Un final del Ramadán en Egipto sin rezos ni congregaciones
EFE

Cuando acaba cada año el Ramadán y llega el Aid al Fitr, la orilla del Nilo en la Corniche de El Cairo se puebla de grupos de jóvenes y familias que se sientan o se suben en una faluca para festejar el final del mes sagrado musulmán. Este lunes solo un grupo de policías rompe la estampa de un espacio vacío.

Tampoco hubo rezos de madrugada ni se ve un alma en el centro de la ciudad este Aíd al Fitr, la fiesta del final del ayuno, que otros años es un hervidero de fieles.

Las celebraciones se reducen a un banquete entre cuatro paredes o un breve paseo en familia cerca de casa. Las galas de otrora son hoy una mascarilla y un par de guantes de plástico.

Las autoridades egipcias han impuesto estrictas medidas para evitar reuniones, desplazamientos y viajes, si bien al mismo tiempo han permitido la reapertura, a un 25 % de su capacidad, de aquellos hoteles que cumplen con las normas sanitarias.

También se ha suspendido esta semana el transporte público entre provincias en autobuses y trenes, y restringido los desplazamientos debido al aumento de los contagios: casi 15.800, y los muertos: más de 700, según los últimos datos de Organización Mundial de la Salud(OMS).

EL AÍD “DE LA TRISTEZA”

En el popular barrio de El Sayeda Zeinab hay un poco más de movimiento, pero casi todos los comercios están cerrados y los transeúntes se cuentan con los dedos de una mano en sus callejuelas adornadas con guirnaldas plateadas y farolillos rezagados del mes de ayuno recién finalizado.

En una de ellas, Anwar explica cómo antes pasaba el Aíd en las Pirámides de Guiza, la Ciudadela de Saladino o la Corniche, todas ellas cerradas ahora a cal y canto por el coronavirus.

Ha salido a dar un pequeño paseo y pronto se irá a casa, pues tampoco se puede ir a restaurantes ni cafeterías y lamenta que este año una de las principales festividades musulmanas sea tan “diferente”.

“Sinceramente, estoy preocupada, tengo un hijo y tengo miedo por él. Cuando uno escucha que ha habido un aumento de los casos, tienes más miedo”, manifestó.

Yehia Sharawy es otro de los pocos que se ha aventurado a salir por el barrio antes de celebrar con su familia en casa. Dice que ha comprado todo lo necesario para que este año sea lo más parecido posible a los anteriores y asegura optimista que felicitará a sus familiares y amigos por teléfono.

Sus hijos están “tristes” porque no entienden “nada”, pero este egipcio tiene claro que hay que seguir las instrucciones de las autoridades y quedarse en las viviendas para que la situación no “empeore” en este “Aíd de la tristeza para el mundo”.

NI ROPA NUEVA NI VISITAS

La joven madre Israa considera que adquirir ropa nueva es el principal aspecto de la fiesta, pero esta vez sus compras se han reducido a una visita a las tiendas virtuales para elegir el tradicional pijama de la noche anterior.

“Este año en medio de la expansión del virus, no me molesté en comprar ropa para ponerme, ya que simplemente no vamos a salir. De este modo, compré sólo pijamas para mantener la alegría del Aíd”.

Su hija mayor, de 7 años, no pudo contener su nerviosismo.

“Me preguntó si no íbamos a comprar ropa porque no íbamos a salir a la calle nunca más, pero al mismo tiempo entiende que no podemos salir por el coronavirus”, afirma Israa.

Sin embargo, el entusiasmo volvió a envolver a la pequeña en cuanto supo que tendría un pijama nuevo.

Comprometida a no salir de casa, la joven tampoco podrá ir a visitar a su familia, otra tradición del final del Ramadán.

“No diría que es un Aíd triste, pero es un Aíd difícil”, concluyó.

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