¿Es el hijo único un niño mimado?

Sería preciso definir en un primer momento el término “mimado”. Un hijo único -por lo general- es un niño muy deseado. Se le ama infinitamente y se le proporciona todo lo que necesite. Esto no quiere decir que el niño no reciba un “no” de sus padres o no comprenda lo que es valorar determinados actos y aceptar lo que se le dicta.

Es injusto confundir un niño feliz con uno mimado. Los niños necesariamente deben tener límites. No obstante, un padre no debe pensar en si se le proporciona demasiada atención al niño, sino en qué no recibe. Si el niño obtiene, y resultan cosas óptimas, sabrá proporcionarlas él también. En la infancia, el pequeño comienza a aprender normas y valores de sus padres y las incorpora a su día a día.

El niño mimado

Un niño mimado -único o no- exige, generalmente, cosas materiales y, cuando no las recibe lo antes posible, no lo acepta. Se frustra y se enfada. Esta clase de hijo se está educando en el tener, y cuanto más, mejor. Y en consecuencia, no logra aplicar el valor apropiado. Antepone lo material a lo emocional, al amor que le profesan sus padres, al tiempo que le dedican… Entre tiranía y enfado, el niño mimado se muestra vehemente e implacable: “Hasta que no tenga lo que quiero no voy a parar”.

Los padres no pueden ceder constantemente a ese tipo de amenazas. El adulto de referencia debe saber poner límites, mantenerse serio y negar determinadas recompensas. Si se acostumbra a un niño a entrar en una tienda de juguetes y comprar siempre algo, no hará más que asociar ese momento al premio: “Mamá, quiero entrar a la tienda. Sé que me comprarás algo. Y si no lo haces, me enfadaré, porque eso no es lo habitual”.

Cambiar ciertos hábitos es totalmente enriquecedor para el niño. Nunca está de más parar y erradicar costumbres poco favorecedoras. En un primer momento, le sorprenderá y se enfadará. Pero, con el paso de los días, lo añadirá a su jornada habitual. El niño aprenderá que un día determinado podrá entrar a la tienda de juguetes y elegir algo. No obstante, no será siempre así y, pese a ello, lo aceptará sin rechistar.

Tener un hijo único

Sigue generando extrañeza que una pareja no tenga más de un hijo. La sociedad se basa en el ideal familiar de familias con varios retoños, y si son niño y niña, ¡qué mejor! Tener solo un niño implica que los padres se vuelquen en su totalidad en él y sus necesidades. Continúa la convicción de que el hijo único está mimado. Probablemente, haya sido un niño muy buscado y el hecho de no vivir nuevamente la experiencia causa que -en ocasiones- se excedan determinadas lindes. Es necesario criar y educar al hijo en el respeto y valor a las cosas y personas que le rodean. Debe llegar a comprender que conseguir algo supone esfuerzo y dedicación.

El hijo único se fija en sus modelos de referencia, sus padres y familiares más cercanos. Si en su entorno se representa la ley del mínimo esfuerzo, el quiero y tengo ya, las pocas ganas de madurar, comprender y descubrir, será lo mismo que él lleve a cabo. El esforzarse y luchar por lo que uno quiere tiene una recompensa a la que sin duda se dará más importancia.

Se asocia el hijo único como poco empático y generoso. Si el niño observa cómo sus padres trabajan, ganan honradamente su trabajo y no derrochan, dará más valor a lo que pide y lo que tiene. Un niño con una habitación repleta de juguetes no prestará tanta atención a lo que tiene, será más egoísta, querrá más, porque no le llenan y, probablemente, no los tratará bien, ya que siempre le comprarán algo más.

Estudios científicos hablan del hijo solo

En la actualidad -con pruebas demostradas científicamente– se habla de los hijos únicos como personas que tienen un mayor desarrollo y posibilidades a nivel académico y laboral. El cariño de los padres no se comparte. Todo es para el hijo único y primogénito: el tiempo, el amor y lo material. Positivamente, un hijo sin hermanos interactúa más con sus padres y otros adultos, lo que le confiere más madurez y deseo de investigar.

Sin llegar al 50%, muchas parejas deciden no tener más de un hijo. Resultan aspectos a tener en cuenta el económico, la conciliación…, pese que a muchos les apena. El pequeño no tendrá a nadie con quien jugar y relacionarse constantemente sin ser un adulto, ni le acompañará después de que los padres desaparezcan.

Tanto padre como madre con un hijo único deben ayudarle a que interactúe con otros niños y no se crea su centro de atención exclusivo. Trabajar para que no se convierta en un niño mimado, pero sí feliz, debe convertirse en la máxima de ambos. Para ello, hay que promover actividades donde pueda actuar por sí mismo y con un pensamiento crítico, que analice y potencie su autoestima. Debe tenerse en cuenta su opinión y enseñarle una mayor consideración por las personas y las buenas acciones, que por las pertenencias materiales.

No tener hermanos no te hace mimado

Es necesario erradicar ese pensamiento. Un niño puede no tener hermanos y, en base a la educación que se le proporcione, no estar mimado. Cierto es que los padres pueden desvivirse por él y darle todo y más. Sin embargo, en la forma está el logro. El niño debe saber lo que es respetar a sus padres y dar importancia a la dedicación que tienen con él. No sólo eso: también obedecerles y copiar sus buenas maneras.

Los padres enseñan a sus hijos a través de sus actuaciones. Un buen lema: algo quiero, algo me cuesta. Y lo mismo con el compartir o el ser más comunicativo. Son ideas muy generalizadas, pero no demostradas. Hay niños con hermanos que impiden que jueguen con sus juguetes, incluso que se pelean y se enfadan continuamente. Es entonces poco fiable decir que un hijo con otros hermanos se relacionará mejor. Nada lo asegura. La personalidad de cada uno juega un papel fundamental.

Cuando no hay hermanos, el niño recibirá negativas a sus peticiones como cualquier otro, por lo cual, aunque los padres deseen darle todo, estar más tiempo con él y cubrir sus demandas, pueden controlar hasta dónde llegar. Del niño y de los padres depende. El pequeño no se desarrollará como un ser asocial y mimado por no tener un hermano. Los padres tienen la clave, involucrándose y asegurándose de facilitarle la mejor educación.

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