¿Por qué sentimos que el móvil vibra cuando no lo hace? La explicación científica del 'síndrome del celular fantasma'
Descubre qué lo causa, qué efectos tiene y cómo evitarlo, según la ciencia
Alicia D. Romero | Mallorca, 28 de Julio de 2025 | 05:00h

Estás caminando, trabajando o viendo la televisión, y de repente sientes una vibración en el bolsillo. Revisas el móvil… y no hay ningún mensaje, ni llamada, ni alerta. No es tu imaginación: lo que experimentas se conoce como síndrome del celular fantasma, un fenómeno cada vez más común en la era digital. ¿Por qué ocurre esta sensación? La ciencia ya tiene varias hipótesis para explicarlo, y todas apuntan a cómo nuestro cerebro y nuestras emociones se adaptan al uso intensivo del móvil.
UN FENÓMENO CADA VEZ MÁS FRECUENTE
El síndrome del celular fantasma, también llamado vibración fantasma, es la percepción errónea de que el teléfono móvil está vibrando o sonando cuando en realidad no lo está haciendo. Un estudio realizado en 2012 por la Universidad de Indiana reveló que 9 de cada 10 personas que usan el teléfono con frecuencia habían experimentado esta sensación al menos una vez.
Aunque no se considera una enfermedad ni un trastorno mental, sí se clasifica como una ilusión sensorial vinculada a la dependencia tecnológica y a la anticipación constante de notificaciones. En otras palabras, cuanto más esperamos una alerta, más probable es que el cerebro acabe “sintiéndola”, aunque no exista. Este fenómeno afecta tanto a adultos como a jóvenes y, en algunos casos, puede repetirse varias veces al día sin que el usuario llegue a identificarlo como un error de percepción. Es una muestra clara de cómo los dispositivos digitales están alterando no solo nuestros hábitos, sino también nuestras sensaciones físicas y neuronales.
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EL CEREBRO EN MODO ALERTA CONSTANTE
La explicación más aceptada por los neurocientíficos es que el cerebro, condicionado por el uso continuo del móvil, interpreta ciertos estímulos leves como vibraciones reales. Por ejemplo, el roce de la ropa, un pequeño movimiento muscular o un cambio de presión en la piel pueden ser malinterpretados por el sistema nervioso como una señal del dispositivo.
Este efecto se explica por la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para adaptarse y reorganizarse a partir de la repetición de estímulos. En el caso del móvil, el contacto frecuente con el aparato, las notificaciones continuas y el estado de alerta sostenido hacen que cualquier sensación ligera en la zona donde suele llevarse el dispositivo se convierta en una falsa alarma. Cuanto más pendientes estamos del teléfono, más fácil resulta que se active esa respuesta automática. Así, nuestro sistema nervioso se vuelve más propenso a “rellenar” el vacío con señales que no existen, como si el cuerpo respondiera por inercia a un hábito aprendido.
ANSIEDAD, COSTUMBRE Y EXPECTATIVA PSICOLÓGICA
El síndrome del celular fantasma no solo tiene una base neurológica, sino también emocional y conductual. La ansiedad por estar constantemente conectados, la necesidad de respuestas inmediatas y el miedo a perderse algo (FOMO) hacen que el estado de alerta aumente. Esto genera un círculo vicioso en el que la expectativa de recibir una notificación se convierte en una percepción física errónea.
Una investigación publicada en Computers in Human Behavior demostró que las personas que pasan más tiempo en redes sociales o consultando el correo en el móvil son más propensas a experimentar vibraciones fantasma, especialmente si se encuentran estresadas, cansadas o con sobrecarga digital. Además, el contexto importa: los episodios suelen aumentar durante las horas de trabajo, al caminar por la calle o en momentos de espera, cuando la atención está dividida y el cerebro trata de adelantarse a cualquier estímulo externo.
¿TIENE ALGÚN RIESGO PARA LA SALUD?
En principio, el síndrome del celular fantasma no representa un peligro físico ni un trastorno clínico. Sin embargo, puede ser una señal de uso excesivo del dispositivo. Cuando ocurre con frecuencia y genera incomodidad, ansiedad o distracción constante, es recomendable revisar los hábitos digitales.
Los especialistas sugieren algunas medidas simples pero eficaces: evitar llevar el teléfono pegado al cuerpo todo el día, activar solo las notificaciones esenciales, establecer pausas tecnológicas y reducir el tiempo de pantalla, especialmente antes de dormir o durante momentos de descanso mental. En algunos casos, un cambio en la forma de llevar el móvil —por ejemplo, en la mochila en lugar del bolsillo— puede reducir significativamente la aparición de esta ilusión sensorial.








