Un padre de Inca, “desesperado” ante las decenas de "denuncias falsas" de su exmujer
La veintena de demandas por agresión sexual y malos tratos han sido archivadas por el juzgado
Marina J. Ramos | Mallorca, 07 de Octubre de 2024 | 12:17h

"Desesperado" e "indignado con la Justicia". Así se encuentra Tomeu C., un vecino de Inca, tras seis años de juicios y denuncias con su exmujer por la custodia de sus hijas. Lamenta haberse perdido la infancia de las pequeñas, de 5 y 7 años, acorralado por hasta 20 denuncias interpuestas por la madre, que, pese a quedar archivadas, lo han mantenido alejado de las niñas. Critica con severidad la lentitud de los juzgados y el abandono de las instituciones que ha sentido ante el acoso de su exmujer.
Desde que se separaran hace ahora seis años, ella ha interpuesto contra Tomeu un total de 20 denuncias por agresión sexual y malos tratos. Sin embargo, todas han quedado archivadas. Ante esto, él respondió con 11 acusaciones por falsa denuncia, pero tras tres años, aún espera sentencia. También ha denunciado a su expareja en nueve ocasiones por no permitirle ver a sus hijas. Pero el caso sigue sin resolución firme. Han pasado por él cinco jueces distintos, y con tanto cambio de magistrado y la lentitud del sistema judicial de por sí, "todo sigue estancado" años después, lamenta el vecino de Inca.UNA "GUERRA SUCIA" POR LA CUSTODIA DE LAS NIÑAS
“Los primeros dos años me caían denuncias de todos lados. Estaba fatal”, rememora. Se marchó de la isla a Madrid, aprovechando una oferta laboral como director de seguridad, con tal de tomar cierta distancia de todo lo que le estaba aconteciendo aquí. Las niñas se quedaron con la madre, y aunque luchó por tener la custodia compartida o poder verlas con asiduidad, fue imposible por las numerosas trabas judiciales.
Ejemplo de la "guerra sucia" que denuncia Tomeu su exmujer ha emprendido contra él usando a las niñas fue el cambio de colegio de las menores sin su autorización. Dos años después del divorcio, la madre quiso cambiarlas de centro educativo, algo a lo que Tomeu recurrió por temor a que lo que quisiera con ello fuera alejarlas todavía más del entorno paterno. Consiguió que una orden judicial obligara a que sus hijas estuvieran escolarizadas en Inca. Pero, cuando volvieron a empezar el curso, Tomeu se vio sorprendido al no encontrarlas en su colegio habitual e indagó hasta que se percató de que estudiaban en un colegio de Alcúdia. Sospecha que la madre falsificó su firma en los documentos para poder cambiarlas de centro sin que, en realidad, él supiera nada al respecto.
En este contexto, en los últimos seis años Tomeu ha tenido que disfrutar de sus hijas viéndolas ocasionalmente en el punto de encuentro establecido. El régimen actual fija dos visitas a la semana, en las que padre e hijas se ven las caras. Aunque “de las últimas seis visitas, solo han asistido a una”, denuncia el padre, quien recalca que ha habido épocas de hasta 8 meses en los que no ha podido verlas en absoluto al impedírselo la madre.
Lo atribuye a la influencia que ejerce la mujer sobre las niñas, algo que estas mismas han expresado en alguna ocasión, según se recoge en documentos técnicos: “Mamá me dijo que si no venía a verte me daría chuches”, reproduce Tomeu. “En un año y medio tengo 140 informes positivos, que indican que la madre ejerce ‘una influencia en contra de la relación paternofilial”.
ESTUDIA DERECHO PARA COMPRENDER EL PORQUÉ
El calvario de jueces, denuncias y sentencias de los últimos años ha pasado factura a Tomeu, que asegura estar “desesperado”, ante lo cual ha decidido hacer público su caso en Crónica Balear, con el objetivo de tratar de meter presión al juzgado de Inca para resolver, de una vez por todas, su caso.
Tras 40 denuncias interpuestas entre ambos, con el caso aún abierto y más de cinco jueces que han pasado por él (critica que cambian al magistrado al cargo cada año o dos), Tomeu se muestra ya “indignado con la Justicia”. “Los abogados me han ido diciendo lo que había y a mí no me entra en la cabeza cómo puede suceder algo así”, expone.
Pese a ello, no se rinde. A sus 35 años y siendo ya director de seguridad, ha empezado la carrera de Derecho, “para poder comprender mejor” su caso.







