Alarma por un tiroteo en la barriada de Virgen de Lluc

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Malos presagios se cernían sobre la Unidad Nocturna de la Policía Local de Palma. Se intuía el final antes incluso de que comenzara, cuando aquel que meses después sería nombrado jefe del Cuerpo, Guillermo Mascaró, dejaba entrever sus intenciones entre líneas.
Durante las clases de reciclaje policial, ante sus compañeros, solía lanzar sentencias tan reveladoras como inquietantes: “La UNOC realiza demasiadas detenciones”, “acuden demasiado rápido a los servicios”, “solo quieren hacer seguridad ciudadana”.
No nos quedó claro si pretendía que nos metiéramos en una cueva a dormir y dejar pasar la noche sin más. Pero, pese a sus palabras —y quizás para su disgusto—, seguimos fieles a nuestra vocación y a nuestra forma de entender el servicio.
El día de su toma de posesión no pasó desapercibido. En el acto celebrado en Cort se convocó a representantes de todas las unidades... salvo la nuestra. Seguramente -queremos pensar- con la buena intención de dejarnos descansar. Al fin y al cabo, somos los bichos raros, los alérgicos al sol, los vampiros uniformados que duermen de día y velan por la ciudad mientras los demás sueñan.
Y así, sin ruido, comenzó a ejecutar su plan: el desmantelamiento de la UNOC.
Con el paso del tiempo, las bajas por jubilación, ascensos o traslados fueron dejando huecos que jamás se cubrieron. La plantilla menguaba y la carga aumentaba. Los días libres se negaban, las tareas cambiaban, los turnos se alargaban. Todo en nombre de la eficiencia, todo mientras la noche seguía siendo la misma, tan fría y tan nuestra.
No podemos olvidar aquella orden absurda: mantener, de forma permanente, una unidad fija en la Plaza de España durante tramos horarios en los que lo único que se mueve son las ratas, cruzando de un lado a otro bajo las farolas. Mientras tanto, en la emisora, los compañeros hacen malabares para atender los servicios que no dejan de entrar, apagando fuegos con las manos desnudas.
Una medida que, en horario diurno, apenas deja huella, pero que de noche, cuando los efectivos se reducen al mínimo, se convierte en una losa que aplasta.
Ante este desgaste constante, no es de extrañar que muchos agentes quieran marcharse. Lo que antes era un destino codiciado por los jóvenes policías, hoy se ha transformado en un rincón al que pocos quieren llegar.
Y ahora, bajo el pomposo título de Plan de Ordenación, se nos presenta la solución definitiva: eliminar la Unidad Nocturna. Como un mal médico que, sin diagnosticar, prefiere amputar antes que curar.
El argumento estrella del señor Mascaró es, cómo no, el ahorro. Ahorro en horas extra, ahorro para las arcas municipales... el mismo discurso que, paradójicamente, se utilizó para justificar la creación del actual turno nocturno.
Quizás su idea de poner a rotar a toda la plantilla, borrando de un plumazo una unidad fija de noche, merezca —en su mente— algún Premio Nobel de gestión policial. Pero cuando todos avanzan en una dirección y solo tú decides ir en sentido contrario, tal vez convendría detenerse un instante y preguntarse si no será el camino el que está mal trazado.
Durante este tiempo, distintos medios han puesto de relieve la labor de la Unidad Nocturna, ensalzándola incluso como una unidad especializada, según las palabras del respetable Mayor Toni Ramis. Sin embargo, no todos los juicios han sido tan benevolentes: en un conocido diario, un sindicalista llegó a describirla como un grupo formado por “viejos y enfermos” en el que nadie desea permanecer.
Y así, tras una “intensa” negociación entre administración, jefatura y sindicatos —tan intensa que pocos saben realmente qué se ha negociado—, se nos presenta a la plantilla una votación con demasiada letra pequeña. Un juego de “UNOC o trato” en el que, como era de esperar, la unidad nocturna se ha convertido en moneda de cambio, sacrificada en nombre de la mayoría.
Aún quedan flecos, dudas y escollos por resolver. Veremos si este plan resulta ser pan para hoy y hambre para mañana, o si logra pasar a la historia junto al inventor de la pólvora.
Mientras tanto, y pese a todo, la Unidad Nocturna seguirá haciendo lo que mejor sabe hacer: detener a quien deba ser detenido, acudir sin demora a cada aviso y velar por la seguridad ciudadana.
Pese a quien pese.
Fdo: Un bicho raro.

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