de la isla se convierta en un punto negro tanto a nivel humanitario como medioambiental.
Afirman haber intentado presentar denuncias formales, pero aseguran que fueron disuadidos por la Guardia Civil, que les advirtió de posibles consecuencias negativas.
"¿De qué sirve contar con embarcaciones públicas para la limpieza del litoral o el control del fondeo si no se permite que cumplan su función?", se preguntan.
Los trabajadores subrayan que Mallorca no puede seguir ignorando esta doble tragedia: humana y medioambiental que se desarrolla en silencio en una de sus zonas más frágiles y protegidas.








