La DANA de Valencia: Un tsunami de mentiras
Entre los bulos más virales estuvo el de una supuesta masacre en el aparcamiento subterráneo del centro comercial Bonaire
EFE | Mallorca, 10 de Abril de 2025 | 08:06h

La historia de Verónica Galduf, vecina de Alfafar (Valencia), es el reflejo del doble impacto que sufren las víctimas de una catástrofe: la devastación física y el daño psicológico causado por la desinformación. El pasado 29 de octubre, una riada arrasó su casa y su entorno. Lo que vino después, asegura, fue aún peor: una ola de bulos que sembraron el miedo en su familia y en todo el municipio.
Ese día, la mayor inundación registrada en la Comunitat Valenciana en décadas transformó Alfafar en un escenario de destrucción. Pero el desastre natural dio paso a otro fenómeno igual de nocivo: la proliferación de mensajes falsos que advertían de nuevas riadas, saqueos con machetes e incluso agresiones sexuales a voluntarias de ONG desplazadas a la zona.
Verónica, madre de dos hijos pequeños y empleada de supermercado, recuerda que esos mensajes no solo llegaban por redes sociales, sino también a través del boca a boca. "Esto era la ciudad sin ley. Daba miedo, era un The Walking Dead a lo español, era aterrador", relata.
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UN CLIMA DE PÁNICO Y SUPERVIVENCIA
Asustada, Verónica decidió llevar a sus hijos a casa de unos amigos, mientras ella y su marido permanecían en su vivienda, un adosado con la planta baja anegada y la puerta principal inservible. Dormían mal o directamente no lo hacían, con objetos debajo de la almohada "por si acaso".
El miedo a ser asaltados generó un nivel de estrés extremo. En ese estado, cuenta, no era posible discernir si los rumores eran ciertos o falsos: "Lo único que estás pensando es que, como pase, tienes que sobrevivir".
EL BULO MÁS DAÑINO: CENTENARES DE MUERTOS EN BONAIRE
Entre los bulos más virales estuvo el de una supuesta masacre en el aparcamiento subterráneo del centro comercial Bonaire. Circuló un audio atribuido a un supuesto mando de la UME que, entre lágrimas, afirmaba haber encontrado "200 niños muertos".
Verónica, como muchos vecinos, se lo creyó al principio. Con el paso de los días, razonó que a las siete de la tarde de un martes ese lugar no estaría tan concurrido y que el aparcamiento subterráneo apenas se usa. Las labores de búsqueda allí concluyeron sin hallar ningún cadáver, pero el daño ya estaba hecho: el bulo se había propagado y alimentado la angustia de quienes aún buscaban a familiares.
"Hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y con lo que no", advierte. "El dolor de una palabra es peor que el de un guantazo".
Verónica cree que algunos difundieron bulos por desconocimiento, pero otros lo hicieron "por maldad", con intenciones deliberadas de generar miedo o sacar provecho del caos. "Hay que ser serios, pensar en las personas, ser empáticos", reclama.
IMPACTO EMOCIONAL: TRISTEZA, MIEDO, IRA Y ASCO
Un estudio de la Universitat Politècnica de València (UPV), en colaboración con la Universidad de Navarra y el Observatorio Ibérico de Medios Digitales (Iberifier), ha analizado 650 mensajes sobre la DANA en redes sociales como X y TikTok. La investigación concluye que la desinformación generó tristeza y miedo en la primera plataforma, mientras que en la segunda provocó ira y asco.
Los investigadores —Iván Arcos, Paolo Rosso y Ramón Salaverría— advierten que estos mensajes falsos buscan apelar a las emociones, empleando anécdotas, referencias personales o negaciones para resultar más creíbles que las fuentes fiables.
NEGACIONISMO CLIMÁTICO EN ZONAS INUNDABLES
Verónica también ha sido víctima de otra desinformación: la que niega el cambio climático. Tras 12 años viviendo en Alfafar, nunca había sido plenamente consciente de que su casa se sitúa en una zona inundable, rodeada de barrancos y con riesgo por lluvias torrenciales.
Con esta DANA, que dejó más de 700 litros por metro cuadrado en algunas zonas de Valencia, ha descubierto que vive en el punto más bajo del municipio. Aunque algunos vecinos mayores le contaron que todo era parte de antiguos arrozales de la Albufera, nunca imaginó el peligro.
A pesar de todo, no planea mudarse. Confía en que las administraciones tomen conciencia, dejen a un lado las disputas y actúen para mitigar los efectos de futuros episodios extremos. También espera que esta tragedia sirva para abrir los ojos a quienes aún niegan el cambio climático.
"No hace falta ser científico, ni meteorólogo, ni universitario para saber que eso es verdad, que está ahí", sentencia.
El testimonio de Verónica Galduf forma parte del reportaje Noticias falsas, víctimas reales, realizado en colaboración con la Red Internacional de Verificación (IFCN). Su caso ilustra con crudeza cómo la desinformación puede amplificar el dolor de una tragedia real y deja claro que la lucha contra los bulos es también una cuestión de justicia y humanidad.








