El césped de Wimbledon: cómo se prepara y por qué es tan especial
Una mirada al meticuloso trabajo que transforma cada pista en el escenario más emblemático del tenis mundial
Alicia D. Romero | Mallorca, 23 de Junio de 2025 | 18:14h

Cada verano, millones de ojos se posan sobre las pistas perfectamente cuidadas del All England Lawn Tennis Club. Pero detrás del inconfundible verde que cubre Wimbledon se esconde mucho más que estética: hay ciencia, tradición y una dedicación extrema. Wimbledon no solo es el torneo de tenis más antiguo del mundo ni el único Grand Slam que se disputa sobre hierba natural; es también un modelo de excelencia en el cuidado de una superficie viva, cambiante y exigente.
Su césped, recortado al milímetro, sometido a tecnología de vanguardia y reemplazado cada año, representa el espíritu del torneo: respeto por la historia y obsesión por la perfección. Esta es la historia del césped más famoso del deporte y de todo lo que implica mantenerlo así.
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EL SECRETO ESTÁ EN LA HIERBA: RYEGRASS AL 100%
Desde 2001, el All England Lawn Tennis Club utiliza raigrás perenne (perennial ryegrass) al 100%, una variedad resistente al desgaste que proporciona una superficie más uniforme y veloz. Antes se usaba una mezcla con otras especies, pero el cambio permitió mejorar la durabilidad del césped y reducir el riesgo de deslizamientos.
Cada año, una vez terminado el torneo, el césped se arranca por completo y se vuelve a sembrar. Durante los 11 meses de preparación, los operarios controlan meticulosamente la humedad, la luz, el corte y el riego.
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UNA ALTURA PRECISA: 8 MILÍMETROS
En Wimbledon, nada se deja al azar. La altura del césped se corta a exactamente 8 milímetros, una medida que influye directamente en la velocidad de la bola y en el bote. Cuanto más corto, más rápido se juega.
La siega se realiza diariamente durante el torneo, y se controla con reglas láser y maquinaria especializada. Incluso la dirección de corte importa: se alternan patrones para mantener la densidad y el aspecto estético.
Más allá de la siega, el césped de Wimbledon se cuida con técnicas propias de la agricultura de precisión: sensores de humedad, drones para inspección aérea, sistemas de riego computarizados y análisis de suelo constantes.
La empresa encargada de este mantenimiento es el propio All England Club, que cuenta con un equipo de jardineros profesionales dirigidos por Neil Stubley, el jefe de superficies desde 2012. Su misión: que cada pista esté perfecta, desde la central hasta la número 18.
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UN CAMPO QUE CAMBIA CON CADA PARTIDO
A diferencia de las pistas duras o de tierra batida, el césped se deteriora visiblemente con el uso. Las zonas de saque y fondo de pista se desgastan a medida que avanzan los días, alterando el bote de la pelota y obligando a los jugadores a adaptarse.
Este desgaste es parte del encanto y del reto de Wimbledon. Aunque visualmente el césped luzca peor hacia la segunda semana, los expertos aseguran que la superficie sigue siendo funcionalmente consistente gracias al mantenimiento constante.
El césped favorece a los jugadores con saque potente y juego agresivo, ya que la bola bota más bajo y rápido. Por eso, históricamente ha sido territorio favorable para figuras como Pete Sampras, Roger Federer o Serena Williams. Sin embargo, con el paso del tiempo, la superficie se ha ralentizado ligeramente para favorecer los intercambios más largos y espectaculares, en línea con las demandas del público actual.
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Más que un simple escenario deportivo, el césped de Wimbledon es un símbolo de excelencia, tradición y obsesión por el detalle. Su preparación anual no solo garantiza el espectáculo, sino que representa un compromiso con la historia viva del tenis.











