Tamara Falcó: "Engordé 20 kilos, solo comía filetes y tortilla de patatas"

La 'influencer' y marquesa de Griñón lidió con el estrés y la subida de peso tras la pandemia

Marina J. Ramos | Mallorca, 25 de Junio de 2025 | 08:06h

Tamara Falcó, en una imagen de archivo, en 'El Hormiguero'.

A sus 43 añosTamara Falcó luce implecable. Más allá de su estilo, la marquesa de Griñón, 'influencer' y colaboradora televisiva se alza como una voz cantante no solo en la moda o el maquillaje, sino como una referente en el estilo de vida, basado un enfoque del autocuidado que va más allá de la estética.

Y es que, según compartió la propia Falcó en 'El Hormiguero', durante la pandemia su vida atravesaba grandes cambios: había asumido el título de marquesa de Griñón y acababa de perder a su cuñado, Jaime Carvajal. En medio de ese torbellino emocional, reveló que había perdido casi 20 kilos desde la primavera de 2016. Pero lo más revelador no fue la cifra, sino la causa: había aprendido a gestionar el estrés emocional.

CUANDO EL PESO ES SÍNTOMA DE OTRA COSA

“Me eché encima casi 20 kilos”, confesó entonces. “Mi madre me decía que no sonreía y no me veían los ojos”. Lo más alarmante no era el cambio físico, sino la desconexión con su propia alegría. El cuerpo hablaba, y lo hacía a través del peso, del cansancio, de la apatía.

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La marquesa de Griñón relató cómo pasaba los días encerrada en casa, atrapada por los pensamientos negativos y una rutina alimenticia limitada a “filetes y tortilla de patatas”. La transformación real comenzó cuando decidió volver a salir, a activarse, a reconectar con la vida. “Hay que encontrar lo que te funciona”, explicó. “Tenía mucho estrés, y conseguí sobrellevarlo, después mis dietas, deporte y visitas a la clínica”, reveló, a modo de sus claves personales.



EL ESTRÉS, EL ENEMIGO INVISIBLE

El caso de Tamara no es una excepción. La ciencia respalda lo que muchas personas experimentan: el estrés puede hacernos engordar. El principal responsable -entre otros factores- es el cortisol, la hormona que el cuerpo libera en situaciones de tensión. En exceso, puede provocar aumento del apetito, facilitar el almacenamiento de grasa y ralentizar el metabolismo, como si el organismo se pusiera en “modo supervivencia”.

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Además, el estrés emocional suele ir de la mano de lo que se conoce como “hambre emocional”: comer no por hambre real, sino para calmar emociones desagradables. También suele disminuir la motivación para hacer ejercicio, alterar el sueño y desajustar hormonas clave en la regulación del apetito, como la grelina y la leptina. Es un círculo vicioso que empieza en la mente, pero afecta al cuerpo en todos los niveles.

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