Trump y Putin cierran su cumbre en Alaska sin un alto el fuego en Ucrania, pero con gestos de acercamiento
Trump recibió a Putin con una recepción cargada de gestos de poder
EFE | Mallorca, 16 de Agosto de 2025 | 07:49h

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo de Rusia, Vladímir Putin, concluyeron este viernes en Alaska su cumbre más trascendental hasta la fecha sin un acuerdo de alto el fuego en Ucrania. Sin embargo, ambos líderes coincidieron en que el encuentro sirvió para acercar posturas y abrir la posibilidad de acuerdos en otras áreas de cooperación internacional.
Las conversaciones se celebraron en la base aérea de Elmendorf-Richardson, a las afueras de Anchorage, y se prolongaron durante más de tres horas. Trump las calificó de “extremadamente productivas”, aunque no se tradujeron en anuncios concretos. La comparecencia conjunta con Putin ante los medios de comunicación fue breve y concluyó de manera abrupta, algo inusual en el mandatario estadounidense.
“Hubo muchos puntos que acordamos, la mayoría de ellos. Quedan un par de asuntos grandes a los que no hemos llegado del todo, pero hemos avanzado. Pero no hay acuerdo hasta que hay acuerdo”, afirmó Trump, que adelantó que informaría de lo conversado a sus socios de la OTAN.
APERTURA DE PUTIN Y RETOS EN UCRANIA
Por su parte, Vladímir Putin defendió la necesidad de pasar de la confrontación al diálogo. “Más tarde o más temprano tenemos que enmendar esta situación y avanzar hacia el entendimiento. Un encuentro personal entre dos jefes de Estado era algo pendiente desde hace mucho y tras mucho trabajo hemos tenido un contacto directo muy positivo”, aseguró.
El presidente ruso se mostró abierto a explorar una resolución del conflicto en Ucrania, aunque insistió en que cualquier acuerdo debe tener en cuenta las “preocupaciones legítimas” de Rusia y restablecer el equilibrio de seguridad en Europa.
La Casa Blanca había rebajado previamente las expectativas de avances concretos, subrayando que Trump quería “ver y escuchar” a Putin antes de evaluar si existían posibilidades reales de un alto el fuego que no implicara cesiones territoriales por parte de Kiev, una línea roja para el Gobierno ucraniano.
Trump conversó antes de la cumbre con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y con líderes europeos, que mostraban recelos ante el riesgo de que esta reunión legitimara internacionalmente a Putin hasta el punto de consolidar sus conquistas territoriales en el Donbás ocupado.
UN ENCUENTRO HISTÓRICO EN ALASKA
El de este viernes fue un encuentro con un fuerte componente simbólico: la primera vez que un presidente ruso pisaba Alaska, antigua colonia de Rusia durante casi un siglo y enclave estratégico en la pugna por el dominio del Ártico.
Aunque en un principio Trump quería que la reunión transcurriera de manera privada, las tres horas de discusión incluyeron a figuras clave de ambas administraciones. Del lado estadounidense participaron el secretario de Estado, Marco Rubio, y el enviado especial Steven Witkoff. La delegación rusa estuvo encabezada por el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, y el asesor del Kremlin, Yuri Ushakov, lo que reflejó la importancia política y económica de la cita.
Para los más de 30.000 militares destinados en Elmendorf-Richardson, la cumbre se convirtió en un episodio insólito. Vieron cómo aviones rusos aterrizaban y despegaban en coordinación con la Fuerza Aérea estadounidense, cómo la escolta rusa se mezclaba con la estadounidense y cómo la limusina oficial de Putin, con matrícula de Moscú, circulaba en la base como un vehículo más.
ESCENAS DE ALTA CARGA SIMBÓLICA
Trump recibió a Putin con una recepción cargada de gestos de poder: cazas escoltando al avión presidencial, una larga alfombra roja y un podio flanqueado por aviones F-22. Incluso un bombardero estratégico B-2 sobrevoló a baja altura el espacio aéreo, obligando al mandatario ruso a levantar la vista hacia la imponente aeronave.
El presidente estadounidense rompió una vez más el protocolo al invitar a Putin a subir a “la Bestia”, la limusina presidencial, para dar un breve recorrido durante el cual conversaron de manera animada y en privado.
La jornada concluyó con un gesto inesperado de Putin, que salió de su habitual hermetismo internacional y se animó a hablar unas palabras en inglés: “La próxima vez en Moscú”. Trump respondió con entusiasmo: “Es un poco difícil, pero lo podemos conseguir”.
Este primer paso en la compleja relación entre Washington y Moscú no logró un alto el fuego en Ucrania, pero supuso un inicio de contacto directo que podría marcar un antes y un después en la diplomacia internacional.







