Las 6 frases que repiten sin parar las personas infelices
Estas expresiones delatan a quienes viven anclados en la queja y la insatisfacción
Alicia D. Romero | Mallorca, 11 de Julio de 2025 | 04:00h

Decir “gracias” puede parecer un gesto pequeño, casi insignificante, pero cada vez más estudios lo confirman: cultivar la gratitud transforma la forma en que pensamos, sentimos y nos relacionamos. Investigadores de prestigiosas universidades, como Harvard, sostienen que agradecer no solo mejora nuestro bienestar emocional, sino que también tiene efectos medibles sobre la salud mental y física. ¿La clave? La dopamina, conocida como la hormona del placer, que se libera cuando practicamos la gratitud de forma consciente y habitual.
Según el profesor Arthur C. Brooks, investigador y columnista de The Atlantic, las personas agradecidas tienen más probabilidades de experimentar emociones positivas, disfrutar plenamente de las experiencias, afrontar mejor los retos de la vida y construir relaciones sólidas y duraderas. Y no se trata de una teoría sin respaldo: desde la Universidad de Harvard se subraya que numerosos estudios científicos avalan la relación entre gratitud y felicidad sostenida en el tiempo.
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Además, también ha demostrado ser eficaz para reducir los niveles de estrés crónico, mejorar la calidad del sueño y facilitar una mejor gestión del dolor físico y emocional, según publica la Harvard Medical School.
TODO EMPIEZA POR LO QUE DECIMOS
La práctica de la gratitud no requiere grandes gestos. A menudo, empieza con evitar ciertas expresiones cotidianas que reflejan lo contrario: el victimismo y la dependencia emocional. Estas frases, muy comunes en el habla coloquial, pueden tener un impacto negativo tanto en nuestras relaciones como en nuestra percepción del mundo. Aquí te explicamos seis de las más habituales y por qué conviene erradicarlas de tu vocabulario si quieres vivir de forma más agradecida.
Esta frase parte de una actitud basada en la culpabilización y la manipulación emocional. Quien la pronuncia suele esperar una retribución emocional constante por su apoyo pasado, lo que convierte el agradecimiento en una moneda de cambio. Tal actitud puede envenenar las relaciones y suele aparecer en perfiles controladores que buscan aislar al otro, como han señalado expertos en salud emocional y vínculos afectivos en publicaciones revisadas por la American Psychological Association.
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1. "¿Por qué siempre me haces sentir así?"
Esta frase evidencia la incapacidad de asumir la responsabilidad emocional propia. Los estudios coinciden en que las personas con baja gratitud tienden a culpar a los demás por su malestar en lugar de reconocer su papel en los conflictos. Este tipo de victimismo, como explican investigaciones publicadas en The Journal of Social and Clinical Psychology, refuerza dinámicas tóxicas y dificulta el crecimiento emocional.
2. "Me debes una"
Cuando se da esperando algo a cambio, no se está practicando gratitud sino intercambio emocional interesado. Esta actitud genera relaciones desequilibradas y alimenta la insatisfacción personal. Tal como afirma la doctora Brené Brown, experta en vulnerabilidad y relaciones humanas, en su libro The Gifts of Imperfection, la gratitud auténtica no nace del “deber”, sino de la libertad de dar sin esperar retorno.
3. "Nunca me das las gracias cuando hago cosas por ti"
Aunque es legítimo desear reconocimiento, exigir un “gracias” constante por cada acto puede reflejar una dependencia del refuerzo externo. Según estudios de la Universidad de California en Berkeley, no debe convertirse en una obligación ajena, sino en un estado interno que valora sin necesidad de recompensa.
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4. "Siempre me siento infeliz y no sé por qué"
Esta frase puede indicar una falta de conexión con lo positivo de la vida. En un estudio conjunto del Dr. Robert A. Emmons (Universidad de California en Davis) y el Dr. Michael E. McCullough (Universidad de Miami), se comprobó que las personas que escribían regularmente sobre las cosas por las que estaban agradecidas mostraban mayores niveles de optimismo y bienestar general, en comparación con quienes se centraban en lo negativo.
5. "¿Por qué solo existo cuando necesitas algo?"
Según un estudio publicado en American Psychologist, quienes no practican la gratitud suelen desarrollar una actitud de derecho constante, creyendo que los demás están obligados a atender sus necesidades. Esta percepción alimenta un círculo de decepción y desconfianza hacia el entorno, alejando a quienes les rodean.
UNA ACTITUD QUE SE PUEDE ENTRENAR
Practicarla no es solo un acto social; es un entrenamiento mental que, con el tiempo, transforma la percepción de la realidad. Evitar expresiones de ingratitud es un primer paso. El segundo, según los expertos, es incorporar rutinas sencillas como escribir un diario, expresar agradecimiento a otras personas o reconocer lo positivo del día a día, aunque sea en silencio.
Al final, como señala Arthur C. Brooks, la gratitud no solo te hace más amable, sino también más feliz. Y eso, según la ciencia, no es un cliché: es una herramienta poderosa para vivir mejor.










