El medio acuático no perdona: porque la autoprotección también salva vidas
cronicabalear.es | Mallorca, 25 de Julio de 2025 | 17:35h

Vivir en unas islas como las nuestras es convivir con el medio acuático. Estamos rodeados de playas infinitas, calas escondidas y más piscinas de las que imaginamos. Algunas cuentan con vigilancia profesional. Muchas otras, no. Nuestros socorristas, muchas veces, son auténticos ángeles de la guarda. Pero no pueden estar en todas partes, deberíamos tener grabado a fuego que la seguridad empieza con uno mismo.
Las Islas Baleares están bastante por delante en cuanto a regulación en seguridad acuática, si las comparamos con el resto del territorio español. Tenemos normativa específica, planificación, formación y experiencia. Pero nos faltaría desarrollar un ingrediente más: la autoprotección.
El medio acuático forma parte de nuestra vida. Está en la rutina, en los recuerdos, en los veranos que se repiten. Y justo por eso, muchas veces bajamos la guardia, sobre todo los que más expuestos estamos. No hablo únicamente de turistas. También nosotros. Los de aquí. Los que nos hemos criado entre calas, playas y piscinas.
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Y por eso mismo, tenemos que asumir que el riesgo sigue ahí. Que saber qué hacer -y qué no hacer- es parte de la cultura preventiva.
Porque por más que lo frecuentemos, el medio acuático no es nuestro entorno natural, no hay que olvidar que es un medio hostil. Lo que en tierra puede ser un simple mareo o una torcedura, dentro del agua puede convertirse en segundos en una emergencia fatal y muchos lo siguen subestimando, día tras día.
Cada 25 de julio, el Día Mundial para la Prevención del Ahogamiento nos recuerda una verdad incómoda: el ahogamiento sigue siendo una de las principales causas de muerte accidental en todo el mundo. Según la ONU, más de 236.000 personas mueren cada año por esta causa (año 2019), con un impacto desproporcionado en niños, jóvenes y personas de países con menos recursos. En España, fallecen entre 400 y 600 personas al año, y casi el 75 % de las muertes ocurren en los meses de verano. Y no solo en el mar: también en piscinas privadas, acequias, balsas, canales o incluso en bañeras. Y basta un instante de distracción para que ocurra el desastre.
Parte del problema viene, como recuerda el doctor Barcala en uno de sus últimos artículos, por series como Los vigilantes de la playa que nos dejaron grabada una imagen completamente falsa del ahogamiento: víctimas gritando, agitándose, pidiendo auxilio a pleno pulmón. Esa visión distorsionada ha hecho mucho daño. Y los que estamos al pie de playa lo sabemos bien.
La realidad es otra: el ahogamiento suele ser silencioso, rápido y casi invisible. En menos de 90 segundos -lo que dura dos historias en redes sociales- una persona puede ahogarse, sin que nadie a su alrededor se dé cuenta. Esa es la verdad incómoda.
Y aquí, en un territorio tan expuesto al mar y a múltiples espacios acuáticos es necesario anticiparse. Y eso se consigue entendiendo el riesgo, formándose y sabiendo cómo actuar si llega el momento. En definitiva, con autoprotección. Si crees que saber nadar es suficiente, te equivocas. No lo es.
Si echamos mano de la literatura y de las historias clásicas, ya encontramos lecciones que siguen vigentes frente al riesgo de ahogamiento.
El Barón de Münchhausen intentó salir solo, tirando de su propia coleta cuando cayó al barro con su caballo, para no morir ahogado. Absurdo, sí, pero representa al que niega el peligro y cree que puede con todo, sin ayuda.
Ulises se preparó. Sabía que flaquearía, y por eso pidió que lo ataran al mástil antes de escuchar el canto de las sirenas. No fue más fuerte: fue más consciente.
Narciso, cegado por su reflejo, no miró más allá. Se confió. Y acabó ahogado en la misma imagen que lo fascinaba.
Los tres se enfrentan al peligro de forma distinta. Uno lo niega, otro lo anticipa, otro lo subestima. Cada historia deja una lección. Porque el mar, las calas o una simple piscina también seducen. Nos relajan, nos invitan a confiarnos. Pero ahí está el error: el medio acuático no perdona.
Deberíamos ser conscientes en que este día no lo deben recordar solo los socorristas ni quienes han vivido una pérdida. Hay que cambiar la mirada. La cultura preventiva no puede recaer solo en ellos. Tiene que empezar mucho antes: en cada casa, a nivel social -individual y colectivo-, y ponerse en práctica en cada “capfico”.
El medio acuático no perdona. Pero sí premia la autoprotección. Y en unas islas como las nuestras, estar preparados, ser una sociedad resiliente, debería estar dentro de nuestra forma de vivir.
Ya lo dice el Marco de Sendai: la reducción del riesgo empieza mucho antes de la emergencia.
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Cadena del Ahogamiento propuesta por David Szpilman y adaptada por SEMES-Socorrismo. Esta imagen resume cómo se desencadenan muchos ahogamientos y sus estrategias e intervenciones.
Álvaro Castarnado
CEO de Marsave









