¿Por qué la población recurre a la cirugía estética?

Ana M Longo | 27/01/2020

Se le da mucha importancia a la apariencia física. Pese a ser muy diferentes, la cirugía estética encuadrada en la Cirugía Plástica, Estética y Reparadora y la Medicina Estética están a la orden del día y la población recurre a ellas como a ir a comprar. El cuerpo, la cara, los signos de expresión suman o restan años y es algo que para algunas personas presenta un serio problema de inseguridad. Hombres y mujeres engañan con su edad para seguir conservando un determinado estatus y consideración social y no relegarse al grupo de los maduros.

Son las mujeres, sobre todo, las que peor llevan sumar años y envejecer. El mayor porcentaje en cirugía plástica les corresponde a ellas. Desgraciadamente sigue utilizándose el cliché de hombre maduro-atractivo y mujer madura, simplemente madura. En la actual era de la tecnología y las comunicaciones se nos sigue vendiendo el ideal de ser humano con medidas perfectas.

No hay nada malo en desear verse mejor o modificar detalles físicos que por algún motivo han empeorado o no están lo bien que podrían. Sin embargo, de esto dista mucho hacer un uso imprudente y exagerado de las intervenciones.

La cirugía estética permite tener un mejor estado de ánimo

España se encuentra entre los primeros puestos de países del mundo en intervenciones estéticas. Verse y encontrarse bien físicamente ayuda a sentirse mejor y tener otra disposición ante el mundo. Mirarse al espejo con la cabeza bien erguida consigue añadir un estímulo positivo para salir a la calle con decisión y con la convicción de conseguir cualquier propuesta. La persona trasmite seguridad y la vuelca en su vida personal y en las relaciones laborales. Influye la apariencia física para lograr un puesto de trabajo y no sólo se centra el foco de atención en la experiencia conseguida.

El estar a gusto con uno mismo se traduce en hacer sentir al entorno cómodo también. Una persona que se valora positivamente reflejará lo mismo en sus actitudes y actuaciones. No obstante, una importante idea radica en si se le da demasiada importancia a la apariencia física, o mejor, si una persona es capaz de ser feliz tal cual es y quererse sin necesidad de cambiar. La valoración muy personal y depende del momento vital de cada uno.

Resulta comprensible desear mejorar, sobre todo si existe algún problema físico severo o que dañe el modo de afrontarse al mundo, que merme la confianza en uno mismo. Cuando eso supone un complejo para la persona sin convertirse en obsesión está bien seguir adelante y hablar con un profesional de la cirugía.

En el momento en que la situación se convierte en el núcleo y en una constante en la vida lo más recomendable es, mediante un profesional de la salud mental, investigar qué carencias pueden afectar el interior de la persona. Probablemente sea más necesario sanar la parte interna antes que la externa.

Autoestima y deseo de cambiar vs mejorar

Muchas personas sufren acoso, son rechazadas por algún problema físico y no llegan a aceptarse. Su autoestima sufre daños considerables y hay que trabajar en ello. Resultan conceptos muy diversos la mejora y el cambio físico. Desear ser una persona distinta conlleva probables daños emocionales importantes. Una baja autoestima no siempre va de la mano con el deseo de realizarse una cirugía estética.

Es común ver a personas que acaban teniendo rasgos muy similares entre sí y que terminan perdiendo totalmente su esencia y desvinculándose del sujeto que eran. Antes de que el cirujano dé el visto bueno al paciente para someterse a la intervención debe conocer su estado personal y anímico y valorar si realmente se encuentra en un momento apto y consciente para tomar tal decisión.

En ocasiones el individuo tiene una imagen distorsionada de sí mismo, con lo que necesitaría otro tipo de tratamiento. Los complejos añaden malestar personal. La importancia radica en saber dónde está el problema y descubrir que si es algo subjetivo o se encuadra en una etapa personal poco estable emocionalmente, no podrá solucionarse con cirugía. El profesional médico deberá asesorarle y darle determinadas pautas para que pueda actuar de un modo responsable y sano.

El miedo a envejecer de la población

Estamos en un momento en que casi todo el mundo ha pasado por un quirófano para hacerse algún “retoque" estético. Las mujeres, sobre todo jóvenes, solicitan aumentarse el pecho o realizarse una liposucción. Los precios no son lo que eran. Antes se veía como un negocio sólo apto para los más holgados económicamente. Ahora se paga antes por un una abdominoplastia que por unas vacaciones. También son cirugías menos agresivas y de más rápida recuperación. Existen avances increíbles.

Los seres humanos quieren vivir el mayor tiempo posible, trabajar, vivir experiencias, presenciar momentos importantes en la vida y dar lo mejor de sí mismos. En la antigüedad las personas no es que no tuviesen temor a ir perdiendo su juventud, sino que no tenían opciones para preservarla. No existían cosméticos, alimentos dieta o centros deportivos a los que acudir.

Cada persona tiene sus inseguridades y cuando encuentra el método para intentar paliarlas de algún modo recurre a él. En mayor o menor medida siente que puede controlarlo. Realmente lo que te da seguridad es poder decidir y manejar tu propia vida y actuaciones.

Los estragos de la cirugía estética

Son muchas las personas que recurren a la cirugía estética. El problema radica en cuando la imprudencia y la falta de control son superiores a la necesidad.  Hay mujeres que ante un embarazo, una lactancia o una enfermedad han decidido tomar la vía más rápida -y probablemente eficaz- para reparar o recuperar lo más parecido a su antiguo físico.

La vida sana con el deporte y la alimentación natural y variada deben combinarse en el caso de elegir una intervención de estas características. Estos hábitos deben asegurarse como una rutina diaria. Sin embargo, todos conocemos a personas famosas que, ante su necesidad de dar una apariencia impoluta -que no natural-, recurren a las operaciones.

Muchas famosas aparecen exactamente igual días después de dar a luz a sus hijos. Algo sorprendente pero a lo que todo el mundo pone nombre. La naturaleza funciona de otro modo. Los cuerpos se deterioran, transforman y cambian y no por ello son menos bonitos. Pero ahí entra la libertad de cada persona.

Mujeres u hombres mediáticos se estropean, llegando a verse totalmente diferentes a lo que eran. Muchas se ven objetivamente peor que antes, lo que lleva a preguntarse cuándo hay necesidad y cuándo inconsciencia. Lo ideal sería mejorar sin llegar a parecer otra persona.

Operarse con inconsciencia

Cuando hace aparición la obsesión se habla de adicción o falta de control en la cirugía estética. La persona tiene un problema de raíz más complejo que el físico que ella ve. El problema es mental y ante los problemas psicológicos hay que profundizar para cambiar la distorsión que se pueda hacer del propio cuerpo.

Para decidir realizarse una operación de cirugía estética hay que hacerlo con consciencia y sin entrar en parámetros de exceso y desorden. El profesional debe dar su opinión y consejo desde el primer informe. No todo vale. No puede decirse "sí" a todo lo que el paciente exija o demande, aunque resulte difícil.

Las mejoras y modificaciones que vayan a llevarse a cabo en el cuerpo deben ser algo posible que entre dentro de lo aceptable y recomendable para la edad y organización estructural de cada cuerpo. En una piel muy flácida o muy envejecida nunca va a haber tan buenos resultados como en una joven. Los pacientes deben aceptar las consideraciones del profesional.

Las personas que muestran ápices obsesivos en su personalidad ven imperfecciones aún sin haberlas, llegando a recluirse para no ser vistas. En este punto hay que trabajar para superar el temor a no ser aceptados y a envejecer. Estas personas deben sentirse arropadas por sus seres queridos y trabajar en la aprobación personal.

Sentimiento general

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