Por qué la cebolla nos hace llorar y cómo evitarlo
Cortar cebolla provoca lágrimas por un compuesto de azufre volátil
Alicia D. Romero | Mallorca, 26 de Julio de 2025 | 03:00h

Picar una cebolla puede convertirse en una experiencia lacrimógena incluso para los más experimentados en la cocina. Pero no se trata de una reacción emocional, sino de una respuesta química perfectamente explicada por la ciencia. Esto es lo que ocurre en tu cuerpo y cómo puedes evitarlo, según los expertos.
UNA REACCIÓN DE DEFENSA NATURAL
La cebolla (Allium cepa) no busca activamente hacernos llorar, pero su química interna está diseñada para defenderse de agresiones externas. Al cortarla, se rompen miles de células vegetales y se libera una enzima llamada alinasa, que actúa sobre compuestos de azufre naturales de la planta.
El resultado es la generación de un gas volátil: el óxido de tiopropanal, más conocido como factor lacrimógeno. Este gas se eleva rápidamente hacia los ojos, donde reacciona con el agua de la superficie ocular, formando una solución levemente ácida. El sistema nervioso interpreta esto como una amenaza, y las glándulas lagrimales responden produciendo lágrimas para proteger el ojo y eliminar el irritante.
Aunque pueda parecer una molestia cotidiana menor, esta reacción tiene una base bioquímica sorprendentemente sofisticada.
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LO QUE REVELA LA CIENCIA QUÍMICA
Un estudio publicado en Nature por el químico japonés Shinsuke Imai demostró que la cebolla tiene un mecanismo lacrimógeno único entre los vegetales. Aunque muchas plantas contienen compuestos azufrados, solo la cebolla genera este gas lacrimógeno tan específico, gracias a la acción de una enzima exclusiva: la factor lacrimógeno sintasa (LFS).
Además, la intensidad de la reacción varía según el tipo de cebolla. Las variedades blancas y moradas tienen más precursores sulfurosos, lo que provoca un efecto más intenso. En cambio, la cebolla dulce produce menos lágrimas al contener menos de estos compuestos.
Estas diferencias explican por qué algunos tipos de cebolla nos hacen llorar más que otros, y por qué el efecto no siempre es el mismo.
CÓMO REDUCIR EL EFECTO LACRIMÓGENO
Aunque es imposible eliminar por completo el efecto lacrimógeno, los químicos han identificado formas eficaces de reducirlo en la cocina diaria:
- Enfriar la cebolla antes de cortarla: el frío ralentiza la reacción enzimática y disminuye la liberación del gas.
- Cortarla bajo el grifo o en agua: el agua actúa como barrera, atrapando el gas antes de que llegue a los ojos.
- Usar un cuchillo afilado: un corte limpio rompe menos células, reduciendo la liberación de enzimas.
- Ventilar bien el espacio de trabajo: usar campana extractora o abrir una ventana ayuda a dispersar el gas.
- Utilizar gafas protectoras herméticas: aunque pueda parecer exagerado, es una medida efectiva si se manipulan grandes cantidades.
Además, existen cebollas modificadas genéticamente -como la llamada "cebolla sin lágrimas" desarrollada por científicos de Nueva Zelanda- que reducen la presencia del factor lacrimógeno. Sin embargo, este tipo de cebolla aún no está disponible en la mayoría de mercados europeos.
¿NOS AFECTA A TODOS POR IGUAL?
La respuesta es no. La sensibilidad al gas lacrimógeno varía según la persona. Algunas reaccionan con solo acercarse a una cebolla recién cortada, mientras que otras apenas notan nada. Factores como la sensibilidad ocular, el volumen de lágrimas natural o la distancia al punto de corte influyen directamente en la reacción.
Aunque el efecto es molesto, no representa un riesgo para la salud en condiciones normales. Aun así, los especialistas recomiendan evitar tocarse los ojos tras manipular cebolla, ya que los residuos en los dedos pueden provocar irritación ocular más intensa si se frotan los párpados o el lagrimal.
Por tanto, si la cebolla te hace llorar, tu cuerpo está funcionando como debe: detectando una posible amenaza y defendiéndose con lágrimas. Y, por suerte, la ciencia ya tiene varios trucos para ayudarte a evitarlo.








