¿Por qué sentimos que el tiempo va más lento en situaciones de peligro?

Esa sensación de que todo ocurre en cámara lenta no es real, pero tu cerebro tiene una buena razón para provocarla

Alicia D. Romero | Mallorca, 30 de Julio de 2025 | 02:00h

Un frenazo inesperado en plena carretera, una caída repentina o un susto en la calle. En situaciones así, muchas personas aseguran haber sentido que el tiempo se detuvo o que todo transcurrió en cámara lenta. Aunque el reloj no se detiene, la percepción del tiempo puede alterarse de forma radical. Y la ciencia tiene algo que decir al respecto.

Ante una amenaza, el cerebro pone en marcha su sistema de emergencia: la conocida respuesta de lucha o huida. Se dispara la liberación de adrenalina, el pulso se acelera, la respiración se agita y los sentidos se agudizan. En ese estado de máxima alerta, el cerebro procesa mucha más información de lo habitual en muy poco tiempo. Esa sobrecarga de datos genera, al recordar lo ocurrido, la sensación de que todo pasó más lentamente de lo que realmente duró.

Investigadores como el neurocientífico David Eagleman han estudiado este fenómeno en profundidad. Su conclusión es clara: el tiempo no se ralentiza realmente, lo que sucede es que el cerebro graba muchos más detalles de los normales durante esos momentos. Es como si, en lugar de registrar la escena a 24 fotogramas por segundo, lo hiciera a 100. Esa densidad de información crea la ilusión de que los segundos se estiran.

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UNA ILUSIÓN DE LA MEMORIA, NO DEL TIEMPO REAL


Uno de los experimentos más conocidos en este campo se realizó en el Baylor College of Medicine, en Texas. Los investigadores lanzaron a varios voluntarios por una atracción de caída libre de más de 30 metros. Luego les pidieron que calcularan cuánto tiempo había durado la experiencia. La mayoría aseguró que la caída fue mucho más larga de lo que realmente fue.

Pero al medir su procesamiento de estímulos durante el suceso, los científicos descubrieron que no reaccionaban más rápido en tiempo real. La clave no estaba en los sentidos, sino en la memoria. Durante esos segundos intensos, el cerebro registró una mayor cantidad de información, y al reconstruirla más tarde, parecía que había durado mucho más.

¿POR QUÉ EL CEREBRO HACE ESTO?


El propósito es claro: sobrevivir. Al darnos la sensación de que tenemos más tiempo, el cerebro nos permite analizar mejor la situación, valorar opciones y tomar decisiones más certeras en cuestión de milisegundos. Esa falsa lentitud puede marcar la diferencia entre un accidente grave y una reacción salvadora.

No es raro que deportistas de élite, soldados, bomberos o pilotos describan esta sensación durante entrenamientos intensos o situaciones límite. En esos momentos, el cerebro concentra toda su energía en el presente, desactivando funciones secundarias, como la conciencia del paso del tiempo, para centrarse exclusivamente en la acción.

CUANDO DEJA DE SER ÚTIL

Aunque esta distorsión temporal tiene un valor adaptativo, en personas que han atravesado traumas graves o accidentes extremos puede dejar secuelas. Es común que quienes padecen trastorno por estrés postraumático (TEPT) revivan una y otra vez la escena con la misma sensación de tiempo congelado o realidad fragmentada.

En la mayoría de los casos, sin embargo, la percepción de lentitud solo dura unos minutos y desaparece por sí sola, sin consecuencias a largo plazo. Se trata de una respuesta normal del cerebro, diseñada para protegernos en momentos clave.

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