Eventos de verano y naturaleza: una combinación que pone en riesgo la biodiversidad
Solo la presencia masiva de personas ya supone un impacto relevante: pisoteo de vegetación, tráfico de vehículos y alteración del entorno
EFE | Mallorca, 12 de Julio de 2025 | 17:45h

La destrucción de vegetación, el abandono de residuos —algunos de ellos tóxicos— y la contaminación del aire son parte de la huella ambiental que dejan ciertos eventos estivales en el medio natural. Su coste para la biodiversidad, alertan los ecologistas, es “importante y difícil de reparar”.
Conciertos al aire libre, pícnics, torneos deportivos o cualquier actividad masiva en espacios naturales pueden provocar o acelerar el deterioro de ecosistemas, sobre todo cuando se llevan a cabo con prácticas irresponsables que podrían ser evitadas o reducidas significativamente.
Desde Ecologistas en Acción, su coordinador del área de conservación de la naturaleza, Theo Oberhuber, advierte que el efecto de estas actividades “es muy variado y, dependiendo del espacio o del tipo de ecosistema, es mayor o menor”. Solo la presencia masiva de personas ya supone un impacto relevante: pisoteo de vegetación, tráfico de vehículos y alteración del entorno.
Según Oberhuber, cuando se trata de zonas protegidas o de alta biodiversidad, el daño es mucho más grave. La fauna sufre molestias directas, y no es raro que se produzcan destrucción de hábitats, acumulación de residuos, contaminación ambiental y, en algunos casos, vertido de sustancias nocivas.
FESTIVALES Y DEPORTES EN LA NATURALEZA: UNA AMENAZA INVISIBLE
Utilizar entornos naturales como escenarios para competiciones deportivas o festivales de música implica, según Oberhuber, una artificialización del espacio que tiene consecuencias tanto directas como indirectas para la biodiversidad. Entre los efectos más comunes se encuentran el abandono de nidos, el aumento de emisiones contaminantes y la acumulación de residuos.
“En un espacio natural la prioridad debe ser la conservación, no su destrucción ni su explotación”, sostiene. Además del daño físico, la presión humana altera el comportamiento de especies animales, interfiere en sus ciclos vitales y reduce la calidad de los ecosistemas. El problema de fondo, coinciden los expertos, es la falta de educación ambiental. “No estamos bien educados”, lamenta Oberhuber. “La sociedad está muy basada en el usar y tirar, especialmente en las últimas décadas”. Añade que las nuevas generaciones no han asumido del todo la importancia de reducir residuos ni de minimizar su toxicidad.
Por su parte, Miguel Muñoz, coordinador del proyecto Libera, impulsado por SEO/BirdLife contra la "basuraleza", expresa su preocupación por la presión estacional en zonas rurales. “Entornos acostumbrados a un número reducido de habitantes, en verano ven su población multiplicada por dos, tres, cuatro o cinco”, indica.
BASURALEZA: UN PROBLEMA QUE SUPERA INFRAESTRUCTURAS
Esta afluencia masiva de personas, explica Muñoz, satura la capacidad de gestión de residuos y aguas de muchas localidades, lo que multiplica los impactos negativos sobre el entorno. La falta de contenedores adecuados y sistemas de depuración eficaces hace que la acumulación de desechos sea casi inevitable. “La basuraleza es muy heterogénea”, afirma. Esto significa que sus consecuencias también lo son: desde contaminación química hasta la destrucción directa del hábitat. Entre los residuos más comunes tras eventos estivales se encuentran envases de plástico, latas, colillas de cigarrillos y toallitas húmedas, cuya degradación puede tardar décadas.
Además del impacto visual y físico, los residuos alteran el equilibrio ecológico, ponen en riesgo la salud de la fauna y dificultan los procesos naturales del ecosistema. Es un fenómeno que se agrava con cada temporada estival si no se toman medidas urgentes.
PLAYAS Y MAR: CUANDO EL PLÁSTICO LLEGA AL AGUA
En zonas de playa o entornos marinos, el abandono de residuos cobra otra dimensión. Los restos plásticos, comida, utensilios o envoltorios no solo afean el paisaje o incomodan al turista: también ponen en peligro la fauna marina y la calidad del agua. Muñoz advierte que especies como tortugas marinas pueden confundir bolsas de plástico con medusas, su alimento natural, y acabar ingiriéndolas por error, lo que con frecuencia les provoca enfermedades o la muerte. Además, aves marinas y otros animales quedan fácilmente enredados en redes de pesca abandonadas o plásticos flotantes.
Aunque el plástico no es biodegradable, el experto explica que sí se degrada por la acción de los rayos ultravioleta, generando microplásticos de menos de 5 milímetros. Estos fragmentos pueden entrar en la cadena alimentaria de animales filtradores como los cetáceos, con consecuencias graves y acumulativas.
El impacto del plástico en la biodiversidad marina es hoy uno de los grandes retos medioambientales globales. La falta de conciencia, la ineficaz gestión de residuos y el uso indiscriminado de productos de un solo uso amenazan con convertir cada verano en una nueva agresión al entorno natural. Los expertos coinciden: es urgente regular el uso de espacios naturales, limitar los eventos masivos en zonas sensibles y educar a la población sobre la necesidad de proteger lo que aún queda.







