El polémico hotel más alto de Cuba es inaugurado entre críticas y con hermetismo
El establecimiento, propiedad del conglomerado Gaesa, controlado por el ejército cubano, es gestionado por la cadena hotelera española Iberostar
EFE | Mallorca, 01 de Marzo de 2025 | 17:18h

El hotel más alto de Cuba, una imponente torre de 42 plantas y 155 metros de altura, ha abierto esta semana sus puertas de manera discreta, sin publicidad, sin un acto oficial de inauguración y sin ninguna mención en la prensa estatal. Esta infraestructura, que representó una inversión de 200 millones de dólares, se anunció en 2018 como un gran proyecto, pero con el paso del tiempo se convirtió en un símbolo de contraste en un país que atraviesa una profunda crisis económica desde hace cinco años.
UNA TORRE QUE DOMINA EL PAISAJE DE LA HABANA
Desde prácticamente cualquier punto del norte de La Habana es difícil no divisar la silueta del nuevo buque insignia del turismo cubano. Un gigante de cristal, hormigón y acero, con casi 600 habitaciones, que sobresale entre los edificios antiguos, deteriorados y de escasas plantas que lo rodean.
El establecimiento pertenece al conglomerado Gaesa, controlado por el ejército cubano, y es gestionado por la cadena hotelera española Iberostar. Su construcción ha generado fuertes críticas por considerarse una obra faraónica en un contexto de escasez, apagones e inflación descontrolada. Para sus detractores, la Torre K, como se le conoce, representa la insistencia del Gobierno cubano en priorizar la construcción de hoteles para captar divisas extranjeras, pese a la caída del turismo en los últimos años.
EL TURISMO EN CUBA: CIFRAS EN DESCENSO
Las estadísticas reflejan la crisis del sector. Según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), en 2024 visitaron Cuba 2,2 millones de extranjeros, lo que representa una caída del 10 % respecto al año anterior y la peor cifra en 17 años, excluyendo los periodos afectados por la pandemia.
La ocupación hotelera se encuentra en torno al 35 %, lo que deja en evidencia el desajuste entre la oferta y la demanda. A pesar de ello, el Gobierno sigue destinando más recursos a la construcción de hoteles que a otros sectores clave. Entre enero y septiembre de 2023, Cuba invirtió 4,6 veces más en servicios empresariales, actividades inmobiliarias y alquileres (incluida la construcción de hoteles) que en la suma de agricultura, educación y sanidad.
Además, en el primer semestre de 2024, el país duplicó la inversión en hoteles y restaurantes, mientras que redujo en más del 20 % los fondos destinados a educación, construcción y administración pública, según los mismos datos oficiales.
ENTRE EL LUJO Y LA NECESIDAD: OPINIONES DIVIDIDAS
Desde el barrio de Centro Habana, una de las zonas populares adyacentes al nuevo hotel, la Torre K es vista como un símbolo de desigualdad. Para muchos, la torre representa el contraste entre dos realidades dentro de un mismo país.
Vania, de 24 años: “Yo lo veo bien (...), pero hay muchas personas a las que no les agrada la idea porque la economía del país no es la mejor”. A pesar de la controversia, la joven siente ilusión por visitar las cafeterías del hotel o el "sky bar" de la planta 41, que ofrece una vista panorámica de la capital cubana.
Por otro lado, Roberto, de 63 años, reconoce que el hotel es un avance para el país, pero entiende el malestar de la gente: “Es positivo contar con un hotel de primer nivel, pero hay muchas personas sin vivienda. Entonces, ven este gasto en una estructura así y dicen: ‘nosotros no tenemos ni un techo donde vivir’”.Mientras tanto, la Torre K sigue erguida como un reflejo de las prioridades del Gobierno cubano, en una nación donde el turismo es una de sus principales fuentes de ingreso, pero donde cada vez menos turistas llegan a llenar las habitaciones de sus hoteles.







