Australia, la final que lo resume todo
“Es el título más inesperado de mi carrera y de los más emocionantes por todo lo que he vivido en los últimos meses”
EFE | Mallorca, 20 de Noviembre de 2024 | 08:07h

La final del Abierto de Australia de 2022, aquel 30 de enero, resume lo que ha sido Rafael Nadal a lo largo de su carrera, que ahora culmina en Málaga, en el Palacio de los Deportes José María Martín Carpena.
Ataviado con una camiseta púrpura, bandana verde y pantalón blanco, Rafa culminó el punto decisivo con una volea que el ruso Daniil Medvedev no pudo alcanzar. El balear sonrió, tiró la raqueta y cubrió su rostro con ambas manos. Movió la cabeza, incrédulo, mientras su palco explotaba de euforia. Cinco horas y media de partido, todos los sets posibles, y una remontada épica, sobrehumana.
Nadal se quitó la bandana, estrechó la mano de Medvedev y la del juez de silla. Después, tiró su raqueta a la silla, miró a su equipo y caminó hacia el centro de la pista, levantando el puño una y otra vez. Exultante. Feliz. De rodillas, miró al cielo, celebrando una de las victorias más memorables de su vida.
UNA GESTA HISTÓRICA
Ese triunfo épico le dio a Nadal su Grand Slam número 21, superando a Roger Federer y, en ese momento, a Novak Djokovic. Con 35 años y 241 días, se convirtió en el cuarto jugador de más edad en ganar el Abierto de Australia, tras Ken Rosewall, Mal Anderson y Federer. El marcador final fue 2-6, 6-7, 6-4, 6-4 y 7-5, tras cinco horas y 24 minutos de partido.
El español estaba contra las cuerdas, perdiendo por 6-2, 7-6, 3-2 y 0-40 con su saque en contra. Parecía resignado a la derrota. Pero, como tantas otras veces, Nadal resurgió, demostrando una vez más su talante irreductible y su capacidad de supervivencia.
“Es el título más inesperado de mi carrera y de los más emocionantes por todo lo que he vivido en los últimos meses”, reconoció Nadal. “No voy a decir si es una de las mayores gestas del deporte, pero soy consciente de la dificultad del proceso. Estaba tan destrozado que no podía ni celebrar”.
LA ESENCIA DE UN CAMPEÓN
La final de Australia refleja a la perfección el espíritu de Nadal: una carrera marcada por contratiempos, supervivencia, y éxitos logrados a base de esfuerzo y ambición. Fue, como tantas otras veces, una demostración de fe, competitividad y de su capacidad de resucitar cuando parecía derrotado.
Nadal llegó al primer Grand Slam de la temporada tras cinco meses sin competir y con secuelas del COVID-19 aún en su cuerpo. Entonces ya se especulaba con su posible retirada. Sin embargo, ese año demostró otro renacer al conquistar también Roland Garros, alcanzando su Grand Slam número 22, el último de su carrera.
EL CAMINO HACIA EL FINAL
Aquel 2022 fue impensable, un año en el que Nadal mostró que aún podía competir al más alto nivel. Sin embargo, en 2023, todo cambió. Las lesiones lo persiguieron, y aunque intentó regresar en 2024, finalmente decidió cerrar su trayectoria con el anuncio de su retirada.
Porque Nadal fue todo eso: irreductible, rebelde ante la adversidad y un símbolo de lucha constante. Su carrera no solo está marcada por sus éxitos, sino por su capacidad de sobreponerse al dolor y las adversidades, dejando un legado imborrable en la historia del deporte.







