El misterio de los sueños: qué sabe la ciencia sobre por qué soñamos
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Alicia D. Romero | Mallorca, 21 de Agosto de 2025 | 14:19h

Soñar es una de las experiencias más universales y, al mismo tiempo, más enigmáticas de la vida humana. Cada noche, al dormir, nuestro cerebro construye escenarios en los que se entrelazan recuerdos, emociones y fragmentos de la realidad. A veces los sueños siguen una narrativa coherente, mientras que otras se convierten en relatos extraños y surrealistas que parecen escapar a cualquier lógica.
Desde hace décadas, la ciencia intenta desentrañar este fenómeno con un objetivo claro: comprender por qué soñamos y cuál es la función real de esas imágenes que invaden nuestra mente mientras descansamos. Sin embargo, a día de hoy, el misterio permanece abierto y sin una respuesta definitiva.
Lo que sí está claro es que los sueños están estrechamente ligados a la fase REM (Rapid Eye Movement), un periodo del descanso nocturno en el que la actividad cerebral alcanza una intensidad muy similar a la vigilia. En ese estado, el cerebro procesa información, organiza recuerdos y clasifica experiencias. Los sueños serían, en parte, un reflejo de ese trabajo interno y de la manera en que la mente ordena su propio archivo de vivencias.
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EL CEREBRO EN MODO REM
La fase REM comienza, por lo general, unos 90 minutos después de conciliar el sueño. En ese momento, los ojos se mueven rápidamente bajo los párpados, la respiración se acelera y el cerebro muestra una actividad comparable a la del estado de vigilia. Es aquí donde los sueños son más intensos, con imágenes vívidas y cargadas de emociones.
Los estudios de neuroimagen han revelado que regiones como la amígdala y el hipocampo, directamente vinculadas a la memoria y a las emociones, presentan una gran activación durante esta fase. Esto explicaría por qué, en muchas ocasiones, nuestros sueños están impregnados de sentimientos intensos o mezclan escenas pasadas con elementos fantásticos.
Por el contrario, la corteza prefrontal -responsable de la lógica y el razonamiento- permanece menos activa en ese estado. Esa inactividad parcial podría explicar la falta de coherencia lógica: aceptamos volar, reencontrarnos con personas fallecidas o vivir situaciones imposibles sin cuestionar lo que ocurre. En cierto modo, el cerebro durante el sueño se permite licencias narrativas que la mente consciente jamás aceptaría.
HIPÓTESIS SOBRE LA FUNCIÓN DE LOS SUEÑOS
La ciencia ha desarrollado múltiples hipótesis para explicar por qué soñamos, aunque ninguna se ha impuesto de manera definitiva. Una de las más extendidas sostiene que los sueños forman parte del proceso de consolidación de la memoria y el aprendizaje. Según esta teoría, mientras dormimos el cerebro selecciona qué información conservar y cuál descartar, siendo los sueños una manifestación secundaria de ese proceso.
Otra hipótesis, de carácter evolutivo, apunta a que los sueños podrían tener una función adaptativa. Al representar escenarios de peligro o amenaza, como persecuciones o caídas, el cerebro ensayaría posibles respuestas que en la vida real mejorarían la supervivencia.
Las teorías psicológicas también han tenido un papel relevante. Sigmund Freud, a finales del siglo XIX, consideraba los sueños como una “ventana al inconsciente”, donde afloraban deseos reprimidos. Aunque esta interpretación ha perdido fuerza en la ciencia moderna, abrió un debate que aún sigue vigente: la relación de los sueños con nuestras emociones más profundas.
CURIOSIDADES Y PREGUNTAS ABIERTAS
Más allá de las teorías, los sueños siguen siendo un campo de incógnitas que fascina a la ciencia. Se calcula que dedicamos aproximadamente seis años de nuestra vida a soñar, aunque olvidamos más del 90 % de esas experiencias al despertar. Una de las grandes preguntas sigue siendo por qué recordamos algunos sueños con nitidez mientras otros se desvanecen en segundos.
Un fenómeno especialmente intrigante es el de los sueños lúcidos. En ellos, la persona es consciente de que está soñando y, en ocasiones, logra manipular lo que ocurre en la escena onírica. Recientes investigaciones estudian la posibilidad de entrenar este tipo de sueños para tratar trastornos como las pesadillas recurrentes o incluso potenciar habilidades cognitivas.
Lo cierto es que, a pesar de los avances, el sueño permanece como un territorio en gran parte inexplorado. Cada noche, el cerebro humano crea universos que desaparecen con el amanecer, recordándonos que aún queda mucho por descubrir sobre esta faceta esencial de nuestra mente.








